![]() |
| En el RIDEA, con Juan Luis Rodríguez-Vigil, expresidente del Principado de Asturias |
Llera: "La fusión de municipios es deseable y posible"
"Si supieras mis quebrantos, tú llorarías mi suerte, en vez de aplaudir mis daños" [Pablo Esteve: El amor filial, 1794]
![]() |
| En el RIDEA, con Juan Luis Rodríguez-Vigil, expresidente del Principado de Asturias |
Os dejo la entrevista en Radio Asturias de la cadena SER, con José Manuel Echéver, relativa al programa anual de fiscalizaciones para 2023. El corte exacto, en 1 h. 11 minutos.
Os dejo la entrevista completa en La ventana de Asturias de la cadena SER (10 minutos), con Nacho Poncela. Dice el titular principal que "El Principado debe condicionar la concesión de ayudas a los ayuntamientos a la rendición de cuentas a la Sindicatura". Debemos insistir una vez más en ello. Y en dar a conocer nuestro trabajo.
| Foto: Mario Rojas |
El trabajo de los técnicos ya está sobre la mesa y el futuro de la reforma de la financiación autonómica es ahora una decisión política. Roberto Fernández Llera, el experto designado por el Gobierno asturiano tras la renuncia de Carlos Monasterio para la comisión que ha sacado adelante un informe con las grandes líneas a seguir, es optimista y confía en que antes o después -quizá en 2018- haya un nuevo modelo que mitigue las insuficiencias del actual. Llera cree que, de llevarse a la práctica las recomendaciones del documento, Asturias saldrá reforzada. En esta entrevista con EL COMERCIO detalla las claves del debate.
-¿Pesimista u optimista respecto de la posibilidad de un acuerdo sobre la reforma de la financiación?
-Optimista. Es verdad que la situación política no es fácil, sobre todo por el tema de Cataluña, pero también que este es un compromiso de primer orden. Quiero pensar que no sé si este año, que va a ser muy difícil, pero sí el próximo, se alcance un acuerdo político si no unánime, al menos lo más amplio posible.
-¿Es sostenible el modelo actual?
-Se aprobó en 2009 por unanimidad, cosa que aspiramos a repetir. 2009 fue el peor año de la crisis. Cualquier otro modelo que se hubiera aprobado entonces hubiera significado también pérdida de recursos para las comunidades, sería imposible tener un dique de contención para la crisis tan fuerte que hubo. Dicho eso, tiene muchas cosas positivas: incrementó la autonomía tributaria de las comunidades, mejoró el grado de nivelación, implicó a todas las comunidades...
-Pero tiene insuficiencias.
-El modelo actual parte de una situación de crisis y ya entonces se reconocía que había una insuficiencia de ingresos para las comunidades. Se trató de corregir esa insuficiencia. Pero la crisis fue de tal impacto que produjo una caída de ingresos muy fuerte que repercutió sobre las comunidades. ¿Puede este modelo seguir aplicándose hoy? Perfectamente. De hecho, las últimas liquidaciones han sido muy favorables para las comunidades, con ingresos extra con los que no se contaba porque la economía funciona. Pero no se puede fiar todo al crecimiento. Hay imperfecciones que conviene corregir.
-¿Qué lectura general hace del informe técnico?
-Me parece razonable desde el punto de vista de que lo firmo, no lo haría si no me encontrase cómodo. No es el informe que yo hubiese hecho en solitario, hay cosas que me gustan más y otras menos. Pero en general me siento cómodo. Hay aspectos que juzgo positivos, como el incremento de la autonomía tributaria de las comunidades, el establecimiento de mínimos en algunos impuestos para evitar la competencia dañina a la baja, el refuerzo del Fondo de Compensación Interterritorial (FCI)...
-¿Y qué le gusta menos?
-Me hubiera gustado que en algunos temas se hubiese sido más concreto. Por ejemplo, en la aportación de la Hacienda central al modelo. O en la gestión de la deuda que las comunidades han contraído a través de mecanismos como el FLA. Mi posición es contraria a las quitas. Aquí la comisión no alcanzó un acuerdo unánime aunque sí mayoritario a favor de una reestructuración de la deuda, pero sin quitas. Salvando algunas cosas, estoy contento con el informe.
-Temas concretos. ¿Las regiones necesitan más autonomía fiscal?
-Creo que sí. Las comunidades no deben ser solo autónomas por el lado del gasto, deben exigir a sus ciudadanos el pago de unos impuestos acordes con esos gastos que prestan en servicios fundamentales. Eso debe ir acompañado de corresponsabilidad fiscal, que debe reforzarse. Es bueno que una comunidad, cuando tiene una necesidad financiera, no solo acuda a pedir al fondo común sino que también pida a sus ciudadanos en la parte que le corresponda. Ha sido habitual en los últimos años que el Gobierno central recurriera políticas tributarias de las comunidades.
-En Asturias, el tributo a la banca.
-Y en bastantes casos el Tribunal Constitucional terminaba dando la razón al Gobierno central. Cuando algunas comunidades intentan ejercer su corresponsabilidad fiscal y eso se ataca, no me parece conveniente. El informe plantea corregirlo dando a las comunidades más capacidad tributaria, por ejemplo, con un IVA colegiado. Que las comunidades, en ese tramo autonómico, tengan capacidad para modificar el tipo, cosa que ahora no ocurre. Y lo mismo con los impuestos especiales. Se haría de forma colegiada, de acuerdo entre todas las comunidades o una mayoría de ellas.
-¿Es necesaria una armonización de determinados impuestos? Hablo de Sucesiones y Patrimonio. Porque hay una batalla fiscal evidente.
-No tengo duda de que hay que poner coto a esa batalla fiscal. Y aquí la comisión ha sido unánime y contundente. Hay que fijar unos niveles mínimos de tributación en Sucesiones y en su caso en Patrimonio. Sucesiones, si nos hacen caso, ya no se debería cuestionar como impuesto pero sí establecer un nivel mínimo de tributación en todo el Estado y, a partir de ahí, cada comunidad podrá establecer el tipo que le parezca. Pero siempre respetando ese mínimo.
-Copagos autonómicos, en sanidad u otros ámbitos, ¿sí o no?
-El informe plantea que las comunidades tengan la facultad para establecerlos, no las obliga. A mí no me gustan, y creo que la vía adecuada para financiar los servicios son los impuestos. Pero la posibilidad queda ahí.
-Los expertos utilizan un término, 'nivelación', que suena demasiado técnico a pie de calle. 'Solidaridad' resulta más cercano. ¿La propuesta de los expertos garantiza la solidaridad entre regiones o se corre el riesgo de favorecer a las más 'ricas'?
-En el ámbito de la financiación la solidaridad tiene dos caras. Una, la que los expertos llamamos 'nivelación', supone, a través de los mecanismos de redistribución del sistema, tratar de igualar la capacidad de prestación de los servicios públicos fundamentales. Algunas comunidades recaudan más de lo que necesitarían para financiar sus servicios y otras no llegan; lo que hace el sistema es nivelar esos recursos.
Un fondo que languidece
-¿Y la segunda cara?
-La otra es la que se refiere a tender a igualar la renta y la riqueza de las comunidades. Y esto no se hace dentro del sistema sino con un instrumento que está fuera y que es el FCI. Ese fondo se debe reforzar de manera significativa porque en estos últimos 25 años ha languidecido, ahora son del orden de 400 millones de euros. Poco vamos a contribuir al desarrollo regional con esa cifra, a repartir entre todas las beneficiarias.
-Hablemos de la primera cara de la solidaridad. ¿Hasta dónde nivelar?
-La cuestión es si hay que nivelar todos los servicios públicos, solo los fundamentales, algo intermedio... Es una decisión política. Los técnicos sí decimos que se podría partir del sistema actual, donde la nivelación parte de los servicios fundamentales (sanidad, educación y servicios sociales), que suponen en torno al 75% del gasto autonómico. Y planteamos que nada impediría llegar al 100% del gasto, el conjunto de los servicios. Más nivelación siempre parece que se opone al principio de autonomía, si nivelamos todo y no dejamos margen alguno a la autonomía, esto sería casi una Delegación de Gobierno y no una comunidad autónoma. No es eso lo que pretendemos, pero sí que se parta del modelo actual y, si los políticos creen que hay que incrementar esa nivelación, es una opción legítima.
-Si se potencia el FCI, lo lógico es que Asturias saliera beneficiada.
