domingo, 31 de diciembre de 2017

A por los cuarenta


Terminó el año 2017. El de las bodas de plata de tantas cosas felices. Por decir solo tres: Exposición Universal de Sevilla, Juegos Olímpicos de Barcelona y Teatro Palacio Valdés de Avilés. Empieza ahora el que para mí y muchos de mi quinta será el cuadragésimo punto del contador. Quienes nacimos en aquel lejano 1978, año chino del caballo, tenemos senda propia, pero lo mejor, una larga galopada por delante.

Durante el año que comienza se cumplirán cuarenta de la Constitución Española y también de la instauración del Consejo Regional de Asturias, antecedente inmediato de nuestra comunidad autónoma. En la norma de creación se manifestaba con claridad que Asturias tiene “entidad regional histórica”, algo que todavía hoy conviene seguir recordando a algunos.

En aquel 1978 hubo hasta tres papas: el que se fue (Pablo VI), el que prácticamente no llegó (Juan Pablo I) y el que vendría para quedarse bastante tiempo (Juan Pablo II). En el cine se estrenaban Grease, Supermán, la segunda de Tiburón o La escopeta nacional. Víctor Manuel lanzaba su álbum Soy un corazón tendido al sol, donde incluía temas que ya son universales, como Solo pienso en ti o el que da título al disco. También arrancaban su carrera Dire Straits, con la mítica canción Sultans of Swing y Camilo Sesto lo petaba con Vivir así es morir de amor, mientras se gestaba la movida madrileña y el Premio Planeta iba para La muchacha de las bragas de oro de Juan Marsé. En deportes, Bernard Hinault se llevaba el Tour de Francia y la Vuelta Ciclista a España. En fútbol y Eurovisión, nada nuevo: ganaba la Liga el Real Madrid y España volvía a perder, esta vez con el vals de José Vélez.

Curiosa cifra la de cuarenta años, importante, pero no menos que otras, a pesar de que la música no le dedica muchas letras, frente a otros números mágicos que todo el mundo canta y tararea.

Por ejemplo, censuras civiles e incorrecciones aparte, los quince años que tienen el amor del Dúo Dinámico, la “chica importante” bajo el arco iris de Nicola di Bari, las dos “mujeres” de Aute o la pareja de Serrat que se susurraba palabras de amor, sencillas y tiernas. Un poco mayor era Aida cuando la mataron, dieciséis años tenía, guapos años, gayasperos, gritaban desde Nuberu con rabia.

Veinte años no es nada, dice el archifamoso tango de Gardel, aunque no parecían estar muy de acuerdo la letra de Vázquez Montalbán y la voz de María Dolores Pradera, cuando se quejaban con amargura de que tenías veinte años y yo no tenía edad. Nadie parece acordarse de los cuarenta. Quizás la excepción sea Sabina, muy preocupado por ello en el blues de lo que pasa en su escalera o cuando lloró los “cuarenta y diez” (cuarenta y nueve dicen que aparento). De otra forma, también el tocayo Roberto Carlos lo hace para describir a esa Mujer de cuarenta. Más lejos aún llegó La Oreja de Van Gogh, cuando nos relató una bonita historia sucedida en una playa hace más de cincuenta veranos. En cualquier caso, todo muy triste (mejor ni mencionar la ñoñería de José José, con el “otoño” de mis cuarenta y la “dulce primavera” de tus veinte).

Como aquella clásica, me pregunto “el día que nací yo, qué planeta reinaría”. No tengo ni idea, pero si leemos las portadas de los periódicos de aquel 12 de mayo, vemos que las Cortes Generales acordaban que España iba a ser una monarquía parlamentaria (y ahí seguimos) o que el Ayuntamiento de Madrid no pondría multas de circulación durante la semana del patrono, eso sí, dejando en el parabrisas del infractor una amable nota de advertencia, quizás como antecedente del buenismo.

En fin, entonemos esa de Alphaville (Forever young) o, siguiendo de nuevo a Serrat, ahora que hace veinte años que tenía veinte años, pensemos también en el Cuarentenario del cubano Vicente Feliú: “cuarenta es la razón de cuánto queda por delante”. 

Publicado en El Comercio el 31 de diciembre de 2017

No hay comentarios: