jueves, 25 de junio de 2026

Economía esencial

 
 
Francisco J. Delgado Rivero acaba de publicar libro. Y no es uno cualquiera. Es un libro digital en papel o, viceversa, un libro en papel con versión digital extendida. Pero más allá de la forma, innovadora, me voy al contenido.

Fran es un grandísimo docente (puedo dar fe como compañero suyo) y un investigador acreditado (eso ya lo certifican las agencias de evaluación y los trabajos publicados). Es también un excelente divulgador de la economía útil (también doy fe), esa que salva y mejora vidas, no la que se entretiene en otras disquisiciones que, siendo muy respetables, veo más propias de otras disciplinas.

Ahora nos ilustra con un compendio de economía esencial que “bien vale una misa”, o sea, una lectura comprensiva de su contenido, asequible y riguroso en todo momento. Pero no es una novela que aparcamos una vez leída. No. Porque también es un cierto manual introductorio de economía, el cual recomiendo dejar en la mesita o en el escritorio para echarle el ojo de vez en cuando. Desde luego, no es un folleto de un gurú de la nada, como otros que circulan por ahí.

Dice el prologuista (p. 13: cito por el papel) que la economía no es difícil, “el problema es que hemos decidido colectivamente que entenderla es opcional”. Ahí cumple su función principal el libro de Fran.

El libro hace autocrítica del oficio, con los manidos tópicos de que los economistas predecimos el pasado e incluso a veces fallamos en eso. En un momento, Fran (pp. 54-55) se centra en la dificultad técnica de la predicción económica -indudable- pero no dice que esas predicciones -además- condicionan el resultado real. No es difícil ver cómo se utilizan las expectativas de forma torticera y cómo una tormenta económica que se avecinaba luego queda en orbayu, pero por el medio se han frustrado proyectos y riquezas de manera interesada. En el capítulo 11 el autor se redime, al abrir el foco con los temas claves de este presente que ya es futuro.

En otro punto, insiste mucho en la calidad de la medición del PIB como indicador de progreso, “supremo, pero no único” (perdón por el símil con el Tribunal de Cuentas) y recuerda que el desarrollo humano se puede medir de otras formas. Esto demuestra que Fran es un amante de la buena estadística y de la transparencia, pero sobre todo un economista social. Y esto también es “esencial”.

Coincidimos en muchas cosas, como la escasa conciencia del propio gasto (p. 69), lo perentorio de mejorar la educación económica y financiera a todos los niveles (pp. 70-72) o el escaso compromiso de los trabajadores con su trabajo (p. 94). Las tres cosas y algunas más son auténticos dramas. Me gusta también mucho el animalario de empresas (pp. 89-93), aunque yo hubiera incluido algunas otras especies de depredadores que no encuentro.

Mención aparte merece la parte dedicada a la economía del sector público (capítulo 5), de la que ambos, junto con nuestros comunes maestros y colegas, nos hemos ocupado durante muchos años. Desde el enfoque académico y desde la práctica de la gestión; los dos hemos pasado de las musas al teatro. Fran aporta recetas sencillas, pero eficaces. Enfoca los problemas y sugiere soluciones. Y plantea dudas que -me temo- seguirán presentes. De esto podríamos seguir hablando mucho tiempo, así que lo dejo de momento.

Dos reflexiones finales. Una, para constatar que, a pesar del enfoque global, el libro tiene muy presente a Asturias, nuestro paraíso particular. Por eso comienza el libro citando el verso del poeta Campoamor (p. 16) sobre la relatividad de los enfoques. O por eso cita a los eminentes Jovellanos, Campomanes y Flórez Estrada (p. 23) entre los nombres propios que nadie debe dejar de leer y estudiar. Añade a Fuentes Quintana, maestro de hacendistas españoles, que no es asturiano, pero sí Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo.

El último apunte lo coloco en imperativo: pasen y lean. 
 

lunes, 15 de junio de 2026

Suarías y la ejemplaridad


Lo pequeño es hermoso

E. F. Schumacher

Asturias se pronuncia en plural porque, como decía un lema turístico, hay muchas y todas están muy cerca. Esta diversidad es nuestra principal riqueza y el gran motivo de orgullo por nacer o pacer en esta tierra.

Tenemos Asturias de mar y monte; de carne, huerta, leche y pescado; de ríos y playas, de ciudades, pueblos, villas y aldeas; de industria y servicios; de lenguas y culturas. De verde y negro, como en el poema de Pedro Garfias, musicado por Víctor Manuel. De azul y oro, como nuestra bandera. Un universo que llamamos paraíso porque lo es.

Cada rincón de Asturias es una joya y, como en el libro que encabeza estas líneas, “lo pequeño es hermoso”. La contraparte ha sido una asturianía sólida y sincera cuando estamos fuera, pero demasiado local cuando estamos aquí. Lo advirtió Ortega (“los asturianos se sienten región, pero no se saben región”) y lo remarcó el presidente Rafael Fernández (“nuestro regionalismo es claro cuando estamos fuera de nuestra tierra; dentro, la cosa ya es de un localismo feroz”). Hagamos Asturias.

Hoy recalamos en Suarías. Divisamos un impresionante valle, recorrido por ríos que son testigos de una historia milenaria, incluida la más reciente, la del Estatuto de Autonomía. Desde Suarías se atisba el Cantábrico y se percibe la protección de unas montañas que caen despacio hasta la costa, como resistiéndose a perder su fuerza en el horizonte salado. Suarías encierra la esencia de Asturias. Es un ejemplo que quiere ser ejemplar. Méritos y ganas le sobran: fiestas, asociacionismo, carrera Blincapeñas, museo-archivo de la música. El cuidado de un patrimonio colectivo con el cariño y la modestia de quien quiere y, por tanto, puede.

Cuando se pregunta a una persona por las motivaciones para vivir en un lugar, hablan de vivienda, trabajo, servicios públicos, ocio, paisaje, calidad de vida. La misma pregunta formulada a las empresas arroja respuestas sobre suministros, clientes, proveedores, energía, mano de obra, comunicaciones, telecomunicaciones. El avance tecnológico cambia algunas restricciones y borra otras. Pensemos en las ventajas del comercio electrónico, el teletrabajo o la formación a distancia, impensables hace no tanto tiempo. Lugares donde antes se hacía difícil vivir o trabajar, hoy vuelven a ser atractivos. Pero la vaca no se cata sola, ni la yerba se siega desde otro lugar. Hay que estar.

La despoblación rural en Asturias es un hecho, acelerado en las últimas décadas. La comarca oriental no es la peor, frente a la del suroccidente, donde las cifras apuntan a drama. Y, desde luego, este fenómeno no es inocuo porque implica deterioro paisajístico, abandono del sector primario, brecha digital, desequilibrios de renta y riqueza, envejecimiento, desigualdad o inequidad en el acceso a servicios públicos. En suma: la destrucción de un modo de vida. Pero no estamos aquí para exhibir el drama. La ejemplaridad implica presumir de pasado, trabajar el presente y empedrar el futuro.

Alguien como yo, ajeno a Suarías y que -por desgracia- tardó muchos años en conocer este lugar, se contagia pronto de su ilusión. La de vecinas y vecinos, con la asociación El Cantu La Jorma al frente, cuyo empeño es encomiable. Y lo afirmo mientras digo que todos los demás pueblos tienen mi consideración, pero a Suarías ya le toca. Por indudables cualidades, pero también por su persistencia.

La lucha contra la despoblación rural cuenta con una estrategia integral y coordinada en Asturias, en toda España y en la Unión Europea. El reto demográfico se ha destacado en la agenda política y dispone de instrumentos y leyes transversales. Ahora solo falta llevar a término cada medida concreta. Empezamos a ver algunos positivos resultados.

Deseemos un final feliz, desde la atalaya de Suarías. Brindemos para que esta maravilla sea reconocida como ejemplar. Suerte y felices fiestas.



Publicado en el libro de las fiestas de San Antonio de Suarías de 2026 
 
 

lunes, 30 de junio de 2025

Se murió José Antonio Redondo

José Antonio Redondo
FOTO: XOÁN A. SOLER

Se nos acaba de ir José Antonio Redondo. Demasiado pronto y demasiado rápido. Discretamente, como era él. A la vera de la ría.

El impacto de la noticia me pilla en tierras británicas y esto me va a impedir acompañar a su familia y al equipo del Consello de Contas en estas horas tan difíciles. Lo haré en cuanto tenga ocasión, pero desde aquí mando ya mi fraternal abrazo en mi propio nombre, así como el pésame de toda la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias.

