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lunes, 30 de abril de 2012

Conferencia en el RIDEA y entrevista en TPA


En el RIDEA, con Juan Luis Rodríguez-Vigil,
expresidente del Principado de Asturias
Con motivo de mi conferencia sobre endeudamiento local en el Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), la agencia Europa Press me hizo esta entrevista previa. En la TPA sacaron al día siguiente un vídeo-resumen

Llera: "La fusión de municipios es deseable y posible"

El experto asturiano en Hacienda Pública, Roberto Fernández Llera, considera que la fusión de municipios es necesaria, así como reformar el modelo de financiación local.
La fusión de ayuntamientos en España no sólo es posible, sino muy deseable, en palabras del economista Roberto Fernández Llera, aunque matiza que en el caso de Asturias habría que tener en cuenta no sólo el factor población, sino también el peso histórico, la orografía o la dispersión.
Fernández Llera echa en falta una gran reforma de la administración local, que se rige por una ley de 1988. Un nuevo marco jurídico que determinase un mapa sensato de competencias y dotase a los ayuntamientos de un sistema de financiación estable.
Ni la deuda de los ayuntamientos asturianos ni la de comunidad autónoma se encuentran entre las peores del país, por lo que Fernández Llera no teme una intervención por parte del Ministerio de Hacienda.

jueves, 5 de octubre de 2017

Entrevista en Canal 10


Entrevista completa de 45 minutos en el programa La Lupa de Canal 10, dirigido por Juan Neira, sobre el informe de la Comisión de expertos para la reforma de la financiación autonómica.

jueves, 12 de enero de 2023

miércoles, 19 de octubre de 2022

Entrevista en la SER sobre la Sindicatura de Cuentas

Os dejo la entrevista completa en La ventana de Asturias de la cadena SER (10 minutos), con Nacho Poncela. Dice el titular principal que "El Principado debe condicionar la concesión de ayudas a los ayuntamientos a la rendición de cuentas a la Sindicatura". Debemos insistir una vez más en ello. Y en dar a conocer nuestro trabajo.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Entrevista en El Comercio sobre financiación autonómica

Foto: Mario Rojas

Este domingo se publica en El Comercio la entrevista que me hizo Andrés Suárez, con motivo del informe de la Comision de expertos para la reforma de la financiación autonómica. Felicito al periodista por su rigor profesional y su conocimiento del tema. 
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El trabajo de los técnicos ya está sobre la mesa y el futuro de la reforma de la financiación autonómica es ahora una decisión política. Roberto Fernández Llera, el experto designado por el Gobierno asturiano tras la renuncia de Carlos Monasterio para la comisión que ha sacado adelante un informe con las grandes líneas a seguir, es optimista y confía en que antes o después -quizá en 2018- haya un nuevo modelo que mitigue las insuficiencias del actual. Llera cree que, de llevarse a la práctica las recomendaciones del documento, Asturias saldrá reforzada. En esta entrevista con EL COMERCIO detalla las claves del debate.

-¿Pesimista u optimista respecto de la posibilidad de un acuerdo sobre la reforma de la financiación?

-Optimista. Es verdad que la situación política no es fácil, sobre todo por el tema de Cataluña, pero también que este es un compromiso de primer orden. Quiero pensar que no sé si este año, que va a ser muy difícil, pero sí el próximo, se alcance un acuerdo político si no unánime, al menos lo más amplio posible.

-¿Es sostenible el modelo actual?

-Se aprobó en 2009 por unanimidad, cosa que aspiramos a repetir. 2009 fue el peor año de la crisis. Cualquier otro modelo que se hubiera aprobado entonces hubiera significado también pérdida de recursos para las comunidades, sería imposible tener un dique de contención para la crisis tan fuerte que hubo. Dicho eso, tiene muchas cosas positivas: incrementó la autonomía tributaria de las comunidades, mejoró el grado de nivelación, implicó a todas las comunidades...

-Pero tiene insuficiencias.

-El modelo actual parte de una situación de crisis y ya entonces se reconocía que había una insuficiencia de ingresos para las comunidades. Se trató de corregir esa insuficiencia. Pero la crisis fue de tal impacto que produjo una caída de ingresos muy fuerte que repercutió sobre las comunidades. ¿Puede este modelo seguir aplicándose hoy? Perfectamente. De hecho, las últimas liquidaciones han sido muy favorables para las comunidades, con ingresos extra con los que no se contaba porque la economía funciona. Pero no se puede fiar todo al crecimiento. Hay imperfecciones que conviene corregir.

-¿Qué lectura general hace del informe técnico?

-Me parece razonable desde el punto de vista de que lo firmo, no lo haría si no me encontrase cómodo. No es el informe que yo hubiese hecho en solitario, hay cosas que me gustan más y otras menos. Pero en general me siento cómodo. Hay aspectos que juzgo positivos, como el incremento de la autonomía tributaria de las comunidades, el establecimiento de mínimos en algunos impuestos para evitar la competencia dañina a la baja, el refuerzo del Fondo de Compensación Interterritorial (FCI)...

-¿Y qué le gusta menos?

-Me hubiera gustado que en algunos temas se hubiese sido más concreto. Por ejemplo, en la aportación de la Hacienda central al modelo. O en la gestión de la deuda que las comunidades han contraído a través de mecanismos como el FLA. Mi posición es contraria a las quitas. Aquí la comisión no alcanzó un acuerdo unánime aunque sí mayoritario a favor de una reestructuración de la deuda, pero sin quitas. Salvando algunas cosas, estoy contento con el informe.

-Temas concretos. ¿Las regiones necesitan más autonomía fiscal?

-Creo que sí. Las comunidades no deben ser solo autónomas por el lado del gasto, deben exigir a sus ciudadanos el pago de unos impuestos acordes con esos gastos que prestan en servicios fundamentales. Eso debe ir acompañado de corresponsabilidad fiscal, que debe reforzarse. Es bueno que una comunidad, cuando tiene una necesidad financiera, no solo acuda a pedir al fondo común sino que también pida a sus ciudadanos en la parte que le corresponda. Ha sido habitual en los últimos años que el Gobierno central recurriera políticas tributarias de las comunidades.

-En Asturias, el tributo a la banca.

-Y en bastantes casos el Tribunal Constitucional terminaba dando la razón al Gobierno central. Cuando algunas comunidades intentan ejercer su corresponsabilidad fiscal y eso se ataca, no me parece conveniente. El informe plantea corregirlo dando a las comunidades más capacidad tributaria, por ejemplo, con un IVA colegiado. Que las comunidades, en ese tramo autonómico, tengan capacidad para modificar el tipo, cosa que ahora no ocurre. Y lo mismo con los impuestos especiales. Se haría de forma colegiada, de acuerdo entre todas las comunidades o una mayoría de ellas.

-¿Es necesaria una armonización de determinados impuestos? Hablo de Sucesiones y Patrimonio. Porque hay una batalla fiscal evidente.

-No tengo duda de que hay que poner coto a esa batalla fiscal. Y aquí la comisión ha sido unánime y contundente. Hay que fijar unos niveles mínimos de tributación en Sucesiones y en su caso en Patrimonio. Sucesiones, si nos hacen caso, ya no se debería cuestionar como impuesto pero sí establecer un nivel mínimo de tributación en todo el Estado y, a partir de ahí, cada comunidad podrá establecer el tipo que le parezca. Pero siempre respetando ese mínimo.

-Copagos autonómicos, en sanidad u otros ámbitos, ¿sí o no?

-El informe plantea que las comunidades tengan la facultad para establecerlos, no las obliga. A mí no me gustan, y creo que la vía adecuada para financiar los servicios son los impuestos. Pero la posibilidad queda ahí.

-Los expertos utilizan un término, 'nivelación', que suena demasiado técnico a pie de calle. 'Solidaridad' resulta más cercano. ¿La propuesta de los expertos garantiza la solidaridad entre regiones o se corre el riesgo de favorecer a las más 'ricas'?

-En el ámbito de la financiación la solidaridad tiene dos caras. Una, la que los expertos llamamos 'nivelación', supone, a través de los mecanismos de redistribución del sistema, tratar de igualar la capacidad de prestación de los servicios públicos fundamentales. Algunas comunidades recaudan más de lo que necesitarían para financiar sus servicios y otras no llegan; lo que hace el sistema es nivelar esos recursos.

Un fondo que languidece

-¿Y la segunda cara?

-La otra es la que se refiere a tender a igualar la renta y la riqueza de las comunidades. Y esto no se hace dentro del sistema sino con un instrumento que está fuera y que es el FCI. Ese fondo se debe reforzar de manera significativa porque en estos últimos 25 años ha languidecido, ahora son del orden de 400 millones de euros. Poco vamos a contribuir al desarrollo regional con esa cifra, a repartir entre todas las beneficiarias.

-Hablemos de la primera cara de la solidaridad. ¿Hasta dónde nivelar?

-La cuestión es si hay que nivelar todos los servicios públicos, solo los fundamentales, algo intermedio... Es una decisión política. Los técnicos sí decimos que se podría partir del sistema actual, donde la nivelación parte de los servicios fundamentales (sanidad, educación y servicios sociales), que suponen en torno al 75% del gasto autonómico. Y planteamos que nada impediría llegar al 100% del gasto, el conjunto de los servicios. Más nivelación siempre parece que se opone al principio de autonomía, si nivelamos todo y no dejamos margen alguno a la autonomía, esto sería casi una Delegación de Gobierno y no una comunidad autónoma. No es eso lo que pretendemos, pero sí que se parta del modelo actual y, si los políticos creen que hay que incrementar esa nivelación, es una opción legítima.

-Si se potencia el FCI, lo lógico es que Asturias saliera beneficiada.

-Es así porque cualquier incremento del fondo va a repercutir también en Asturias. Hicimos alguna simulación numérica, que no se recoge en el informe en aras del consenso, y hablamos de que podría multiplicarse por ocho o nueve el actual FCI. Eso supone que si Asturias recibe hoy doce o trece millones, es fácil echar la cuenta. Podría llegar a cien millones. La ganancia de Asturias es segura. Pero es una decisión política.

-Si el informe se aplica en sus términos actuales, ¿en qué posición quedaría Asturias? ¿Saldría reforzada?

-Hay muchas cuestiones abiertas y poner cifras no es posible en este momento. Ahora bien, creo que el informe es positivo para Asturias, por varias razones. Primero, porque Asturias va a reforzar su autonomía financiera. Me refiero a lo que antes comentamos del IVA o los impuestos especiales. También esos mínimos en Sucesiones o Patrimonio. Otra buena noticia es el ámbito de la solidaridad, no se cuestiona lo que hay y podría ser incluso superior. Ya hemos hablado del FCI. Y en cuanto a la deuda, la posición mayoritaria es que no se permitan las quitas. No obstante, sí abogamos todos por una reestructuración de la deuda y la renegociación con el Estado de plazos, tipos... Todo ello sin hablar de la posibilidad de que haya una aportación adicional de recursos del Estado.

-¿Cree que el Estado pondrá más recursos o habrá que repartir la misma tarta de otra manera?

-La reforma de la financiación debe verse en el contexto económico. En 2009 era malo y ahora es un poco mejor. Esto ayuda a engrasar el sistema y que el Estado tenga más fácil aportar recursos extra. Será cuestión de voluntad política. Nosotros no ponemos cifra. Sí lo hacemos a la necesaria aportación de las comunidades de régimen foral, País Vasco y Navarra, a la solidaridad del conjunto.

El «injusto» cálculo del cupo

-¿Cuál?

-Entre los recursos adicionales que habría que inyectar deberían estar unos 2.600 millones de euros de las comunidades de régimen foral para contribuir a la solidaridad porque ahora no lo están haciendo. 2.600 millones más al año, porque ahora es cero. Claro, esto casa mal con lo que se va a aprobar sobre la rebaja del cupo vasco. Nosotros planteamos lo contrario. Aquí sí que es una cuestión política de primer orden. Nosotros no discutimos el sistema de concierto ni de convenio, está en la Constitución, pero sí, y mucho, el cálculo del cupo vasco y de la aportación navarra.

-¿El cálculo es injusto?

-Sin duda. No hay contribución a la solidaridad, es poco transparente... Tiene que serlo, y por eso ponemos esa cifra de 2.600 millones al año.

-¿Hasta qué punto la coyuntura general, y singularmente Cataluña, condicionan la negociación?

-Mucho. En la comisión de expertos todas las comunidades propusieron uno excepto Cataluña. Un sistema de financiación sin Cataluña no es posible. Abogo por que esto se pueda no sé si resolver, pero sí reconducir, y que Cataluña vuelva a la mesa de la negociación común y se logre un acuerdo.

-Algunos partidos, y hablo del PP, han cuestionado con dureza su labor en la comisión de expertos.

-Yo soy el experto propuesto por el Gobierno de Asturias para formar parte de la comisión. No represento a nadie más que a mí mismo. Trabajé con absoluta libertad tratando de construir un modelo lo más razonable posible, mirando a Asturias y desde Asturias. No recibí consignas ni instrucciones de ningún tipo. Defendí lo que creía honesto y sensato, sin perder de vista a Asturias. Y creo que el informe beneficia a Asturias, si los políticos finalmente concretan esta propuesta en un sistema de financiación.

martes, 13 de abril de 2010

Entrevista sobre la reforma fiscal

Os dejo el titular y el enlace a la entrevista completa.



"Hay que reformar el modelo fiscal de hace 30 años, no sirve"

Roberto Fernández Llera, hacendista y profesor de Economía de la Universidad de Oviedo, es un firme defensor de la reforma fiscal. Asegura que el discurso de que siempre es bueno bajar impuestos se ha demostrado falso.

13/04/2010 00:00 / PABLO Á. RUBIO

–¿Esperaba una caída tan severa de los ingresos públicas?

–La profundidad de la crisis nadie la supo ver. Todos veíamos venir la caída de ingresos, pero no se esperaba que fuera tan profunda. Por eso creo que llegó el momento de tomar medidas en serio.

–Vamos, que es muy fácil decir ahora: ya lo había dicho...

–Evidentemente. España tenía un problema que pasaba por centrar gran parte de su actividad económica en el sector inmobiliario. Era un problema que tarde o temprano iba a estallar, pero lo hizo de repente y además, apareció la crisis financiera.

–¿Y qué se hubiera podido hacer antes?

–Las medidas anteriores a la crisis fueron todas en la misma dirección: bajar impuestos. Y no se puede comprar siempre ese discurso porque es muy peligroso y los resultados los tenemos ahora. Son obvios y no descubro nada: no es es la reducción del gasto público para equilibrar el presupuesto y el otro el incremento del déficit.

–¿Dónde estuvieron los fallos?

–La eliminación del impuesto de patrimonio, la práctica extinción del tributo de sucesiones y donaciones o las continuas bajadas del IRPF. Y ahí estoy metiendo a todos los gobiernos, al de Zapatero, pero también al de Aznar y a los de las comunidades autónomas. Hay contadas excepciones, como por ejemplo, la imposición del céntimo sanitario, porque el resto siempre iba en la misma dirección. No nos puede servir el mismo traje para un contexto diferente.

–Esto era antes. Volviendo al presente, ¿es necesario una reforma fiscal?

–Es fundamental que la política fiscal sea vista como una política de estado y por tanto, sentarse seriamente a hablar de la reforma fiscal, como se hizo en 1978, donde hubo un gran pacto político. Pero el problema es que el modelo de hace 30 años ya no sirve y hay que partir siempre de un pacto político entre los grandes partidos para implicar a todo el Estado, comunidades autónomas incluidas.

–¿Y cuáles son los aspectos que se deben abordar?

–Habría que darle la vuelta a algunas decisiones que se tomaron años atrás. Una de ellas es recuperar el impuesto de patrimonio. En realidad, no se suprimió, se mantiene congelado a la espera de mejores tiempos y el momento idóneo es éste. Hay que gravar a las grandes fortunas. El de sucesiones y donaciones habría que garantizar un gravamen mínimo para toda España y que cada comunidad autónoma decida después. Y además, hay margen para subir el IVA.

–¿Y el IRPF?

–Ha sido un tema tabú todos estos años y también ha llegado el momento de plantearse si hemos tocada fondo. Aquí España no está muy lejos de la media de la UE y de la OCDE. Aunque no aportaría mucho, se podría subir el tipo máximo porque supondría lanzar un mensaje de que se grava más a las rentas más altas. Y también se podrían plantear deducciones.

–En el debate del IVA hay un frente que piensa que una subida puede frenar aún más consumo.

–La subida del IVA va repercutir en los precios, es evidente. Pero hay una parte que va a repercutir en el empresario, no todo en el consumidor.

–¿Es la única alternativa que tiene ahora el Estado a mano?

–Hombre, es la alternativa fácil, pero no es la única. Es lo que he dicho antes, habría que recuperar cuestiones para abordar los impuestos de patrimonio o sucesiones. El IVA, es la alternativa fácil.

–Da la sensación de que al Gobierno central y los de las Comunidades Autónomas les ha pillado con el pie cambiado.

–Llevábamos muchos años planteando que lo único bueno en temas de impuestos era bajarlos y ese discurso se ha demostrado que era falso. Los servicios no se financian solos. Cuando la economía va bien, con bajos impuestos se puede llegar a recaudar más, pero cuando la situación va mal aparecen los problemas de financiación. Y solo hay dos maneras de financiarse: con impuestos o vía déficit. Bueno, hay una tercera, reduciendo el gasto público.

–¿Y qué gasto se puede reducir?

–Todo se basa en preferencias políticas. No estoy de acuerdo con mensajes de tipo generalista como el de que hay que reducir el gasto corriente. Porque hay muchos tipos de gasto que son fundamentales.

–¿Hay alguna previsión sobre la evolución de los ingresos?

–Lo que es seguro es que no se va a volver a los niveles de hace 10 años. Otra cosa es que ya hemos tocado fondo, pero no vamos a poder volver a llevar el nivel de vida de antes, donde parecíamos todos nuevos ricos.

–¿No es contradictorio subir los impuestos con los niveles de paro actuales?

–Hay que matizar las cifras del paro. Frente a los 4 millones de parados, de los que cuales 2 ya existían en el mejor momento, hay 18 o 19 millones de personas que trabajan. Si nos creemos el concepto de la solidaridad es importante que cada patrimonio y cada renta tribute en función de su cuantía. Y que las rentas altas paguen no me parece mal, todo lo contrario.

–Todo depende del modelo de país que queremos.

–Evidentemente. Y además, hay una cosa muy importante y de la que nadie habla. En el 2013 España se va a quedar sin una parte de los fondos europeos y no va a quedar otra solución que recurrir a los impuestos para financiarnos.

jueves, 3 de mayo de 2012

Entrevista en la Cámara de Cuentas de Andalucía

La Cámara de Cuentas de Andalucía y la revista Auditoría Pública me hacen esta entrevista, con motivo de mi participación en algunos cursos de formación de la institución, coincidiendo además con la entrada en vigor de la nueva Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera.

Quiero dejar constancia pública de mi agradecimento a la Cámara de Cuentas de Andalucía, en particular, a Antonio López Hernández (Presidente), Concha Silva (Responsable de Formación), Consuelo Rus (Auditora) y Carlos Castelló (Responsable de Prensa).

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En los informes que la Cámara de Cuentas de Andalucía realizó sobre la aplicación del SEC95 al sector público autonómico andaluz se señalaron algunos ejemplos de empresas públicas que deberían formar parte del perímetro de consolidación. ¿Deben los OCEX fiscalizar a las empresas públicas que están fuera de dicho perímetro con el objetivo de valorar, no solo su posible integración en el mismo, si no la sostenibilidad financiera de su endeudamiento?


La nueva Ley Orgánica 2/2012 establece obligaciones muy concretas sobre transparencia, estabilidad presupuestaria, sostenibilidad de la deuda y gasto público que las Administraciones Públicas deben ser capaces de cumplir o, en caso contrario, se arriesgan a ser sancionadas. Por parte de los OCEX, cualquier esfuerzo adicional por fiscalizar la gestión pública será bienvenido, en particular, sobre sociedades mercantiles, fundaciones y consorcios, a la vista de su fuerte crecimiento en los últimos años. Dicho esto, es cierto que con los criterios del SEC-95, sólo las entidades institucionales públicas no orientadas al mercado deben ubicarse dentro del perímetro de consolidación, lo cual exige para dicha entidad autonomía presupuestaria y de gestión, participación y control efectivo por parte de la Administración Pública de origen y que sus ingresos por ventas no alcancen el 50% de los costes de producción. ¿Qué pasa entonces con otras entidades incluidas en el Inventario de Entes del Sector Público o incluso con algunas fórmulas de colaboración público-privada que no caen dentro del perímetro de consolidación? Aunque aquí hay diferentes interpretaciones doctrinales, en mi modesta opinión también deberían ser fiscalizadas, por motivos de transparencia. Si para ello es necesario modificar alguna normativa legal, pues bien podría hacerse sin mayor problema. Hay una prueba muy lógica que podemos hacer: mutando el conocido lema de “demasiado grande para caer”, sabremos si una entidad es “demasiado pública para caer” cuando en la hipótesis de que se le retirasen los ingresos que percibe de las Administraciones Públicas, simplemente desaparecería por inanición.

¿Deben fiscalizarse los programas económico-financieros de reequilibrio de las CC.AA. por sus respectivos OCEX, por el Tribunal de Cuentas o podría ser un informe conjunto?

Por razones de eficacia e inmediatez, yo creo que esa fiscalización deberían hacerla en primera instancia los OCEX de las Comunidades Autónomas, sin perjuicio de que el Tribunal de Cuentas emita después informes recopilatorios y de síntesis que, sin duda, serían de gran utilidad. Además, es inevitable que el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, junto al propio Tribunal de Cuentas y los OCEX autonómicos vayan alimentando una base de datos común que sistematice toda la información presupuestaria y contable, así como los informes de situación cíclica, documentos de trabajo y planes económico-financieros y de requilibrio que la nueva normativa establece. Insisto, la transparencia nunca es mala en este ámbito, pero debe haber un orden o se impondrá el caos informativo.



¿Estará preparado el sector público, en especial el autonómico, para cumplir con la futura Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera?


Por supuesto que están preparadas todas las Administraciones Públicas. A veces es más cuestión de voluntad política que de otra cosa. Eso sí, hay que hacer una excepción con los Ayuntamientos más pequeños, para los cuales va a ser imposible cumplir con muchas de las nuevas obligaciones registrales, contables e informativas, por simple carencia de medios materiales y humanos. Pero este es un problema estructural cuya resolución pasa por diseñar un mapa sensato de competencias municipales y una financiación local más realista. En caso contrario, la opción que queda es la de las fusiones municipales u otras fórmulas de colaboración que permitan dotar de “músculo” a la Administración local.


¿Qué papel deben jugar el resto de OCEX en la verificación de la estabilidad presupuestaria y la sostenibilidad financiera?


Resulta sorprendente que la nueva Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera ni siquiera mencione al Tribunal de Cuentas o a los OCEX de las Comunidades Autónomas. Quiero pensar que es un olvido inocente y que no existe intención por parte del legislador de menoscabar la fundamental tarea que despeñan estos órganos. Solamente con fiscalizar el cumplimiento de los límites de déficit estructural, deuda pública y gasto, así como las obligaciones de transparencia, la tarea es inmensa y muy retadora.


El proyecto de Ley de Transparencia prevé que los Entes del sector público deberán dar publicidad a la información sobre contratos, convenios, subvenciones, presupuestos, retribuciones y compatibilidades de altos cargos y calidad de los servicios públicos. A su juicio ¿es suficiente esta regulación o piensa que esta publicidad debería abarcar otro tipo de actividades?


Vuelvo a insistir en que la transparencia pocas veces conduce a malos resultados, además de servir como vacuna frente a conductas poco éticas o incluso delictivas. Aquí la reflexión sería mucho más amplia y nos debería hacer pensar por qué ahora que estamos en crisis al ciudadano medio le preocupan tanto la corrupción o los sueldos de los políticos, pero en cambio ese mismo ciudadano medio votó a veces a políticos incursos en causas de corrupción o fraude o contribuyó a comportamientos ilícitos, por ejemplo, a la hora de contratar con la Administración Pública o de liquidar sus propios impuestos. En definitiva, transparencia, sí, pero esto es más un problema de educación ciudadana y de ética pública.



¿Considera que el régimen de sanciones que introduce el citado proyecto de ley, que prevé hasta la inhabilitación para cargo público de 5 a 10 años, va a ser efectivo? Con estas medidas ¿se conseguirán evitar posibles casos de corrupción?


Lo considero un avance, pero en todo caso es una medida que será útil o no en función de su cumplimiento efectivo. Lo que no podemos es estar continuamente amenazando con el Código Penal o con sanciones administrativas a quien incumple unas normas elementales de comportamiento en el Sector Público. Se ha propuesto desde algunos ámbitos la tipificación de un nuevo delito económico por fraude presupuestario, aunque personalmente dudo de su practicidad. Como es obvio, a quien delinque, se le deberá aplicar la justicia con todo su rigor. Pero las mayores sanciones ciudadanas para el empleado público o para el político que se corrompe deberían ser la indiferencia y la condena social hacia esa persona. Presunción de inocencia, toda, pero acompañada de ética pública y de responsabilidad política.


jueves, 23 de junio de 2016

Un libro abierto es un cerebro que habla

De izquierda a derecha, coordinador, rector, síndico mayor y catedrático
FOTO: Mario Rojas (El Comercio)

Hace tres años presentábamos en el Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo el libro Impuestos para todos los públicos. Esta semana volvimos a la misma sede para presentar el libro Economía del gasto público para mayores de edad, editado por Aranzadi (Thomson Reuters), con la colaboracion del Consejo Económico y Social del Principado de Asturias.

El acto estuvo presidido por el rector de la Universidad de Oviedo, Santiago García Granda, quien citó un proverbio hindú muy apropiado para el caso: "Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora". También participaron en la mesa el síndico mayor de la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias, Avelino Viejo Fernández y el catedrático de Economía Aplicada, Javier Suárez Pandiello. Para los tres no tengo más que agradecimiento por su amables y cariñosas palabras, hacia mí y hacia el libro.

En lo que sigue, hay una tribuna de opinión publicada en La Voz de Asturias (¡de vuelta!) que resume mi intervencion en el acto de presentacion. Al final, un dossier de prensa y varias fotos.