-Es así porque cualquier incremento del fondo va a repercutir también en Asturias. Hicimos alguna simulación numérica, que no se recoge en el informe en aras del consenso, y hablamos de que podría multiplicarse por ocho o nueve el actual FCI. Eso supone que si Asturias recibe hoy doce o trece millones, es fácil echar la cuenta. Podría llegar a cien millones. La ganancia de Asturias es segura. Pero es una decisión política.
-Si el informe se aplica en sus términos actuales, ¿en qué posición quedaría Asturias? ¿Saldría reforzada?
-Hay muchas cuestiones abiertas y poner cifras no es posible en este momento. Ahora bien, creo que el informe es positivo para Asturias, por varias razones. Primero, porque Asturias va a reforzar su autonomía financiera. Me refiero a lo que antes comentamos del IVA o los impuestos especiales. También esos mínimos en Sucesiones o Patrimonio. Otra buena noticia es el ámbito de la solidaridad, no se cuestiona lo que hay y podría ser incluso superior. Ya hemos hablado del FCI. Y en cuanto a la deuda, la posición mayoritaria es que no se permitan las quitas. No obstante, sí abogamos todos por una reestructuración de la deuda y la renegociación con el Estado de plazos, tipos... Todo ello sin hablar de la posibilidad de que haya una aportación adicional de recursos del Estado.
-¿Cree que el Estado pondrá más recursos o habrá que repartir la misma tarta de otra manera?
-La reforma de la financiación debe verse en el contexto económico. En 2009 era malo y ahora es un poco mejor. Esto ayuda a engrasar el sistema y que el Estado tenga más fácil aportar recursos extra. Será cuestión de voluntad política. Nosotros no ponemos cifra. Sí lo hacemos a la necesaria aportación de las comunidades de régimen foral, País Vasco y Navarra, a la solidaridad del conjunto.
El «injusto» cálculo del cupo
-¿Cuál?
-Entre los recursos adicionales que habría que inyectar deberían estar unos 2.600 millones de euros de las comunidades de régimen foral para contribuir a la solidaridad porque ahora no lo están haciendo. 2.600 millones más al año, porque ahora es cero. Claro, esto casa mal con lo que se va a aprobar sobre la rebaja del cupo vasco. Nosotros planteamos lo contrario. Aquí sí que es una cuestión política de primer orden. Nosotros no discutimos el sistema de concierto ni de convenio, está en la Constitución, pero sí, y mucho, el cálculo del cupo vasco y de la aportación navarra.
-¿El cálculo es injusto?
-Sin duda. No hay contribución a la solidaridad, es poco transparente... Tiene que serlo, y por eso ponemos esa cifra de 2.600 millones al año.
-¿Hasta qué punto la coyuntura general, y singularmente Cataluña, condicionan la negociación?
-Mucho. En la comisión de expertos todas las comunidades propusieron uno excepto Cataluña. Un sistema de financiación sin Cataluña no es posible. Abogo por que esto se pueda no sé si resolver, pero sí reconducir, y que Cataluña vuelva a la mesa de la negociación común y se logre un acuerdo.
-Algunos partidos, y hablo del PP, han cuestionado con dureza su labor en la comisión de expertos.
-Yo soy el experto propuesto por el Gobierno de Asturias para formar parte de la comisión. No represento a nadie más que a mí mismo. Trabajé con absoluta libertad tratando de construir un modelo lo más razonable posible, mirando a Asturias y desde Asturias. No recibí consignas ni instrucciones de ningún tipo. Defendí lo que creía honesto y sensato, sin perder de vista a Asturias. Y creo que el informe beneficia a Asturias, si los políticos finalmente concretan esta propuesta en un sistema de financiación.
| De izquierda a derecha, coordinador, rector, síndico mayor y catedrático FOTO: Mario Rojas (El Comercio) |
Economía del gasto público para mayores de edad
Toda persona es contribuyente y beneficiaria del gasto público desde que nace. Por eso, resulta ineludible adquirir un umbral mínimo de formación para alejar demagogias o insensateces, explotadas por quienes utilizan el conocimiento con fines poco loables. Debemos ser “mayores de edad” para imprimir algo de seriedad en todo debate público, dirigiendo esta constructiva reprimenda a quienes hablan desde el atrevimiento de la ignorancia o desde el atril de la promesa vacía. Si algo tenemos que pretender es “que el rigor no se pase de moda y que los argumentos nos doren la piel”, parafraseando a Sabina.
Es evidente que una nueva autovía produce un beneficio social, pero quizás no sea suficiente para compensar la inversión, el daño ambiental o el coste de oportunidad. Ya Flórez Estrada criticaba en su Curso de Economía Política “los consumos de lujo” y “los gastos hechos para impedir o comprimir los progresos de las luces”. En lenguaje actual: los despilfarros y los gastos culpables de postergar la educación pública.
Otro ejemplo. Cuando se afirma que “hay que reducir el gasto corriente y aumentar la inversión pública”, ¿se quiere decir que hay que bajar el sueldo al personal sanitario y, en cambio, seguir construyendo nuevos hospitales? Y otro más: ¿debemos subir las pensiones de jubilación o mejorar la red de residencias? De nuevo, la respuesta, depende de nuestras preferencias, pero también de criterios rigurosos de evaluación. Con seguridad, el único que no tiene razón es quien afirma querer hacer todo a la vez y, además, bajar impuestos y reducir el déficit. La cuenta, así, no sale.
El gasto público no es un problema en España por excesivo: 43,3% del PIB en 2015, cinco puntos por debajo de la media de la Eurozona. En todo caso, el tamaño del sector público no es un dogma, sino una cuestión de preferencias sociales que van mutando y se sustancian sobre renovados acuerdos políticos. Hay que decirlo una vez más: el gran problema de la Hacienda Pública española son los ingresos, sobre todo los impuestos, ya que no alcanzan para financiar el gasto público. Las causas se conocen (en síntesis: economía sumergida, fraude fiscal y mal diseño de ciertos tributos) y por eso hay que atacarlas de raíz y sin dilación. La nefasta consecuencia es que todos los años se genera un déficit estructural considerable.
Frente a la actuación habitual de estimar los ingresos para aproximar el gasto que se podrá ejecutar, el sector público tiene la ventaja de que puede hacerlo a la inversa. Pongámonos políticamente de acuerdo en qué y cuánto queremos gastar, tratando después de allegar los recursos necesarios para ello, determinando qué impuestos subimos, a tenor también de nuestro margen de endeudamiento. Las consecuencias de ambos procedimientos son muy diferentes. Además, hay otros tres grandes retos para el gasto público en España: eficiencia, economía y equidad. Los tres son mandatos constitucionales y los tres deben formar parte de esas orientaciones básicas.
Gastar es gobernar y gobernar es gastar. Si hay algún ámbito donde la política y la economía se dan la mano, ese terreno es el del gasto público, con permiso de los impuestos, con los que hay que trabajar en simbiosis. Por ello, debemos apostar por un modelo de gasto que no ponga en riesgo el propio sector público, pero que al mismo tiempo sea suficiente para promover el progreso social y el desarrollo económico. No hay que olvidar que las políticas públicas se despliegan para mejorar la calidad de vida de las personas y que cualquier cosa que se haga mal ahora, repercutirá tarde o temprano.
Por todo lo dicho hasta ahora, la Universidad debe seguir haciendo esa investigación que Tomás y Valiente calificó de “inútil” (sic), no por su irrelevancia, sino porque reporta escaso fruto académico y retributivo al investigador, pero resulta imprescindible para reivindicar la historia, promover la cultura y educar a una ciudadanía que demanda análisis asequibles del mundo. La Universidad de Oviedo siempre ha sido un buen ejemplo en este sentido, desde aquel Grupo de Oviedo y aquella primera Extensión Universitaria que hoy sigue buscando nuevos horizontes. Por eso es importante que se debata y se escriba con valor, en la doble acepción de valentía y utilidad.
Tenemos que repensar los fundamentos del gasto público en la economía, incorporar plenamente el paradigma de la estabilidad presupuestaria, reforzar el control en todas sus extensiones y hacer más transparente el papel de la opinión publicada, para no engañar ni confundir. En lo que se refiere al Estado del Bienestar, la apuesta es porque la Unión Europea siga siendo la referencia en el mundo, aunque son necesarias algunas correcciones, sin dañar la esencia del sistema. España en concreto tiene aquí grandes desafíos, pero uno muy importante se observa en cada extremo vital: las escuelas infantiles y el cuidado de nuestros mayores, sobre todo cuando son personas con dependencia. Estas líneas de avance se relacionan con la estructura del mercado laboral y con una conciliación que todavía corre contra las mujeres.
