martes, 2 de enero de 2018

Gobiernos y locuras


Son días propicios para recogerse y meditar. Incluso para hacer balance, pero no demasiado, no vayamos a tener un patrimonio neto negativo de nuestra historia reciente.

A lo mejor es bueno que el gobierno –mejor sería nombrarlo en plural- piense en una amplia remodelación de áreas y departamentos, habida cuenta de que inauguramos ejercicio con triple prórroga de presupuestos, tanto en el Estado, como en una buena parte de las comunidades autónomas (incluido el Principado de Asturias) y en la mayoría de ayuntamientos. Si lo excepcional empieza a ser normal, cosa que por cierto no es nada saludable, ¿por qué no jugamos hasta el final e imprimimos un ficticio impulso a la gestión?

Para empezar, me gustaría que hubiese una eufónica consejería de cultura y agricultura. O una concejalía de todo el ambiente nocturno, porque no me conformo con el medio ambiente. En cambio, suprimiría la concejalía de festejos o, mejor, ampliaría sus competencias para incluir ferias, fiestas, desgracias y funerales. Todo sea por el ahorro de costes y sueldos públicos.

Quizás fuese bueno un orwelliano ministerio de justicia, paz y amor. Y hasta otro de perros y jardines, puesto que estos seres vivos han dejado de ser cosas (lo dice la ley) y se lo merecen. Si en el pasado había un Ministerio de Relaciones con las Cortes, ¿por qué no uno de divorcios y separaciones del parlamento? Sería incluso ineludible en estos tiempos.

Juzgo necesaria una consejería de medio rural, pero también otra de medio urbano y otra de medio hostil. Por esa misma regla de tres, si ya hay un departamento de juventud, quiero sus homólogos de infancia, pubertad, adolescencia, madurez, senectud, vejez y mediana edad.

Los economistas pensamos que nada tiene sentido sin una consejería o concejalía de cuentas, pero otra a su lado de cuentos, es decir, las cifras y las letras, convenientemente separadas y coordinadas, como resumen de nuestra vida.

Los asuntos exteriores e interiores disponen de sus respectivos ministerios, faltaría más, pero no encuentro su equivalente de asuntos intermedios. Hay cosas que no están dentro ni fuera, sino todo lo contrario.

Para gestionar el Estado del Bienestar, dos opciones: la positivista o la trágica. La primera designaría los departamentos de alegría, sapiencia, autonomía, pleno empleo y renta total. La segunda, por el contrario, nos dejaría los simétricos de achaques, analfabetismo, dependencia, paro e inseguridad social.

En fin, no se crean nada. O puede que sí.

Publicado en La Voz de Avilés el 2 de enero de 2018 


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