Economía del gasto público para mayores de edad

Toda persona es contribuyente y beneficiaria del gasto público desde que nace. Por eso, resulta ineludible adquirir un umbral mínimo de formación para alejar demagogias o insensateces, explotadas por quienes utilizan el conocimiento con fines poco loables. Debemos ser “mayores de edad” para imprimir algo de seriedad en todo debate público, dirigiendo esta constructiva reprimenda a quienes hablan desde el atrevimiento de la ignorancia o desde el atril de la promesa vacía. Si algo tenemos que pretender es “que el rigor no se pase de moda y que los argumentos nos doren la piel”, parafraseando a Sabina.
Es evidente que una nueva autovía produce un beneficio social, pero quizás no sea suficiente para compensar la inversión, el daño ambiental o el coste de oportunidad. Ya Flórez Estrada criticaba en su Curso de Economía Política “los consumos de lujo” y “los gastos hechos para impedir o comprimir los progresos de las luces”. En lenguaje actual: los despilfarros y los gastos culpables de postergar la educación pública.

Otro ejemplo. Cuando se afirma que “hay que reducir el gasto corriente y aumentar la inversión pública”, ¿se quiere decir que hay que bajar el sueldo al personal sanitario y, en cambio, seguir construyendo nuevos hospitales? Y otro más: ¿debemos subir las pensiones de jubilación o mejorar la red de residencias? De nuevo, la respuesta, depende de nuestras preferencias, pero también de criterios rigurosos de evaluación. Con seguridad, el único que no tiene razón es quien afirma querer hacer todo a la vez y, además, bajar impuestos y reducir el déficit. La cuenta, así, no sale.

El gasto público no es un problema en España por excesivo: 43,3% del PIB en 2015, cinco puntos por debajo de la media de la Eurozona. En todo caso, el tamaño del sector público no es un dogma, sino una cuestión de preferencias sociales que van mutando y se sustancian sobre renovados acuerdos políticos. Hay que decirlo una vez más: el gran problema de la Hacienda Pública española son los ingresos, sobre todo los impuestos, ya que no alcanzan para financiar el gasto público. Las causas se conocen (en síntesis: economía sumergida, fraude fiscal y mal diseño de ciertos tributos) y por eso hay que atacarlas de raíz y sin dilación. La nefasta consecuencia es que todos los años se genera un déficit estructural considerable.

Frente a la actuación habitual de estimar los ingresos para aproximar el gasto que se podrá ejecutar, el sector público tiene la ventaja de que puede hacerlo a la inversa. Pongámonos políticamente de acuerdo en qué y cuánto queremos gastar, tratando después de allegar los recursos necesarios para ello, determinando qué impuestos subimos, a tenor también de nuestro margen de endeudamiento. Las consecuencias de ambos procedimientos son muy diferentes. Además, hay otros tres grandes retos para el gasto público en España: eficiencia, economía y equidad. Los tres son mandatos constitucionales y los tres deben formar parte de esas orientaciones básicas.

Gastar es gobernar y gobernar es gastar. Si hay algún ámbito donde la política y la economía se dan la mano, ese terreno es el del gasto público, con permiso de los impuestos, con los que hay que trabajar en simbiosis. Por ello, debemos apostar por un modelo de gasto que no ponga en riesgo el propio sector público, pero que al mismo tiempo sea suficiente para promover el progreso social y el desarrollo económico. No hay que olvidar que las políticas públicas se despliegan para mejorar la calidad de vida de las personas y que cualquier cosa que se haga mal ahora, repercutirá tarde o temprano.

Por todo lo dicho hasta ahora, la Universidad debe seguir haciendo esa investigación que Tomás y Valiente calificó de “inútil” (sic), no por su irrelevancia, sino porque reporta escaso fruto académico y retributivo al investigador, pero resulta imprescindible para reivindicar la historia, promover la cultura y educar a una ciudadanía que demanda análisis asequibles del mundo. La Universidad de Oviedo siempre ha sido un buen ejemplo en este sentido, desde aquel Grupo de Oviedo y aquella primera Extensión Universitaria que hoy sigue buscando nuevos horizontes. Por eso es importante que se debata y se escriba con valor, en la doble acepción de valentía y utilidad.

Tenemos que repensar los fundamentos del gasto público en la economía, incorporar plenamente el paradigma de la estabilidad presupuestaria, reforzar el control en todas sus extensiones y hacer más transparente el papel de la opinión publicada, para no engañar ni confundir. En lo que se refiere al Estado del Bienestar, la apuesta es porque la Unión Europea siga siendo la referencia en el mundo, aunque son necesarias algunas correcciones, sin dañar la esencia del sistema. España en concreto tiene aquí grandes desafíos, pero uno muy importante se observa en cada extremo vital: las escuelas infantiles y el cuidado de nuestros mayores, sobre todo cuando son personas con dependencia. Estas líneas de avance se relacionan con la estructura del mercado laboral y con una conciliación que todavía corre contra las mujeres.

Otras parcelas de gasto público también son decisivas porque nos jugamos derechos fundamentales y libertades públicas. Así, son vitales para la democracia la defensa nacional o la financiación de procesos electorales y partidos políticos. Finalmente, tampoco podemos olvidar el territorio como parámetro, sumando las dimensiones local, autonómica, estatal y europea del gasto público. Todo esto es mejorable, pero en modo alguno prescindible.

En estos días de incertidumbres y ansias de dejar atrás una crisis demasiado duradera e injusta, el gasto público puede ser parte de la solución, si se sabe actuar con altura de miras y rumbo claro.
(publicado en La Voz de Asturias el 30 de junio de 2016)

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jueves, 11 de julio de 2019

Primera entrevista como síndico mayor

Entrevista de Ana Moriyón y foto de Álex Piña, publicadas en El Comercio el 11 de julio de 2019

Roberto Fernández Llera (Avilés, 1978), síndico mayor desde abril, lleva en la Sindicatura de Cuentas de Asturias como jefe de gabinete técnico desde 2012. Licenciado en Economía y doctor por la Universidad de Oviedo, asume ahora el reto de dar un paso más en el cometido de este órgano. Además del cumplimiento de la legalidad, su equipo se ha propuesto vigilar también la eficiencia y la eficacia en el gasto público.

–¿Los asturianos estamos suficientemente concienciados de que el dinero público no cae del cielo? –Quiero pensar que sí. La crisis ha tenido efectos desastrosos en muchos ámbitos económicos y sociales, pero ha tenido también algunos positivos, como que hoy la exigencia ciudadana sobre el control de los fondos públicos es mucho mayor. Nuestro deber también es concienciar de que cada vez tenemos que ir más allá y desplegar nuestro cometido para controlar no solo el mero cumplimiento de la legalidad, sino también la eficiencia, la eficacia y la economía, todos ellos principios que están en la Constitución española.