Otras parcelas de gasto público también son decisivas porque nos jugamos derechos fundamentales y libertades públicas. Así, son vitales para la democracia la defensa nacional o la financiación de procesos electorales y partidos políticos. Finalmente, tampoco podemos olvidar el territorio como parámetro, sumando las dimensiones local, autonómica, estatal y europea del gasto público. Todo esto es mejorable, pero en modo alguno prescindible.
En estos días de incertidumbres y ansias de dejar atrás una crisis demasiado duradera e injusta, el gasto público puede ser parte de la solución, si se sabe actuar con altura de miras y rumbo claro.
(publicado en La Voz de Asturias el 30 de junio de 2016)
Entrevista de Ana Moriyón y foto de Álex Piña, publicadas en El Comercio el 11 de julio de 2019
Roberto Fernández Llera (Avilés, 1978), síndico mayor desde abril, lleva en la Sindicatura de Cuentas de Asturias como jefe de gabinete técnico desde 2012. Licenciado en Economía y doctor por la Universidad de Oviedo, asume ahora el reto de dar un paso más en el cometido de este órgano. Además del cumplimiento de la legalidad, su equipo se ha propuesto vigilar también la eficiencia y la eficacia en el gasto público.
–¿Los asturianos estamos suficientemente concienciados de que el dinero público no cae del cielo? –Quiero pensar que sí. La crisis ha tenido efectos desastrosos en muchos ámbitos económicos y sociales, pero ha tenido también algunos positivos, como que hoy la exigencia ciudadana sobre el control de los fondos públicos es mucho mayor. Nuestro deber también es concienciar de que cada vez tenemos que ir más allá y desplegar nuestro cometido para controlar no solo el mero cumplimiento de la legalidad, sino también la eficiencia, la eficacia y la economía, todos ellos principios que están en la Constitución española.
–Un 30% de los ayuntamientos no les facilita en tiempo y forma la documentación. ¿Es partidario de tomar medidas coercitivas para reducir ese porcentaje? –Somos de las comunidades que tenemos un grado de rendición de cuentas más elevado pese a que partíamos de una posición muy mala hace diez años. Pero el grado sigue sin ser óptimo y a veces hay que recordar que esto es una obligación legal y democrática para mejorar la transparencia de los gestores públicos, no un capricho de nadie. Es cierto que tenemos diferentes mecanismos para mejorar el grado de rendición y soy partidario de usar las multas si se observa falta de colaboración o resistencia a la actividad fiscalizadora, pero ese es un extremo que no se ha dado.
–¿De qué sirve un presupuesto en un ayuntamiento o una administración autonómica que luego no se ejecuta? –Cuando el gestor aprueba un presupuesto está anticipando sus prioridades y poniendo cifras a lo que espera gastar e ingresar. Si no se cumple es porque se han hecho mal las estimaciones o no las está utilizando de forma correcta, y eso nos lleva a una gestión que no es transparente. Puede deberse a muchas razones, a veces a problemas sobrevenidos, pero también a la desidia gestora.
–En un reciente informe han aconsejado la disolución de varias mancomunidades que, a priori, deberían haber servido para compartir servicios y ser más eficientes. ¿Qué se ha hecho mal? –Las mancomunidades funcionaron durante mucho tiempo de forma satisfactoria y algunas, incluso, lo siguen haciendo a día de hoy. Lo que hemos reflejado en el informe es que hay algunas que ya no tienen actividad, ni personal, ni presupuestos, y por lo tanto hemos recomendado su disolución porque lo contrario es mantener una ficción administrativa.
–¿Existen ‘chiringuitos políticos’ en Asturias? –En Asturias hay muchos chiringuitos estupendos en las playas, pero entiendo que es un término despectivo para hablar de organismos públicos. Hay entidades del sector público local y autonómico que funcionan magníficamente y otras que están casi o absolutamente sin actividad porque han perdido el sentido con el que en su momento se constituyeron. Lo que decimos en la Sindicatura es que, en ese caso, se disuelvan, pero me niego a utilizar el concepto ‘chiringuito’. Me quedo con los de la playa.
–¿Me puede dar ejemplos de entidades que deberían disolverse? –En el último informe sobre fiscalización del sector público local aconsejamos iniciar procesos de liquidación y disolución para la Agencia de Desarrollo Local de la Formación, Empleo y Empresa del Ayuntamiento de Llanes y el Patronato Municipal del Museo de Anclas del Ayuntamiento de Castrillón. Del otro lado, hay entidades que funcionan magníficamente, como son los consorcios de agua, de gestión de residuos y de transporte. Incluso algunos son modelos de gestión para toda España.
–¿Cómo se puede determinar lo que es o no eficaz y/o eficiente, manteniendo la objetividad que se presupone a este órgano? –Eficacia es cumplir unos objetivos predefinidos, eficiencia hacerlo optimizando los recursos disponibles y económico, de la manera más barata posible. No siempre es posible hacerlo todo a la vez y es el gestor el que tiene que decidir qué principios prioriza en cada caso. Lo que tiene que hacer el órgano fiscalizador es ver si esos criterios se han cumplido y en qué grado, porque uno nunca es eficiente en términos absolutos y son conceptos siempre relativos. En todo caso, es cierto que lo más fácil sería ir al puro cumplimiento de la legalidad, lo otro es un reto que asumimos.
–Según ese discurso, ¿cree que es eficaz, eficiente y económico tener 78 ayuntamientos en Asturias? –Obviamente, un tamaño de municipio ínfimo no puede prácticamente hacer gestión alguna porque no tiene presupuesto ni personal y apenas masa crítica. Ahora bien, un municipio demasiado grande también puede incurrir en costes de congestión. No hay un tamaño de concejo óptimo, si lo hubiera probablemente lo estaríamos aplicando. Lo que hay que hacer es optimizar las estructuras administrativas para la gestión de los servicios y, si como ayuntamiento no puede ser, buscar una fórmula superior que puede ser la mancomunidad, la comarca o, como caso extremo, la fusión de municipios. Esta última, además de ser una decisión meramente política, tendría que tener en cuenta
condicionantes de tipo histórico y geográfico.
–Otra cuestión. ¿Una escuela rural con cuatro alumnos es eficiente? –Aquí entraría otro concepto, la equidad. A veces si solo nos fijamos en cuestiones que tienen que ver con la eficiencia podemos descuidar otros principios que también están en la Constitución, como es la igualdad de oportunidades y la equidad.
–Formó parte de la comisión de expertos para la revisión del modelo de financiación autonómica. ¿En qué momento está esa reforma? –La comisión de expertos hizo su informe en 2017 y, a partir de ahí, dejó paso a la negociación política que, a día de hoy, parece estancada.
–¿Asturias se juega mucho en esta negociación? –No me gusta plantear la reforma de la financiación autonómica en términos de enfrentamiento entre territorios. Pero, inevitablemente, estamos hablando del reparto de recursos para financiar los servicios básicos y es un tema sensible. Es muy importante en el caso de Asturias atender a los costes reales de prestación de determinados servicios teniendo en cuenta variables como la demografía, la orografía y la dispersión. Evidentemente, debemos defender lo que nos interesa, pero sin perder de vista la visión de conjunto porque, en definitiva, estamos hablando del diseño del modelo de Estado.
–¿Un adelanto electoral sería eficiente o eficaz? –La democracia tiene costes, pero son costes que, y hablo a título personal, yo asumo. Sería más barato no hacer elecciones nunca, seguramente, pero sería mucho peor. Hay gastos como el electoral, el de seguridad ciudadana o el de los servicios públicos que en democracia hay que hacer, y no deberían espantar a nadie. Luego nos toca a los órganos fiscalizadores determinar si ese gasto se ha hecho conforme a la normativa.
–¿Cree que Avelino Viejo debería haber tenido una salida más digna? –Avelino Viejo fue una persona fundamental para la Sindicatura de Cuentas sin la cual probablemente hoy este órgano sería muy diferente. Hay que reconocer el trabajo magnífico que hizo y creo que tuvo una salida a la altura de la labor que, durante catorce años, desplegó frente a un entorno a veces complicado. Asturias le debe mucho a Avelino Viejo.