Hace un año tuve el privilegio de participar en el homenaje tributado a José Antonio en el paraninfo de Fonseca, con motivo de su merecida jubilación. Hablé desde la óptica de alguien que tuvo la suerte de compartir unos años de trabajo en el control externo desde nuestras instituciones hermanas, con algunos momentos inolvidables en Compostela (por supuesto), Carril o Madrid, por citar solo algunos ejemplos. En todo caso, llamarle compañero sería por mi parte un exceso. Si acaso, me declaro un modesto aprendiz suyo, un alumno de quien fue un auténtico profesor y maestro en tantas cosas.

Hace escasamente dos meses, la Junta General del Principado de Asturias renovó mi mandato como síndico mayor. Ya entonces, uno de mis primeros mensajes fue precisamente a José Antonio para darle la noticia. Y no solo me felicitó, cosa que sería fácil y hasta rutinaria, sino que sobre todo me recordaba su amistad, su disposición y su cariño. Guardo ese mensaje como un tesoro. Ahora, aún más.

Es muy fácil señalar cosas buenas de José Antonio Redondo. Pero como decimos en Asturias, sobre todo, era un gran paisano. Un señor de los pies a la cabeza, tranquilo, reflexivo, cariñoso, honesto, y, desde luego, un grandísimo profesional en todas sus facetas, académica, gestora y de control externo.

Te echaremos mucho de menos, José Antonio. Descansa en paz.

 

Publicado en La Voz de Galicia (29 de junio de 2025) y en La Voz de Asturias (30 de junio de 2025)

 


viernes, 11 de abril de 2025

Hay un gallego en la luna que ha crecido en Avilés


A Damián Barreiro Maceiras, in memoriam

Años noventa del siglo pasado. Antroxu avilesino en su apogeo. El Descenso de Galiana era de otra manera, gamberro, quizás más inseguro, pero muy popular. Recuerdo algún conato de motín en los exteriores del pabellón de La Magdalena, con final feliz. O que la Policía Local (esto no sé si fue leyenda) pasaba controles de alcoholemia en el recorrido. Y un dato para presumir: se retransmitía en directo por una tele local, Canal 21, cuando la TDT o la TPA no eran más que utopías. Cerca de aquí, la Televisión de Galicia llevaba ya una década emitiendo programas y contenidos propios.

Cuando la espuma bajaba de nivel, salíamos de nuevo al Parche a disfrutar de la entrega de premios y la verbena. En una de esas noches musicales actuaba Zapato Veloz, el grupo que lo petaba (el verbo es también de la época), con dos asturianos, un gallego y un Tractor amarillo, aunque algunos preferíamos la Pandeirada sideral, esa del gallego en la luna que ha venido del Ferrol.

En fin de año nos reuníamos un buen puñado de gente en las fiestas de Nochevieja del Lar Gallego. Creo que aquellos años fueron buenos, aunque un observador presentista (incluidos algunos de mis amigos) solo vería alegalidades varias y demasiada troza. Ahí siguen el Lar Gallego, la Taberna Gallega y el mesón Rías Baixas, a los que se han sumado la pulpería A Feira (antigua confitería San Francisco) o La Quinta (el añorado cine Marta y María). El círculo astur-galaico funciona.

En la comarca de Avilés se había inaugurado un poco antes la acería LD-III, símbolo de la reconversión siderúrgica. También la Dupont recalaba en esta tierra “porque hemos encontrado las condiciones que buscábamos: ética del trabajo, infraestructura y ubicación”. Son palabras textuales de Edgar S. Woolard, presidente a la sazón de la multinacional. Repitámoslas despacio: ética del trabajo, infraestructura y ubicación. Hoy podríamos añadir la sostenibilidad ambiental, para que pongamos en valor la potencia industrial de nuestra tierra, antes, ahora y siempre, compatible con la preservación del medio natural. Galicia también, si no lo estropean con alguna iniciativa arrasadora.

Damián Barreiro Maceiras había nacido en A Estrada, en el corazón de Galicia, no muy cerca del mar, pero tampoco tan lejos como para obviarlo. Tierra profunda, tanto como sus ríos. Es curioso que, con todo lo que nos une a gallegos y asturianos, ciertas vertientes gastronómicas no las compartamos (sirvan la pesca y el cocinado de la lamprea como ejemplo, o los oricios, bastante más apreciados por aquí).

Los apellidos delatan a Damián. No podría -ni quería- negar su origen gallego, evidente y casi epifánico. Pero esta identidad de nación estaba al nivel de importancia que la otra de pación y pasión por Asturias. No le gustaban los lugares comunes, ni los eslóganes sin nada debajo, pero hay una expresión que, a mi modesto entender, le encaja como anillo al dedo, analizando su biografía profesional.

Damián se licenció en Periodismo en la Universidad del País Vasco, completó un máster en la Universidad Oberta de Catalunya y terminó de formarse en la Universidad de Oviedo y en la Academia de la Llingua Asturiana. Fue un ciudadano de esa España plural que existe y está viva. Una España con varias lenguas e historias, aunadora de peculiaridades culturales, políticas, económicas y sociales. Una España que pide superar el uniformismo y las estrecheces del cinturón de la M-30. También en la televisión.

La familia de Damián eligió Avilés para vivir y él volvió a optar por nuestra villa al acabar sus estudios, convirtiéndose en un asturiano más. Aquí pergeñó varios de sus libros y grabó los contenidos de su canal de Youtube Horros y frixuelos, con camisetas de sus admiradas Rosalías (De Castro y la otra) y, por supuesto, la Santina de Covadonga.

En esos vídeos nos mostraba con humor punzante todo lo que somos como pueblo asturiano, pero también todo lo que aún podemos ser, si queremos, sabemos y nos dejan. Hablaba de lo mucho que aparentamos y presumimos fuera, pero de lo poco que hemos hecho en común a lo largo de los siglos, embebidos por el localismo, explicable en parte por la geografía, pero poco justificable. Este problema lo advirtió hace más de un siglo Ortega y Gasset (“los asturianos se sienten región, pero no se saben región”) y lo remarcó el presidente Rafael Fernández (“nuestro regionalismo es claro cuando estamos fuera de nuestra tierra; dentro, la cosa ya es de un localismo feroz”). Este fenómeno de la renuncia histórica lo han estudiado con profusión, entre otros, Patrick W. Zimmerman (gracias por la recomendación, Damián), David Guardado (que retrocede hasta la Edad Media) o Carlos Gordon (para los tiempos de la II República). Antes, Juan Cueto o Pedro de Silva, por citar solo dos referencias ineludibles.

En sus vídeos y libros, Damián pone el ingrediente necesario para que nos demos cuenta de que la moda asturiana, incluido el traje del país, puede ser un punto de fuga innovador. Recordemos el bombazo de Rossy de Palma en el pregón de El Bollo, vestida por Kös y publicitada en todo el mundo por Jean-Paul Gaultier. ¡Casi nada!

Con permiso de su amigo Rodrigo Cuevas, solo Damián sabía hilar tan fino como para conectar la asturianía tradicional con el festival de Eurovisión, anteriormente conocido por sus canciones… y ahora por todo lo demás. Se preguntaba con razón por qué siguen primando las candidaturas españolas con cierto estilo del sur (contra el que no hay nada malo que decir), pero queda coja la vertiente -también española- del folklore celta en general y asturiano en particular. Estaba indignado con la exclusión de Tanxugueiras, sobre la que tenía su hipótesis, seguro que no alejada de la realidad. Ese galleguismo pop lo envidiaba para Asturias, a pesar de que talento y categoría nos sobran por estos lares. ¿Nos acordamos cuándo mucha de la sidra era puxarra y las botellas ni llevaban etiqueta? Pues hoy tenemos denominación de origen protegida y nuestra cultura sidrera es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Querer es poder.

Damián adoraba lo kitsch, o sea, todo lo de “estética pretenciosa, pasada de moda y considerada de mal gusto”, según el Diccionario de la lengua española. Hasta le dedicó una monografía y con ese texto logró el Premio Máximo Fuertes Acevedo de ensayo en asturiano, un galardón que ya había obtenido en dos ocasiones anteriores, con Caleya Sésamu y Asturploitation. La televisión no era para Damián la “caja tonta”, sino un medio con un potencial enorme para fines de comunicación, divulgación y promoción, además de un yacimiento de renta y empleo, alrededor de la creación propia. La tele es L'espeyu onde miranos, por usar otro título de sus libros , en este caso, reconocido con el Premio Fierro Botas de ensayo.

Sobre el cine, Damián también nos rescató algunas míticas películas rodadas en Asturias, caso de Altar mayor (1944) o La montaña rebelde (1971). La primera estaba basada en la novela homónima de Concha Espina, rodada en Covadonga y con uno de los papeles principales para María Dolores Fernández Pradera (sí; la Gran Dama), madrileña de nacimiento, pero con orgullosos orígenes asturianos por parte de padre. Aún me queda su recuerdo en el Teatro Campoamor de Oviedo, con una elegancia suprema y ya más de ochenta años, entonando una vaqueirada a capela. Una delicia.