–Un 30% de los ayuntamientos no les facilita en tiempo y forma la documentación. ¿Es partidario de tomar medidas coercitivas para reducir ese porcentaje? –Somos de las comunidades que tenemos un grado de rendición de cuentas más elevado pese a que partíamos de una posición muy mala hace diez años. Pero el grado sigue sin ser óptimo y a veces hay que recordar que esto es una obligación legal y democrática para mejorar la transparencia de los gestores públicos, no un capricho de nadie. Es cierto que tenemos diferentes mecanismos para mejorar el grado de rendición y soy partidario de usar las multas si se observa falta de colaboración o resistencia a la actividad fiscalizadora, pero ese es un extremo que no se ha dado.

–¿De qué sirve un presupuesto en un ayuntamiento o una administración autonómica que luego no se ejecuta? –Cuando el gestor aprueba un presupuesto está anticipando sus prioridades y poniendo cifras a lo que espera gastar e ingresar. Si no se cumple es porque se han hecho mal las estimaciones o no las está utilizando de forma correcta, y eso nos lleva a una gestión que no es transparente. Puede deberse a muchas razones, a veces a problemas sobrevenidos, pero también a la desidia gestora.

–En un reciente informe han aconsejado la disolución de varias mancomunidades que, a priori, deberían haber servido para compartir servicios y ser más eficientes. ¿Qué se ha hecho mal? –Las mancomunidades funcionaron durante mucho tiempo de forma satisfactoria y algunas, incluso, lo siguen haciendo a día de hoy. Lo que hemos reflejado en el informe es que hay algunas que ya no tienen actividad, ni personal, ni presupuestos, y por lo tanto hemos recomendado su disolución porque lo contrario es mantener una ficción administrativa.

–¿Existen ‘chiringuitos políticos’ en Asturias? –En Asturias hay muchos chiringuitos estupendos en las playas, pero entiendo que es un término despectivo para hablar de organismos públicos. Hay entidades del sector público local y autonómico que funcionan magníficamente y otras que están casi o absolutamente sin actividad porque han perdido el sentido con el que en su momento se constituyeron. Lo que decimos en la Sindicatura es que, en ese caso, se disuelvan, pero me niego a utilizar el concepto ‘chiringuito’. Me quedo con los de la playa.

–¿Me puede dar ejemplos de entidades que deberían disolverse? –En el último informe sobre fiscalización del sector público local aconsejamos iniciar procesos de liquidación y disolución para la Agencia de Desarrollo Local de la Formación, Empleo y Empresa del Ayuntamiento de Llanes y el Patronato Municipal del Museo de Anclas del Ayuntamiento de Castrillón. Del otro lado, hay entidades que funcionan magníficamente, como son los consorcios de agua, de gestión de residuos y de transporte. Incluso algunos son modelos de gestión para toda España.

–¿Cómo se puede determinar lo que es o no eficaz y/o eficiente, manteniendo la objetividad que se presupone a este órgano? –Eficacia es cumplir unos objetivos predefinidos, eficiencia hacerlo optimizando los recursos disponibles y económico, de la manera más barata posible. No siempre es posible hacerlo todo a la vez y es el gestor el que tiene que decidir qué principios prioriza en cada caso. Lo que tiene que hacer el órgano fiscalizador es ver si esos criterios se han cumplido y en qué grado, porque uno nunca es eficiente en términos absolutos y son conceptos siempre relativos. En todo caso, es cierto que lo más fácil sería ir al puro cumplimiento de la legalidad, lo otro es un reto que asumimos.

–Según ese discurso, ¿cree que es eficaz, eficiente y económico tener 78 ayuntamientos en Asturias? –Obviamente, un tamaño de municipio ínfimo no puede prácticamente hacer gestión alguna porque no tiene presupuesto ni personal y apenas masa crítica. Ahora bien, un municipio demasiado grande también puede incurrir en costes de congestión. No hay un tamaño de concejo óptimo, si lo hubiera probablemente lo estaríamos aplicando. Lo que hay que hacer es optimizar las estructuras administrativas para la gestión de los servicios y, si como ayuntamiento no puede ser, buscar una fórmula superior que puede ser la mancomunidad, la comarca o, como caso extremo, la fusión de municipios. Esta última, además de ser una decisión meramente política, tendría que tener en cuenta
condicionantes de tipo histórico y geográfico.

–Otra cuestión. ¿Una escuela rural con cuatro alumnos es eficiente? –Aquí entraría otro concepto, la equidad. A veces si solo nos fijamos en cuestiones que tienen que ver con la eficiencia podemos descuidar otros principios que también están en la Constitución, como es la igualdad de oportunidades y la equidad. 

–Formó parte de la comisión de expertos para la revisión del modelo de financiación autonómica. ¿En qué momento está esa reforma? –La comisión de expertos hizo su informe en 2017 y, a partir de ahí, dejó paso a la negociación política que, a día de hoy, parece estancada.

–¿Asturias se juega mucho en esta negociación? –No me gusta plantear la reforma de la financiación autonómica en términos de enfrentamiento entre territorios. Pero, inevitablemente, estamos hablando del reparto de recursos para financiar los servicios básicos y es un tema sensible. Es muy importante en el caso de Asturias atender a los costes reales de prestación de determinados servicios teniendo en cuenta variables como la demografía, la orografía y la dispersión. Evidentemente, debemos defender lo que nos interesa, pero sin perder de vista la visión de conjunto porque, en definitiva, estamos hablando del diseño del modelo de Estado.

–¿Un adelanto electoral sería eficiente o eficaz? –La democracia tiene costes, pero son costes que, y hablo a título personal, yo asumo. Sería más barato no hacer elecciones nunca, seguramente, pero sería mucho peor. Hay gastos como el electoral, el de seguridad ciudadana o el de los servicios públicos que en democracia hay que hacer, y no deberían espantar a nadie. Luego nos toca a los órganos fiscalizadores determinar si ese gasto se ha hecho conforme a la normativa.

–¿Cree que Avelino Viejo debería haber tenido una salida más digna? –Avelino Viejo fue una persona fundamental para la Sindicatura de Cuentas sin la cual probablemente hoy este órgano sería muy diferente. Hay que reconocer el trabajo magnífico que hizo y creo que tuvo una salida a la altura de la labor que, durante catorce años, desplegó frente a un entorno a veces complicado. Asturias le debe mucho a Avelino Viejo.

 

jueves, 29 de noviembre de 2012

Entrevista a Carlos Monasterio Escudero

Estoy muy orgulloso de haber podido hacer una entrevista a Carlos Monasterio Escudero, Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Oviedo y directivo de Liberbank. La entrevista (PDF) acaba de salir publicada en el número 58 de la revista Auditoría Pública, editada por los Órganos de Control Externo (OCEX) de las Comunidades Autónomas. Y en este enlace y este otro las reseñas de Europa Press y El Comercio.

Sin duda, Carlos es más universitario que "banquero". Un universitario en el sentido clásico y orteguiano del término, o sea, un verdadero maestro. Aunque dicho esto, tal y como están las cosas en el sector financiero, prefiero que gente tan capaz y sensata como él siga gestionando ese complicado mundo. El "máster" de dos años parece que se tiene que prolongar otro poco (esta broma es de consumo interno).

Por cierto, entre sus múltiples trabajos académicos y escritos, destaco hoy una tribuna de 2010 en El País, en la que pedía "un poco de federalismo" (eso sí, por favor). ¿Nos suena esto de algo?

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“El papel esencial de los órganos de control es fiscalizar que se cumplan los presupuestos aprobados por el Parlamento”


PERFIL

Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Oviedo desde 1990 y uno de los mayores especialistas españoles en haciendas autonómicas y locales, presupuestos y reformas fiscales. Como experto, ha sido miembro del grupo que elaboró en 1995 el Libro Blanco sobre la Financiación Autonómica, por encargo del Consejo de Política Fiscal y Financiera, habiendo sido requerido también como compareciente en el Senado y en varios parlamentos autonómicos. Editor Asociado de la revista Hacienda Pública Española entre 2004 y 2009, miembro del International Institute of Public Finance (IIPF) y consultor del Banco Interamericano de Desarrollo. Ha publicado una docena de libros y más de cincuenta artículos en revistas científicas de Economía, pudiendo destacarse el Manual de Hacienda Autonómica y Local, Dos ensayos sobre financiación autonómica y El laberinto de la Hacienda autonómica. En su otra faceta profesional, desde 2011 es Director de Regulación y Estrategia de Riesgos de Liberbank, banco creado a partir de la integración de Cajastur (incluido el Banco CCM), Caja Extremadura y Caja Cantabria. Su experiencia en el sector financiero había comenzado ya mucho antes, cuando fue presidente de la Comisión de Control de la Caja de Ahorros de Asturias, entre 1986 y 1989.

Auditoría Pública. - En el marco de las medidas anticrisis tomadas a partir de 2008 (Plan E y otras análogas de Comunidades Autónomas y Entidades Locales), así como las posteriores medidas de extrema austeridad adoptadas a partir del año 2010, ¿qué papel deben desempeñar el Tribunal de Cuentas y los Órganos de Control Externo de las Comunidades Autónomas en su fiscalización? ¿Es suficiente un análisis de cumplimiento de la legalidad o debería irse más allá, en términos de evaluación de eficacia, eficiencia y economía?.

Creo que el papel esencial de los órganos de control externo es fiscalizar que se cumplan los Presupuestos aprobados por el Parlamento y, en ese sentido, evitar entrar en valoraciones respecto a la idoneidad de los objetivos y estrategias presupuestarias, que corresponde fijar a los respectivos Parlamentos. Ahora bien, eso no debería impedir que se señalaran las posibles incoherencias que pueden producirse en algunos casos entre los objetivos fijados y las medidas presupuestarias concretas, cuando estas no tienen relación clara con los objetivos. Mal puede servir a la eficiencia un presupuesto mal diseñado.

Sobre el segundo asunto, pienso que una de las parcelas más necesitadas de atención en el Sector público español es precisamente la de la gestión y control presupuestarios orientados hacia la eficacia y eficiencia del gasto. Los presupuestos por objetivos o por programas son más un ejercicio teórico, que no ha pasado de la documentación presupuestaria a la práctica real de la gestión presupuestaria

A.P. - En 2011 se modificó la Constitución Española por vía de urgencia para introducir explícitamente el principio de estabilidad presupuestaria para todas las Administraciones Públicas. La nueva ley orgánica de desarrollo, aprobada en 2012, recoge objetivos muy estrictos de déficit, deuda y gasto, así como sanciones muy severas para los gobiernos incumplidores. ¿Resulta creíble y eficaz este marco legal, teniendo en cuenta que la Administración Central está incumpliendo sus propios objetivos? ¿Era necesaria tanta urgencia, cuando los límites concretos se posponen hasta 2020?.

Pese a sostener desde hace bastante tiempo posiciones claras en materia de estabilidad presupuestaria, creo que la reforma constitucional de agosto de 2011 añade poco en este sentido, puesto que, a mi juicio, ya existía anteriormente suficiente anclaje de la estabilidad presupuestaria en el texto constitucional.

En cambio, han faltado esfuerzos sinceros para aplicar, desde finales de los años 90 del siglo XX, los mecanismos de coordinación presupuestaria que fueron sucediéndose sobre el papel.

En la práctica, los mecanismos de coordinación presupuestaria fueron anulado por medidas llamadas de “revisión de los objetivos presupuestarios” que, en muchos casos, se utilizaban para enmascarar el incumplimiento de las Administraciones más laxas en materia de gasto. La clave del éxito aquí entiendo que no es tanto fijar objetivos muy severos, sino objetivos realistas y, sobre todo, vigilar eficazmente su cumplimiento y aplicar medidas de disciplina efectiva sobre los incumplidores.

Los Presupuestos de 2012 y el baile de sucesivas revisiones de crecimiento del PIB y objetivos presupuestarios son, valga la paradoja, un “buen mal ejemplo” de lo anterior y para 2013 es de temer más de lo mismo

A.P. - Siguiendo con la nueva ley orgánica de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera, ¿no se corre el riego de que las amplias exigencias de transparencia puedan llegar a bloquear el funcionamiento ordinario de las Administraciones Públicas, particularmente en el ámbito de las Entidades Locales?

En materia de transparencia, como en muchos otros campos de la regulación pública, la clave no es tanto regular mucho , como regular bien. Los datos esenciales del Presupuesto, de la ejecución presupuestaria y del coste inicial y final y grado de ejecución temporal de los grandes proyectos de inversión , junto con datos de empleo y remuneraciones públicas, deben ser fiables y proporcionados puntualmente. Hay que diseñar cuidadosamente las variables clave a divulgar, para evitar cambios de formato continuos en los datos ofrecidos, que muchas veces amparándose en un ropaje pretendidamente técnico, lo que hacen es ocultar cambios de políticas, cuyo verdadero significado se oculta así a los ciudadanos

En el otro extremo, no tiene sentido asociar transparencia a que cualquier ciudadano pueda preguntar cualquier cosa respecto a una Administración, eso es algo muy costoso, se guramente inviable y que no añade mucho a la verdadera trasparencia en la gestión pública eficaz

A.P. - La ley orgánica de estabilidad presupuestaria de 2012 ha sido ya modificada, a los pocos meses de su entrada en vigor, para desarrollar los mecanismos de pago a proveedores y los que se destinan a financiar vencimientos de deuda o a dotar de liquidez a las Comunidades Autónomas y Entidades Locales. Frente a esta opción, ¿no hubiese sido mejor “dejar caer” a los gobiernos insolventes, para evitar un problema de riesgo moral?