En 2022, Damián fue invitado a participar una mesa redonda en el Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea), dentro de un ciclo de conferencias dedicado a los primeros cuarenta años de autonomía asturiana. Hizo una brillante intervención sobre la lengua asturiana, defendiendo sin ambages la oficialidad, con argumentos culturales, lingüísticos y económicos. Uno puede estar de acuerdo o no con sus reflexiones, como con otras tantas cosas en la vida. Pero quien trate de rebatirlas no podrá servirse del titular facilón, sino que tendrá que armar una defensa con datos y rigor. Reivindico los debates de este tipo en el parlamento, en la tele y en el chigre. Con cortesías, buen tono y sensatez, no con facciones irreconciliables, aplausos a la tribu o insultos. Habrá quien los considere más aburridos o menos virales, pero me parece que son más útiles.

El libro que editó el Ridea lleva las sabias palabras de Damián. Me permito reproducir un extracto, a modo de reflexión postrera, casi de epitafio, porque creo que resume su opinión sobre una cultura, la asturiana, que sigue esperando por su autonomía :

«Un pueblu defínese poles manifestaciones populares que les persones producen, nes que la población participa de forma activa y que son resultáu d’una interacción continua. La cultura popular tresmitióse a lo llargo de los sieglos y de xeneración en xeneración de forma oral, pero nel mundu postindustrial una cultura nun pue vivir namás del folclor. El so conteníu va tar determinao poles industries que xeneren el material cultural, como son el cine, la televisión, la radio o les editoriales. Una cultura nunca ta definitivamente construída y nunca ye dalgo ciarrao: depende de procesos abiertos. Les polítiques de cultura y de comunicación lleven al conocimientu, a la promoción de valores y a la meyora de la calidá democrática d’una sociedá, pero tamién a la modernización de la industria productiva y a la busca de sectores económicos nuevos, amás de ser una fonte de cohesión social».

Damián nació gallego y murió gallego… y asturiano. Se hizo de aquí a fuer de haber visto las primeras luces en Galicia, para terminar de apagarse en la calle de Las Alas o del Moclín. Un mítico bar que conocí con una colección de aparatos de radio, lo transité después entre amigos y música, para luego verlo cerrar, aunque no caer, contra todo pronóstico gravitacional. Ahí sigue su estructura y creo que Damián me apoyaría en la manifestación para que algún día vuelva por sus fueros. Ese rincón de Avilés tiene algo muy querido para mucha gente. Por ahí estuvieron en diferentes tiempos El Llagarón y La Parra, la muralla y los alfolíes. Hoy ese corazón medieval espera mejores días, para retomar su vida y reencontrarse con la ría, a la que nunca debió volver la espalda.

El callejero de Avilés tiene evidentes guiños a Galicia. Empezando por la propia calle Galicia, en La Carriona. O la del Cabo Ortegal, en Llaranes, donde también está el Río Eo, como unión entre las dos orillas. La Avenida de Lugo es la antigua carreta general y también espera tiempos mejores. En el núcleo urbano sobresale la figura de Concepción Arenal, universitaria pionera, referente feminista y jurista acreditada. A la inversa, son innumerables las notas asturianas en calles de Galicia, lo que nos daría para otro capítulo. Como epítome de todas ellas, cito la Avenida de Asturias, una de las principales entradas a “la llonxana Compostela, stela, stela”, en versos del irlandés Seamus Heaney, Premio Nobel de Literatura, enamorado de Asturias y del pueblo de L’Arena en particular. Cuando el rey Alfonso II inició el Camino como primer peregrino oficial, no podría siquiera imaginar el éxito de la ruta jacobea doce siglos después.

En este país enterramos muy bien. Lo dice mucha gente (Rubalcaba, por ejemplo) y es verdad. En cambio, se nos da mal elogiar en vida (“es tu obligación hacerlo bien”, se suele decir). Hacemos excelentes panegíricos de los muertos, hayan sido buenos, regulares o malos en este lado del éter. Nunca fui a un tanatorio o a un funeral en el que se hablase mal del fallecido. Nunca sueles ver en la tele un finado del que no se diga algo bueno, incluso cuando se trata de un asesino o un dictador.

Nos alerta Héctor Abad Faciolince sobre “el olvido que seremos”. No cabe duda sobre ello. Pero me resisto a que lo injusto de una muerte tan inesperada y pronta sea causa para mandar al ostracismo a quien acumuló méritos personales y profesionales tan valiosos en su vida, como es el caso de Damián Barreiro Maceiras. Suscribo a Paco Ignacio Taibo I, cuyas memorias nos invitan a “parar las aguas del olvido”, con un sutil regusto a la gallega Rosalía En las orillas del Sar. Modestamente, es lo que he intentado.

Hasta siempre, Damián. Como en el tablao de Curro el Palmo que cantaba Serrat, allá donde estés habrá una verbena asturiana o gallega -tanto da- con orquesta en el prau, tonada y muñeira. Y seguirás entonando por celestiales con Xosé Manuel Piñeiro, Ana Kiro o La Pastorina. Igual hay suerte y tienen bolos Diamantina Rodríguez, el gaiteru Llibardón o el tambor de la Abadía.


«Con brisas yo,
tú con vientos,
nos va llevando la vida
como un faro al mismo puerto»

(Ana de Valle)

«La cándida abubilla bebe en el agua mansa
donde un tiempo he creído de la esperanza hermosa
beber el néctar sano, y hoy bebiera anhelosa
las aguas del olvido, que es de la muerte hermano»

(Rosalía de Castro)
 
 
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Referencias bibliográficas (Damián)
  • Barreiro Maceiras, D. (2023). Asturianía kitsch. Decálogu de la cultura pop astur. Xixón: Impronta.
  • Barreiro Maceiras, D. (2022). “Una cultura esperando pola so autonomía”, en Fernández Llera, R. y Rodríguez-Vigil Rubio, J. L. (dirs.). Historias y prospectivas sobre cuarenta años de autonomía asturiana. Oviedo: Real Instituto de Estudios Asturianos / Ediciones Trea, pp. 315-322.
  • Barreiro Maceiras, D. (2019). Asturploitation. Uviéu: Trabe.
  • Barreiro Maceiras, D. (2015). Caleya Sésamu. El papel de la televisión na tresmisión interxeneracional d’una llingua. Xixón: Impronta.
  • Barreiro Maceiras, D. (2014). L’espeyu onde miranos. Televisiones de proximidá n’Europa Occidental y procesos de recuperación identitaria. Uviéu: Trabe.
Referencias bibliográficas (otros autores)
  • Cueto Alas, J. (1977). Los heterodoxos asturianos. Salinas: Ayalga Ediciones.
  • De Silva Cienfuegos Jovellanos, P. (1976). El regionalismo asturiano. Salinas: Ayalga Ediciones.
  • Gordon Rodríguez, C. (2024). ¡Esperemos! Así nos lo mandan. El debate sobre l’estatutu asturianu na II República. Uviéu: Trabe.
  • Guardado Díez, D. (2023). Nunca vencida: una historia de la idea d'Asturies. Xixón: La Fabriquina.
  • Zimmerman, P. W. (2014). Faer Asturies. La política llingüística y la construcción frustrada del nacionalismu asturianu (1974-1999). Uviéu: Trabe.


Publicado en El Bollo, 2025
 
 

miércoles, 15 de mayo de 2024

Las cuentas de Redondo, Galicia y Asturias


Se jubiló José Antonio Redondo López, conselleiro maior del Consello de Contas de Galicia entre 2015 y 2023, a quien conocí desempeñando las máximas responsabilidades en nuestros respectivos órganos de control externo (OCEX). Un tiempo suficiente para distinguir a un maestro en lo suyo, un líder con sentidiño y una persona excepcional.

Los OCEX ocupan un papel central en la arquitectura institucional de las comunidades autónomas. Su habitual reconocimiento en los estatutos de autonomía les otorga una incuestionable legitimidad democrática en origen, a la que se añade la elección parlamentaria reforzada de sus miembros, con garantías de independencia y exigencias técnicas. De otro lado, la legitimidad de ejercicio de los OCEX se plasma cada día en informes de fiscalización y asesoramiento a los que, en el caso gallego, se añaden las actuaciones en materia de prevención de la corrupción.

Evoco a Unamuno cuando decía “inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones”. En ese sentido, bajo la presidencia de Redondo, el Consello de Contas ha sabido inventar, con unos recursos siempre escasos, compensados con una eficaz dirección y un valioso desempeño del personal. Parafraseando ahora a Ghandi, no hay camino para la calidad; la calidad es el camino. Es la manera de ser útiles a la sociedad a la que servimos.

Como bien sabemos, España es un Estado cuasifederal en la práctica, aunque todavía debemos pulir esquinas y engrasar instrumentos de coordinación y cooperación. Pues bien, en el control externo nuestra cooperación multilateral se formaliza en la Asociación de Órganos de Control Externo Autonómicos (Asocex) que, a su vez, se incardina en la coordinación con el Tribunal de Cuentas. Sin exageración, creo que ambas modalidades son de las cosas que mejor funcionan en el Estado de las autonomías. Y José Antonio tiene mucho que ver en ello. Así lo demostró cuando ejerció como presidente de Asocex entre 2022 y 2023, promoviendo la aprobación de valiosas guías prácticas de fiscalización o poniendo en marcha las comisiones de Formación y Digitalización.

Con José Antonio Redondo también comparto la condición de profesor universitario. No osaré resumir sus vastos méritos académicos, pero me basta constatar que es un reputado especialista en finanzas y un pionero de la disciplina. Destacaré solo una aportación, de la que me consta que se siente muy orgulloso. Cuando España apenas despertaba de aquella “longa noite de pedra”, al decir de Celso Emilio Ferreiro; cuando la economía mundial se resentía de las crisis del petróleo; cuando las bibliotecas digitales o la inteligencia artificial eran ciencia ficción, el profesor Redondo nos descubrió un revelador libro: La medida del beneficio en inflación: contabilidad, economía y aspectos financieros, de Goldschmidt y Admon. Pues aquí seguimos, preocupados por los efectos de la inflación, cuatro décadas después.

Finalmente, como asturiano, me siento primo y hermano. La relación entre mi tierra y Galicia va mucho mas allá de la vecindad administrativa y de la historia en común. Aquí recaló hace doce siglos Alfonso II, rey de Asturias, considerado el primer peregrino oficial. En la plaza de la catedral de Oviedo está su estatua conmemorativa, cuya réplica encontramos en el corazón de Compostela.

La amistad entre nuestras dos comunidades autónomas es un hecho, dentro de la lealtad a España y al proyecto europeo. Compartimos preocupaciones, por ejemplo -y no es asunto menor- en la financiación autonómica. Aprovecho para poner en valor esa alianza estratégica de 2021, suscrita por ocho gobiernos de comunidades autónomas.

Asturias es “el más europeo de los reinos españoles”, afirmó Salvador de Madariaga, coruñés universal. El excelso Cunqueiro nació en Mondoñedo, pero concibió parte de su obra en la villa asturiana de Luarca. Y Galicia y Asturias compartimos a los dos poetas que han escrito con más sentimiento a la emigración, un fenómeno social y económico que conocemos muy bien en ambas tierras. El ourensano José Ángel Valente, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, advirtió que “lo peor es creer que se tiene razón por haberla tenido”. El gijonés Alfonso Camín, Hijo Predilecto y Poeta de Asturias, habló de la sidra como “canción de Asturias, nostalgia y armonía; el corazón maduro con la ansiedad bravía”. Por cierto, si no hay imprevistos, este año la cultura sidrera asturiana será declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. 

Echamos de menos a José Antonio en el sistema de control externo, pero su legado permanece y trataremos de darle continuidad, también desde la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias. En la universidad, estoy seguro de que el profesor Redondo nos seguirá brindando su magisterio en los foros académicos. Y, cómo no, desde Asturias le seguiremos enviando todo el cariño a él y a su familia. 
 
 
 Publicado en La Voz de Galicia el 15 de mayo de 2024
 

sábado, 27 de abril de 2024

El sector público local en un renovado pacto interno de estabilidad


Se acaba de presentar el número 185 de la revista Economistas, editada por el Colegio de Economistas de Madrid. En el monográfico se hace un balance de la economía española en el año 2023, incluyendo entorno internacional y geopolítica, mercado laboral, capital humano y demografía, actividad profesional y empresarial, sector público, análisis sectorial y regional, sistema financiero, economía circular y sostenibilidad, economía digital y perspectivas, así como una reseña con las aportaciones de la premio Nobel de Economía de 2023, Claudia Goldin, por sus estudios pioneros sobre la brecha salarial en las mujeres.

Aquí están el sumario y la revista completa.

Mi artículo lleva el título de esta entrada del blog. En el cuarto y último año de suspensión de las reglas fiscales, el sector público local volvió a liquidar en términos agregados con superávit. El fuerte crecimiento de los recursos se relaciona con la entrada de fondos europeos de recuperación y resiliencia, pero también con una dotación adicional del Estado para compensar la liquidación negativa del sistema de financiación de 2020. Hay alertas sobre el crecimiento futuro del gasto corriente, pero en todo caso el gran desafío será definir a corto plazo un renovado pacto interno de estabilidad. A los efectos que procedan, advierto expresamente que el trabajo se cerró el 30 de enero de 2024 (no es baladí, tal y como evolucionan los acontecimientos últimamente). 
 
 

viernes, 12 de abril de 2024

Una visión asturiana y externa del centenario de la habilitación nacional

GASPAR MEANA

 
Se conmemora en 2024 el primer centenario de los cuerpos de secretaría e intervención de la Administración local, creados en virtud del Estatuto Municipal. Una norma de la dictadura primorriverista, con impronta en etapas tan diferentes como la democracia republicana, la otra dictadura (franquista) y la actual monarquía parlamentaria. Nuestras ya casi cuarentonas leyes de bases y de haciendas locales son también deudoras suyas.

El Estatuto Municipal se asocia a su principal hacedor, Calvo Sotelo, sin olvidar a Flores de Lemus (imprescindible en materia de hacienda) y antecesores como González Besada (ministro en la Restauración) o Posada (catedrático del Grupo de Oviedo). La asturianía de D. Adolfo es indudable, pero quizás no se conozca tanto que el andaluz Flores de Lemus se licenció en la Universidad de Oviedo, o que el gallego González Besada fue declarado Hijo Adoptivo de Asturias. Además, Calvo Sotelo y González Besada nacieron en Tui, en el Bajo Miño, donde se pesca la angula y se honra a San Telmo, igual que en L’Arena, en el Bajo Nalón. ¿Culminará pronto el solicitado hermanamiento entre las dos localidades marineras?

El Estatuto Municipal venía a “oxigenar la vida municipal”, combatiendo el caciquismo con los instrumentos del “cirujano de hierro” (Costa dixit) que pretendía ser Primo de Rivera. Y ahí entraban los nuevos cuerpos nacionales. Su creación fue trascendente, pero hubiese sido un cascarón vacío, de no haber ido acompañada de reglamentaciones sobre selección del personal (por oposición), provisión de vacantes, régimen económico y régimen administrativo-disciplinario. No descubro nada cuando digo que, una centuria después, las mismas cuestiones siguen siendo origen de pleitos y dolores de cabeza.

El acceso por oposición al empleo público es, como la democracia de Churchill, “el peor sistema, a excepción de todos los demás que se han inventado”. Eso no impide reclamar un debate sosegado y riguroso sobre este método, sin dramatismos y sin populismos. Entre otros aspectos, revisando temarios y pruebas de otro siglo, aprovechando la tecnología para acreditar conocimientos y competencias. O algo tan sencillo como hacer compatible un examen uniforme con la descentralización de sedes, para que no todo pase por Madrid (por cierto, ya previsto en el Estatuto Municipal). La igualdad de oportunidades en una oposición nunca debe ser una quimera para personas con alta capacidad intelectual y renta baja.

La ley vigente permite proveer vacantes por concurso o por libre designación, siempre bajo los principios de igualdad, mérito, capacidad y transparencia. La estabilidad en el puesto de trabajo es independencia y progresión profesional, pero sobre todo ha de ser garantía para que nuestras entidades locales dejen de padecer vaivenes y carencias.

Aquel Estatuto Municipal profesionalizó y sistematizó las funciones del personal de secretaría e intervención. En el momento actual, su importancia es mayor que nunca (sobre todo desde la ley de estabilidad presupuestaria de 2012) e intuyo que la adaptación interna de las nuevas reglas fiscales europeas seguirá incrementando su protagonismo. Elevemos un tono, a quien corresponda, para que provea los puestos, proporcione los medios técnicos, procure una formación especializada (con especial atención a las competencias digitales) y ofrezca poderosos incentivos con retribuciones diferenciales basadas en la efectiva evaluación del desempeño.

En lo que atañe a la coordinación entre el control interno y el control externo, es preciso comenzar por decir que los dos somos aliados del gestor y aliados entre nosotros. Distintas líneas de defensa frente a un mismo objetivo, con lealtad institucional, rigor técnico, inmersión tecnológica, atención a novedosos desafíos, ausencia de injerencias y apartamiento de cuestiones de oportunidad o conveniencia.

El control interno ha de ser proactivo, transitando del gélido reparo sin alternativa, a la acción positiva y el señalamiento del camino. El trabajo del personal funcionario con habilitación nacional no es complaciente, aunque tampoco ha de ser el del profesor que disfruta batiendo el récord de suspensos. Y no pequemos de ingenuidad, negando la realidad de algunos enfrentamientos (secretario vs. interventor; alcaldesa vs. secretaria-interventora; interventor vs. auditora externa) que, en todo caso, no son irresolubles, si hay buena voluntad. En Luz de domingo, la novela de Pérez de Ayala publicada en 1916, el secretario municipal se lamenta de que, el día que iba a pasar con su prometida, “se le ocurre al alcalde convocar sesión por la mañana para el reparto de Consumos”. A esa queja le pregunta sarcástica doña Predes: “¿crees que esa molestia que te causa el alcalde es involuntaria, o es, por el contrario, intencionada?”. Por otro lado, entendemos la soledad de quien brega todos los días en demasiados ayuntamientos “raquíticos, negligentes, cuyo nivel de vida acusa lamentable mediocridad espiritual y material”, usando las palabras de Calvo Sotelo en sus memorias.

El control externo es el evaluador del sistema de control interno, por lo que ambos viven una relación de riesgo, valga la expresión, pues el análisis y la valoración de riesgos es su razón de ser. Hay que recordar que en el mundo digital los riesgos no desaparecen; solo se transforman. Y como toda historia tiene guiños, mencionemos que en 1924, el mismo año del Estatuto Municipal, se aprobó la creación del Tribunal Supremo de la Hacienda Pública, integrando las funciones de control externo y control interno que venían desempeñando el Tribunal de Cuentas y la Intervención General, respectivamente. Esa reforma cortaba por lo sano algunas ineficiencias, pero como remedio fue peor que la enfermedad, por lo que quedaría finiquitada en la II República.

Si como todo parece, la cultura sidrera asturiana es declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, propongo brindar con nuestra bebida por el primer y feliz centenario de los cuerpos de secretaría e intervención de la Administración local.



Publicado en El Comercio el 12 de abril de 2024

 

miércoles, 27 de marzo de 2024

Historias, evocaciones y osadías sobre cultura sidrera asturiana

Benjamín Lebrato, Ramón Rodríguez y Pilar Camblor. Foto: PABLO NOSTI (La Voz de Avilés)

1. Historias


Los orígenes de la sidra asturiana hay que buscarlos en tiempos pretéritos. El griego Estrabón dejó constancia en su monumental Geografía (siglo I a. C.) de una bebida llamada zytho que tomaban los astures y que podría ser el antecedente remoto, aunque esta opinión no sea pacífica entre las personas expertas[i].

A falta de una palabra exacta, los romanos hablaban de vinum ex malis (vino de manzana), aunque no queda claro si lo confundían con otros brebajes preparados a partir de cereales o de frutas distintas de la manzana. Sin profundizar en el relato histórico, doy por sentado que ya antes de Cristo se elaboraba y se tomaba sidra en Asturias y añado -en serio y en broma- una nota imaginaria para creyentes: si en el jardín del edén había manzanas (y vaya si las había), en buena lógica Adán y Eva habrán echado más de un culín de sidra juntos y un cantarín a pleno pulmón. Me gusta soñar que fue así.

Si hoy buscamos la sidra en el Diccionario de la lengua española, nos devuelve una definición canónica: “bebida alcohólica, de color ambarino, que se obtiene por la fermentación del zumo de las manzanas exprimidas”. La etimología de la palabra bebe -y nunca mejor dicho- del latín tardío sicera y este, a su vez, del griego síkera, recordándonos su cualidad embriagadora. En pluma de Camilo José Cela, su virtud “arregostadora”, o sea, excitadora del deseo[ii]. Aquella sicera era cualquier bebida distinta del vino, pero cada vez más se iba circunscribiendo al jugo de la manzana.

El Fuero de Avilés (ratificado por el rey Alfonso VII en el año 1155) confirmó a Avilés la dignidad, los derechos y deberes como villa, siendo la más antigua de la Cornisa Cantábrica y uno de los primeros concejos del Arco Atlántico europeo[iii]. Lo que ahora destaco de este instrumento jurídico es la libertad de comercio que estableció, según la cual todo hombre podría vender libremente pane aut sicera, “siempre que no lo dé a desmesura” (o sea, mal medido o pesado). Y se protegía al villano (ciudadano), sancionando a quien sicera vendir et falsa mesura tenir, para que “vaya a su casa el merino, préndalo y rómpale las medidas una vez comparadas con las usadas por el concejo, debiendo pagar además cinco sueldos”. La sicera aparece en esa norma medieval como patrón de comercio y elemento de lucha contra el fraude, buena prueba de que era ya entonces un producto de alto valor económico y gran importancia social.

Saltando varios siglos, hasta finales del XVIII, constata Jovellanos en su Informe sobre la ley agraria que “las huertas de naranja de Asturias y aún muchos prados y heredades se convirtieron en pumaradas por el aumento del consumo y precios de la sidra”. Con otras palabras, el ilustrado aportaba la evidencia de que la manzana y la sidra eran actividades rentables y generadoras de valor añadido. En cambio, en esa época “Avilés no era una zona productora de sidra en grandes cantidades, como puede verse por la ausencia de lagares y la escasa presencia de manzanos, que se reduce a algunos árboles junto a las casas”. En buena lógica, la sidra “se destina al consumo local e incluso al autoconsumo de las familias campesinas”, tal y como se extrae del Catastro de Ensenada de 1753. Una ordenanza del Ayuntamiento de Avilés[iv], del 6 de julio de 1779, advertía de que “a fin de cortar en alguna parte el perniciosísimo vicio de la borrachera, enseñando la experiencia que muchos beben más de lo que pueden pagar ni sus cabezas resistir, no se deberá oír demanda alguna por razón de deuda de vino, aguardiente u otro semejante licor contraída por oficial o jornalero de que se sabe que faltan a su familia con el pan y alimento necesario y emplean todo su jornal en vino, aguardiente y sidra”.

El siglo XIX es el de la explosión sidrera en Asturias, sobre todo en su segunda mitad y al calor de varios fenómenos sociales y económicos entrelazados[v]. El primero es la emigración a ultramar, impulsora de la innovación técnica y la internacionalización de las ventas. En ese periodo entra en juego la champanización como método de conservación de la sidra para su transporte a largas distancias, teniendo una buena prueba en 1890, año de fundación de Sidra El Gaitero y símbolo del tránsito “del árbol a la botella”, en acertada síntesis académica[vi]. Los otros factores que contribuyeron a multiplicar la producción y el consumo de sidra fueron la industrialización y la urbanización, incluyendo notables cambios en los hábitos de socialización y alimentación que, unidos a un mayor poder adquisitivo medio, implicaron un auge en la demanda interna.

Llegamos al siglo XX con el consumo de sidra pugnando en Asturias con el de vino. Una competencia que no era en calidad (el vino era malo o muy malo), aunque sí en precio y cantidad. Las topografías médicas de las primeras décadas de la centuria retrataron bien esta situación y aportaron datos reveladores, algunos de ellos positivos, pero otros preocupantes. En la de Avilés, publicada en 1913 en Madrid por José de Villalaín[vii], podemos leer que el consumo de sidra en el concejo ascendió a 438.593 kilogramos, un 3% más que el de vino y muy por encima del consumo de cerveza. El propio doctor Villalaín remarca que en Avilés se consume de vinos, licores y sidra más que en muchas poblaciones con el doble número de habitantes (mal), pero también mucha carne en el mismo término comparativo (bien). Concluye taxativo: “Avilés está bien alimentado… y bien alcoholizado”. Después ofrece algunos datos que, no seré yo quien los ponga en cuestión, pero como mínimo, suenan raros. Según Villalaín, hay ciudadanos que bebe diariamente cinco botellas de sidra y, “por casualidad”, quince o veinte en en el transcurso de cinco o seis horas. Esto le lleva a afirmar que han tomado sus riñones “por una alcantarilla”, han convertido sus tubos digestivos en órganos del bebercio y sus laringes solo “berrean canciones de lagar”. Si así era, ciertamente había razones para alarmarse.

La Guerra Civil, con sus nefastas consecuencias humanas, económicas y políticas, frena el auge de la sidra, tanto en su oferta como en su demanda. Producción y consumo sufren los rigores de la destrucción, la pobreza, la autarquía y el miedo. El país no estaba para muchas fiestas, ni para cosechas que no diesen un rendimiento inmediato (los ocalitos se comen las pumaradas). A medida que el franquismo consolida su posición y la guerra va quedando atrás, el chigre va dejando de ser el espacio de aldea, casi familiar, para convertirse en el centro social de villas y ciudades, también un lugar de cierta relajación, dentro de un marco represivo general[viii]. Aquí cito a José María Malgor, en uno de los cuentos protagonizados por su personaje Xilimbra, con fecha de 1949. Escribía el jurista avilesino que “el mejor parlamento democrático del mundo es un ensayo en comparación con la libertad de opinión y de concepto, en que mezclados todos, señores y obreros, se hace gala permanente en los patios de los chigres asturianos”. Y es que “la sidra -oro y transparencia- clarifica las ideas, y desata la lengua, y hace del corazón astur una caracola de sonoridades para las tocatas antiguas, y para las ideas nuevas”. Magistral.

Los años sesenta y setenta del siglo XX volverán a ser los de un resurgimiento de la manzana y la sidra, a medida que España -no tanto este pedazo que llamamos Asturias- se volvía a abrir al mundo. La renta media española comenzaba a despuntar, mientras la dictadura autocelebraba sus “25 años de paz” (escondiendo exilios, fusilamientos, garrotes o ausencia de libertades, nada menos). Pero a lo que estamos: la sidra no solo sobrevive, sino que crece. Aquí es indudable recordar el importantísimo papel jugado por la Estación Pomológica de Villaviciosa, cuya labor científica comenzó en 1956, de la mano de la antigua Diputación Provincial de Oviedo y el extinto Instituto Nacional de Colonización. Tras varios cambios, se convertiría en el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida), ya en tiempos democráticos y, sobre todo, con el impulso del gobierno autonómico. El último salto, en 2022, ha sido la adscripción legal del Serida a la consejería de ciencia, en lugar de su tradicional vinculación a la de agricultura. En definitiva, I+D+i al servicio de la manzana y la sidra de calidad, pero también de una actividad económica pujante y una cultura propia.

Y hasta aquí, el apresurado relato histórico de la sidra, adornado con diversas manifestaciones artísticas, entre las cuales destaco la literatura en castellano y asturiano (las referencias son inabarcables) y la pintura, con genios como Piñole, Valle o Moré[ix].

2. Evocaciones

Mi vivencia con la sidra (la conjunción de vivir y experimentar, según Ortega y Gasset) y mi intrahistoria (o historia interior, al decir de Unamuno), tienen en Avilés su territorio físico y sentimental. El ámbito temporal comienza en los años ochenta del siglo XX y llega hasta estos días de 2024, un año que promete ser trascendental, si de sidra hablamos. Que nadie busque ahora rigor científico y, si acaso, unas reflexiones mínimas que, como canta Víctor Manuel, surgen de escarbar en la memoria, escogiendo “aquellas cosas que te apuntalan, que te afirman, que te enrocan que te protegen de algunas sombras”.

Pues bien, cuando yo era guaje, creo que la sidra no gozaba de especial buena prensa. Los mayores iban de vinos (casi siempre en vaso duralex), tomaban cubatas y cacharros (el primero de ron; los otros de ginebra), algún sol y sombra, chupitos, compuestas y moscatel. A la cerveza tampoco se le hacía ascos, presentada en botellines chatos de quinto o en porrones, estos últimos más en verano y rodeados de cacahuetes o aceitunas con hueso. Lo que no ha cambiado es que la producción sidrera sigue siendo la más sostenible en términos ambientales; de aquella se reutilizaba el casco de la botella muchas veces (igual que ahora) y se aprovechaba la magaya para diversos usos agroganaderos o para elaborar subproductos (igual que ahora). Pensemos por el contrario en la cantidad de botellas de plástico y residuos que generan otras bebidas.

Sigo evocando. Lo hago con Alfonso Camín, Hijo Predilecto y Poeta de Asturias, en torno a la sidra que él llama “canción de Asturias, nostalgia y armonía”.

Los chigres de mi infancia olían a serrín mojado y a tabaco, lógico, si el primero cubría todo el suelo y el segundo atiborraba el ambiente. Los corchos era la única indicación del palo de sidra que se estaba tomando y, si acaso, las pistas que daban las cajas verdes apiladas detrás del mostrador o cerca del baño. Comíamos chorizo o merluza a la sidra (en salado) y tarta de sidra (en dulce), mientras se compartía un vaso entre cuatro o cinco. En lo que a mí respecta, no podría asegurar a qué edad probé el néctar de manzana fermentado por primera vez, pero creo que fue pronto.

Recuerdo en Avilés el antiguo Candil, con su azulejo de “hoy no se fía; mañana tampoco”. El Alvarín y Casa Lin, auténticos templos y espero que por muchos años más. No existe ya La Parra, aunque el redescubrimiento de la muralla medieval quizás nos dé pronto alguna alegría. El recordado Alberto del Río nos recordaba lo “patético” de ver aquella reliquia arqueológica envuelta en cajas de sidra[x]. Otro buen trozo de muralla fue visible en el suelo de la efímera sidrería Casa Moisés unos años después, pero ahora comparte espacio físico con una entidad bancaria.

Mi primer recuerdo sidrero-avilesino es nebuloso, pero me lleva a aquella sidrería que estaba en un lateral de las mismísimas naves de Balsera y que, si no me equivoco, se llamaba La Ría. También tienen sitio de privilegio en mi memoria Casa Corredoria en San Cristóbal (longaniza con pimientos y patatines) y los merenderos de Castañeda y La Castañalona. Yendo hacia Salinas, las Cuevas de San José (allí siguen intactas la fuente del pato y las oscuras galerías). Ya en Piedrasblancas, El Llano y, subiendo hacia Las Bárzanas, el Gelther (sidra, costilletas y pijamas) y otra sidrería en Varboniel, de cuyo nombre no puedo acordarme. Pura felicidad.

Como ya dije, en esos años finales del siglo XX, las etiquetas de las botellas brillaban por su ausencia. Todavía recuerdo alzadas polémicas sobre las bondades de poner esa identificación de papel en el vidrio. Nunca entendí los argumentos en contra -ni como consumidor, ni como asturiano, ni como economista- y tampoco sé cómo pudo alargarse tanto aquella controversia (aunque supongo que con el puntín que da la sidra, las discusiones a veces tienden a ser eternas). En fin, aquello se superó felizmente y el siglo XXI empezó con etiquetas y contraetiquetas, siendo la más importante de estas últimas esa verde pequeña que señaliza y reconoce la denominación de origen protegida Sidra de Asturias, garantía de que la materia prima es 100% asturiana, además de otros aspectos relativos a la tipología de cada elaboración. Si nos cobran unos céntimos más por esta botella que por la otra, considero que están bien pagados. La sidra siempre fue -y sigue siendo- barata[xi], comparada con cualquier otra bebida que se pida en una barra. Por eso la diferenciación es clave. Por eso existe un Consejo Regulador como garante.

Desde 2014 nuestra cultura sidrera cuenta con la consideración de bien de interés cultural de carácter inmaterial. La norma que lo declara (Decreto 64/2014, de 2 de julio) es de una belleza normativa insólita en estos tiempos. Tiene un artículo único, pero sobre todo un delicioso anexo con la descripción de la cultura sidrera que bien vale una misa (o una botellina, ya que estamos). Recomiendo vivamente su lectura y, para muestra, este párrafo del preámbulo: “En ninguna otra región productora se ha mantenido tan arraigada esta bebida, ni presenta un tipismo tan definido ni su consumo ha estado tan definido y es tan popular, siendo capaz de generar una ritualización tan compleja, una cultura tan rica y una serie de manifestaciones tan abundante como en Asturias. Es, por ello, uno de los elementos identitarios de mayor calado de la comunidad”.

Merece la pena destacar la importante sentencia del Tribunal Supremo, del 19 de julio de 2023, la cual reconoce la botella “molde de hierro” (cuya primera fabricación es de 1880), no solo como un mero recipiente, sino como marca tridimensional identificativa de nuestra sidra y, por extensión, de toda la cultura sidrera asturiana. En consecuencia, la icónica botella será -ya sin duda- de uso exclusivo por los lagareros de la Asociación de Sidra Asturiana o los que ella autorice. Esta sentencia constituye otra curiosa pieza jurídica, por la originalidad de contemplar en ella un dibujo elaborado por Ramón Truan Álvarez a principios del siglo XX.