Yo sería benévolo respecto a la Ley de pago a proveedores, porque creo que, además de posibilitar un punto de partida razonable para una aplicación seria del principio de estabilidad y para llevar a cabo algo que es de justicia, como pagar a unos proveedores que no tienen porqué hacer de servicio de tesorería a las Administraciones. Ahora bien, ejecutada esta medida inicial, deberíamos tener muy claro que su repetición será el síntoma más claro de que hemos vuelto a recaer en los viejos vicios de descontrol presupuestario y con más virulencia. Aquí es donde reside una de las principales piedras de toque de la credibilidad presupuestaria; que no lleguemos a acostumbrarnos a que lo normal, en materia de gestión presupuestaria, sea una sucesión ininterrumpida de “mecanismos extraordinarios”. Vendría bien aquí un análisis y debate a fondo de por qué la Ley de pago a proveedores ha tenido que ser seguida en tan corto lapso de tiempo por el mal llamado “Fondo de Liquidez Autonómico”. En sentido económico, si me endeuda a diez años, no estoy enfrentando un problema puntual de liquidez, estoy gastando hoy con cargo a renta futura.

Respecto a dejar caer a gobiernos insolventes, me parece una sugerencia acertada y muy necesaria; deberíamos disponer de una Ley muy meditada y clara de quiebras públicas, pero ese es un mecanismo para el futuro; no creo que pueda ser considerado de forma realista una alternativa a la Ley de pago a proveedores o el FLA.

Como clave de bóveda de la estabilidad presupuestaria, la Ley de quiebras públicas podría jugar un papel esencial, para dar credibilidad a todo el sistema

A.P. - El proceso de reestructuración bancaria y, particularmente, el de las Cajas de Ahorro, está suponiendo un desembolso de fondos públicos nada desdeñable, además de afectar a funciones básicas del sistema financiero. En este punto, ¿cómo se puede conjugar el papel del Banco de España y de las instituciones europeas, en tanto que supervisores del sistema financiero, con el rol constitucional del Tribunal de Cuentas como supremo órgano fiscalizador del Sector Público y, por tanto, también de las ayudas públicas a los bancos y del propio Banco de España?

Este es un tema ciertamente complejo, además de apasionante y cambiante. Por referirme a los papeles básicos, en el marco actual el Tribunal de Cuentas debe fiscalizar aquella parte de los fondos públicos utilizados en rescates bancarios, así como la actuación del FROB, puesto que los recursos para estas actuaciones proceden del Presupuesto español

El papel del Banco de España , como supervisor y garante de la estabilidad financiera, sería pilotar el dia a dia de los planes de reestructuración de las entidades financieras, hayan estas recibido fondos públicos o no.

La anterior situación puede cambiar en el futuro inmediato, puesto que los proyectos de nueva Directiva sobre capitales (la aplicación europea de los Acuerdos de Basilea III) y el proyecto de Reglamento sobre Unión Bancaria tiene previsto transferir, en lo esencial, las competencias de supervisión bancaria al Banco Central Europeo y, en mucha menor medida, a la Autoridad Bancaria Europea, lo cual abrirá la puerta a una posible recapitalización directa, con dinero europeo, de las entidades con problemas , lo cual en buena lógica incidirá también en las competencias de fiscalización del Tribunal de Cuentas

A.P. - Como experto en financiación autonómica, ¿cree que existe margen en el modelo actual para una mayor cesión tributaria a las Comunidades Autónomas o, por el contrario, cree que se debería caminar hacia un cambio de sistema, bien sea hacia uno basado en una mayor coordinación multilateral o bien hacia otro sostenido en relaciones bilaterales entre las Comunidades Autónomas y el Estado?

Mi opinión es que existe claramente un margen suficiente para que las CC.AA lleven a cabo cambios en los impuestos propios y, sobre todo, en los cedidos con capacidad normativa, para afrontar ajustes de gasto de cierta envergadura, ajustes que por cierto no tienen que recaer sólo en medidas tributarias, sino que exigirán replantearse otros aspectos, como el sentido del sector público empresarial autonómico, la política de personal o el sistema de presupuestación y gestión de las inversiones.

Animaría a los lectores interesados a que consulten la página de los gestores presupuestarios estatales norteamericanos (www.nasbo.org), para ver ejemplos abundantes de cómo se producen los ajustes presupuestarios en un país que ha asumido sinceramente el federalismo y acepta sus reglas.

Lo que nos falta en España es un verdadero mecanismo de coordinación multilateral. En este sentido, creo que debería evitarse el bilateralismo y que sería bueno que todas las medidas de reforma de la financiación autonómica deberían pasar por el órgano multilateral competente (de momento, habría que pensar en el Consejo de Política Fiscal y financiera, dada la inoperatividad del Senado). Aclaro que al decir todas me refiero también a las negociaciones del Cupo y Concierto de las comunidades forales

A.P. - ¿Existe un problema de configuración del mapa municipal en España o es más bien un problema de financiación de las Haciendas Locales? En su caso, ¿qué papel deberían jugar las Diputaciones provinciales en las Comunidades Autónomas donde todavía existen?

Partiendo de la concepción fundamental del Municipio como un ente prestador de servicios públicos, creo que no puede haber una Hacienda municipal que funcione donde no existe base demográfica ni económica para obtener recursos suficientes. Los municipios existentes se configuraron en un momento histórico en que tenían pleno sentido, en una economía esencialmente agrícola y con una población mucho más dispersa, que no había experimentado el fuerte proceso de concentración urbana del siglo XX. El ejercicio de realismo municipal que hicieron nuestros tatarabuelos es el que nosotros no estamos siendo capaces de imitar.

Sobre el segundo asunto, en un Sector público descentralizado como el español, creo que esa decisión debería corresponder a cada Comunidad Autónoma

A.P. - A la hora de plantear una reorganización del Sector Público, ¿no cree que se está mezclando interesadamente el debate sobre la supresión de empresas públicas, fundaciones o entes con las funciones a desempeñar por instituciones y órganos estatutarios, caso de los Órganos de Control Externo?

Coincido en que ese es un debate confuso, puesto que las funciones o tareas encomendadas a las empresas o entes autonómicos tiene un carácter generalmente coyuntural, mientras que la tarea de fiscalización y control presupuestario pertenece al núcleo duro de la gestión pública, al ser una exigencia permanente. Más aún, los informes de fiscalización de los órganos de control externo pueden ser un buen instrumento para detectar los entes públicos que con cumplen su cometido o lo hacen de forma no eficiente y por ello deben ser objeto de supresión o reforma

A.P. - Una última cuestión: ¿cambiaría sus respuestas anteriores si España finalmente es “rescatada”?

No, no cambiaría ninguna de ellas