Si todo va bien, 2024 será el año en el que la Unesco declare la cultura sidrera asturiana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, culminando un gran trabajo realizado por mucha gente en los últimos años, pero donde es obligado ensalzar el especial mérito de Luis Benito García Álvarez y la Cátedra de la Sidra de Asturias de la Universidad de Oviedo. Acordémonos que a comienzos de este año el rey Felipe VI paró a comer en una sidrería avilesina (Casa Lin, para más señas), apoyando a su manera la causa. Incluso los más acérrimamente republicanos reconocerán que este gesto es muy valioso y nada casual.

En fin, vivimos tiempos felices para la sidra y para la cultura sidrera asturiana, con todas sus liturgias. En producción y consumo, en cantidad y calidad, en tradición e innovación, en difusión del producto y en identidad. La gente joven también se ha subido al carro La investigación aplicada mejora cada día la variedad y la calidad de los pumares, al tiempo que facilita nuevos usos para la sidra, por ejemplo, en gastronomía y en términos de contribución a la salud, física y mental, aunque controlando siempre por el factor alcohólico[xii]. La espicha se ha generalizado como acto social, seguramente más que nunca, si bien algunas “pseudoespichas” con refrescos y vino poco tienen que ver con su esencia, cosa que cabrea a bastante gente[xiii]. Las ferias especializadas y los festivales cada vez son más y mejores, igual que los cursos y campeonatos de escanciado, un ritual único que debe ser impulsado, comenzando por la dignificación del oficio y el pleno reconocimiento de la categoría profesional (salario incluido). Se puede -aún más: se debe- exportar sidra fuera de Asturias, pero la cultura sidrera, nuestra singular manera de ver el mundo a través de esta bebida, la tenemos aquí.

3. Osadías

Una osadía es un atrevimiento, un emprendimiento con audacia. Una herejía es un disparate, una acción desacertada. Creo haber ofrecido razones históricas y personales para aprovechar la oportunidad que tenemos delante, sobre la base del auge que vivimos de la sidra asturiana y de su cultura asociada. El reconocimiento internacional -que seguro llegará- puede ser el revulsivo definitivo, pero solo si sabemos aprovecharlo.

Planteo desde la humildad algunos cambios de pequeña intensidad, pero muy simbólicos y efectivos. Que cada persona los califique de osadía (audacia) o herejía (error). Aquí van.

El primero es para que el “vino español” que cierra muchos congresos y reuniones pase a ser una “sidra asturiana”. Si se puede escanciar, fantástico; si no es posible, tenemos variedades de sidra que tampoco lo necesitan, como la sidra de nueva expresión o la espumosa. Administraciones públicas y empresas asturianas tienen aquí tarea.

El segundo, para que las cartas de chigres, bares y restaurantes de Asturias incluyan siempre uno o varios palos de sidra asturiana. Con el mismo matiz del primer cambio sugerido, según se pueda escanciar o no en el local. David Castañón y su blog Les Fartures creo que comparten esta apreciación.

El tercero, para que se sigan fomentando y promoviendo la producción y el consumo de la sidra con denominación de origen protegida, sin menosprecio de la que no entra en esta categoría (alguna excelente), pero poniendo cada una en su sitio. El mercado ajustará el precio, con toda seguridad.

Con el cuarto cambio que propongo sé que me la juego, pero lo llevo pensando toda la vida. Pido -ruego- a quien corresponda que la entrega del bollo de Pascua de Avilés se haga con sidra asturiana en lugar de vino blanco. Aquí lo dejo.


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[i] Sánchez Vicente, X. X. (1993): “La sidra a través de la Historia”, en Fidalgo Sánchez, J. A. (dir.) (1993): Sidra y manzana de Asturias, Oviedo: Editorial Prensa Asturiana, pp. 81-96.

[ii] Alvarez Requejo, S.; Díaz Campillo, E. y Palacios Valderrama, M. M. (1982): La manzana y la sidra en Asturias, Gijón: Consejería de Agricultura y Pesca. La cita de Cela está en el delirante preámbulo.

[iii] Ruiz de la Peña Solar, J. I.; Sanz Fuentes, M. J. y Calleja Puerta, M. (coords.) (2012): Los fueros de Avilés y su época, Oviedo: Real Instituto de Estudios Asturianos.

[iv] Carretero Suárez, H. (2013): Avilés según el Catastro de Ensenada 1753. Estudio socio-económico, en www.academia.edu/3893779 [consultado: 1 de febrero de 2024].

[v] García Álvarez, L. B. (2020): Introducción a la historia de la sidra en Asturias, Oviedo: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo.

[vi] Ocampo Suárez-Valdés, J. (2015): “Del árbol a la botella: sidra ‘El Gaitero’, la internacionalización de una empresa familiar”, Revista de Historia Industrial, 57, pp. 25-54.

[vii] También autor de las de Carreño, Castrillón, Corvera, Gozón, Illas, Luarca, Muros de Nalón y Soto del Barco.

[viii] Bustelo Muñiz, n. (2022): Chigres y trabajadores. La sociabilidad informal en torno a las bebidas alcohólicas en la Asturias franquista, Oviedo: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo.

[ix] García Álvarez, L. B. y Piquer Viniegra, G. (eds.) (2023): Escanciando. Representaciones de la sidra asturiana en las artes plásticas, Oviedo: Viceconsejería de Cultura, Política Lingüística y Deporte.

[x] Del Río Legazpi, A. (2017): “Muralla de Avilés y sidra asturiana”, La Voz de Avilés, 20 de agosto de 2017, en https://blogs.elcomercio.es/episodios-avilesinos/2017/08/20/ [consultado: 2 de febrero de 2024].

[xi] Álvarez Pinilla, A. y Dapena de la Fuente, E. (1990): Aspectos económicos de la producción, comercialización y consumo de sidra natural en Asturias, Villaviciosa: Centro de Investigación Aplicada y Tecnología Agroalimentaria.

[xii] Linares García, J. A. (2022): Contribución de la manzana y la sidra al consumo de antioxidantes y su relación con biomarcadores del estado de salud, Oviedo: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo. Más optimista aún sobre los beneficios de la sidra, hace un par de décadas, Cortina Llosa, A. (2001): “Sidra y salud”, en Carrocera Fernández, E. y Suárez Valles, B. (eds.): El mundo de la sidra: una actividad con raíces y proyección de futuro, Nava: Museo de la Sidra, pp. 25-30.

[xiii] Rivas, D. M. (2001): La sidra asturiana: bebida, ritual y símbolo, Xixón: Picu Urriellu.
 
 
Publicado en El Bollo, 2024. 


viernes, 16 de febrero de 2024

Cuestiones clásicas y nuevos temas en la financiación autonómica

Os dejo el vídeo completo de la conferencia a dos en el Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea), el pasado 14 de febrero (San Valentín fue oportunamente recordado), dentro del ciclo Asturias ante la reforma más difícil de la financiación autonómica. Comparto mesa con Carlos Monasterio Escudero, maestro de muchos hacendistas (para mí, desde luego) y catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo. 

Mi intervención comienza en el minuto 48, pero os recomiendo la película completa. Trato de explicar brevemente que las quitas de deuda no son a priori una buena idea, pero si se van a hacer, al menos que sean equitativas y suficientes.

martes, 26 de diciembre de 2023

Quitar deuda, pero condonar bien


Hagamos un doble descargo inicial.

Primero, para solemnizar la obviedad de que los debates dicotómicos suelen conllevar un peligro cierto de polarización (no solo un cierto peligro). Sobre las condonaciones de deuda autonómica (y en otros temas muy diversos, como por desgracia ocurre en los últimos tiempos), reducir el mapa de alternativas a una afirmación taxativa o a una negativa rotunda, solo puede conducir a la eliminación de matices que aportan valor a la discusión y rigor a los números.

El segundo descargo también es incuestionable. Cuando las circunstancias que atañen a un asunto han cambiado (y, sobre todo, si lo han hecho de forma radical), no resulta muy práctico encastillarse en ciertas posiciones de resistencia que, pudiendo ser muy lógicas y deseables, no conducen más que a la melancolía. Dicho en corto: aunque uno se hubiese opuesto antes a las condonaciones de deuda en general, el hecho es que ahora se van a llevar a término, con lo cual el nuevo deseo es que se hagan de la mejor manera posible, con eficiencia, justicia, equidad y al menor coste financiero.

Viene todo lo anterior al caso de los acuerdos políticos de noviembre de 2023 suscritos entre el PSOE y ERC para la investidura de Pedro Sánchez Pérez-Castejón como presidente del Gobierno. Uno de ellos va encabezado con el título de “autonomía financiera y acceso a los mercados”, cuyo fin declarado es “sanear la situación financiera de la Generalitat [de Cataluña] y facilitar su vuelta a la financiación en los mercados de deuda”. Como objetivo general parece irreprochable (salvo extrema necedad) y no es diferente al que ya explicitó la Comisión de expertos para la revisión del modelo de financiación autonómica, constituida en enero de 2017 por encargo de la VI Conferencia de Presidentes, cuyo informe se entregó al Gobierno de España en julio de ese año.

Aquella Comisión de expertos fue unánime en reclamar la vuelta de las comunidades autónomas (CCAA) a los mercados financieros “en condiciones razonables”, junto a otros dos desafíos básicos que siguen vigentes en materia de endeudamiento: la reconfiguración de los objetivos de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera, y la retirada paulatina de los mecanismos adicionales de financiación. La quiebra del consenso se produjo entre aquellos expertos a la hora de articular en la práctica el ansiado retorno a los mercados. La mayoría de la Comisión apostó por una “reestructuración transparente de la deuda”, mientras que la parte minoritaria creía insuficiente esa medida y defendía completarla con “una reducción” de la misma.

En su literalidad, el acuerdo PSOE-ERC refiere a la condonación de deuda a “todas las comunidades autónomas de régimen común que permita la asunción por parte del Estado de parte de la deuda autonómica con este, originada por el impacto negativo del ciclo económico, para lo cual se determinará qué parte del incremento de deuda obedece al impacto del ciclo, pudiendo también acudirse a transferencias para la cancelación de la deuda en el caso de endeudamiento con terceros distintos del Estado, caso de ser necesario”. Para Cataluña se ponen cifras muy concretas: la asunción por el Estado en torno al 20% de la deuda viva contraída por la Generalitat en los mecanismos de liquidez estatales, lo que equivale a unos 15.000 millones de euros y, además, un ahorro derivado de 1.300 millones de euros en intereses. El acuerdo habla también de que “el FLA [Fondo de Liquidez Autonómico] pueda seguir operando como sistema de último recurso en el caso de situaciones críticas de mercado”.

Desde el momento en que se conocieron esos acuerdos políticos, han salido a la luz interpretaciones -más o menos afinadas- sobre el alcance de dicha condonación a Cataluña, pero sobre todo, de su eventual extensión al resto de las CCAA. Baste un rápido vistazo al listado de entidades o autores que han mostrado sus cartas iniciales con rapidez: Fedea, Gestha o las agencias de calificación Fitch, S&P, Moodys y Scope. Nota tangencial: estas últimas se habían hecho muy famosas durante la crisis de deuda que comenzó en 2008, para entrar luego en un cierto letargo y saltar ahora de nuevo a la palestra. Otro día hablaremos de ello.

No es el objeto de estas líneas hacer una simulación, para empezar, porque el principal criterio esbozado y que -se supone- guiará las futuras quitas de deuda es algo tan etéreo y difícil de calcular -e incluso de explicar en foros no especializados- como “el impacto negativo del ciclo económico” (sic). Ello implica, entre otros aspectos, estimar un crecimiento potencial, una brecha de producción (output gap) y varias elasticidades de ingresos y gastos autonómicos, además, de manera diferencial para cada una de las CCAA. Misión imposible; es más fácil partir de una cifra prefijada y llegar a ella por aproximaciones sucesivas de retorcimiento de variables.

Con respecto al ámbito temporal de cómputo, el documento del acuerdo PSOE-ERC no especifica nada concreto, aunque de la parte diagnóstica se puede intuir que se trataría del periodo 2008-2014, cuyas consecuencias se agravaron -seguimos la literalidad del texto- con una “insuficiente respuesta europea y del Estado ante la crisis”.

En segundo lugar, pero aún más relevante, es la metodología de estimación a emplear, si bien la ley orgánica de estabilidad presupuestaria da algunas pistas, cuando remite a la utilizada “por la Comisión Europea”. La Orden ECC/2741/2012, de 20 de diciembre, detalla algo dicha metodología, basada en las funciones de producción, si bien la propia norma reconoce la dificultad de aplicar los criterios a cada una de las CCAA. Remata diciendo que “en el cálculo del saldo cíclico de cada comunidad autónoma, por razones de la simplicidad y transparencia que debe poseer una regla fiscal, se utilizarán las mismas elasticidades y brecha de producción que a nivel nacional”. De nuevo en corto: como el ejercicio ideal es una quimera, procedemos de la manera que mejor nos convenga, asumiendo que el impacto de la crisis fue idéntico en toda España, cuando la realidad es tozuda y cualquiera puede constatar que no fue así, ni lo será en el futuro.

En tercer lugar, colocados ya en la hipótesis de condonar la deuda autonómica de forma masiva, incluso suponiendo -y es mucho suponer- que se acuerde un método de estimación del impacto cíclico, el propio acuerdo intenta facilitar la interpretación, al recomendar que el perdón financiero se aplique a todas las CCAA “de régimen común”, aunque es fácil suponer que las de régimen foral no querrán renunciar de manera voluntaria a tal posibilidad. Al respecto, cabe hacer algunas observaciones.

Para empezar, la desigualdad de trato no es algo que se mitigue extendiéndola. En la estricta lectura del acuerdo PSOE-ERC, lo único que se haría es desplegar una medida (la condonación), con un único y cuestionable criterio (el impacto cíclico de la crisis) y que beneficiaría sobre todo a una comunidad autónoma (obviamente, Cataluña). Lo que viene ahora son puros corolarios.

El primero, para afirmar con seguridad que la mayoría de las CCAA preferiría una reforma del sistema de financiación autonómica para allegar nuevos recursos, antes que la mentada condonación financiera. Podríamos citar como muestra el sólido bloque de las ocho CCAA que firmaron la Declaración de Santiago en noviembre de 2021.

El segundo, para manifestar que algunas CCAA apostarían por un criterio alternativo al del impacto cíclico para sustentar el perdón financiero. Por ejemplo, aludiendo a su infrafinanciación ordinaria por habitante ajustado, como en la Comunidad Valenciana (algo que Cataluña no podría reclamar, por situarse en torno a la media).

Y el tercero, para recordar que algunas CCAA no pedían en absoluto la quita de préstamos con el Fondo de Financiación a Comunidades Autónomas (singularmente, por el compartimento FLA), por la sencilla razón de que su deuda con el Estado instrumentada mediante este mecanismo es muy baja e incluso nula (Madrid, Navarra y País Vasco). Pero, como ya hemos dicho, o juegan todas, o se rompe la baraja. Aún más claro: si se camina hacia quitas generales, no quedará otro remedio que acordar compensaciones financieras -con transferencias estatales ad hoc a esas CCAA- para amortizar deuda con otros acreedores distintos del Estado. Verbigracia: el País Vasco tiene la menor ratio deuda/PIB, pero aun así debía un total de 10.851 millones de euros en el tercer trimestre de 2023.

Algunos datos muy básicos ilustran el argumentario. La deuda pública de Cataluña ascendía en la fecha señalada a 84.549 millones de euros, de los cuales 71.308 estaban instrumentados mediante préstamos del Fondo de Financiación a Comunidades Autónomas (las estadísticas oficiales son del Banco de España). Se trata del volumen total de deuda más abultado entre las 17 CCAA (aunque no es el mayor en términos del PIB) y significa que más del 84% de los pasivos computables de Cataluña eran deudas con el Estado, para una media de todas las CCAA del 59% en ese mismo indicador. Queda claro quién tiene la necesidad y la fuerza para liderar el debate público con su relato.

En suma, se hará lo de siempre en diversos aspectos de la financiación autonómica y, en cambio, veremos lo nunca visto, con perdón por el fácil juego de palabras. Algo así:

1) Seguramente Cataluña verá satisfechas sus aspiraciones de reducir su deuda de un golpe y en un alto grado, así como su carga derivada de intereses. Esto no impedirá que después el acuerdo sobre las quitas de deuda se traslade a los foros multilaterales (Conferencia de Presidentes y Consejo de Política Fiscal y Financiera), para terminar por extenderse -con los matices que corresponda- a la totalidad de las CCAA mediante las oportunas reformas legales. El resultado antes que el procedimiento, algo que, por otro lado, forma parte de la idiosincrasia de la historia de la financiación autonómica.

2) Teniendo en cuenta que el vigente sistema de financiación autonómica lleva sin revisar desde 2014, considerando el clima político general, incorporando la dificultad añadida que supone el regreso de las reglas fiscales a partir de 2024 y, por último, aliviando a las CCAA por efecto de las verosímiles condonaciones de deuda y de otros arreglos financieros generales o específicos, casi es una apuesta segura la hipótesis de no reforma del sistema de financiación autonómica a corto plazo, salvo inesperado pacto de Estado entre PSOE y PP en la materia, seguido de un amplio acuerdo de base territorial entre CCAA.

3) Sobre todo lo anterior, asistiremos a acalorados debates políticos e intensas discusiones técnicas, estas últimas llenas de ecuaciones, parámetros ad hoc y variables de compromiso, para justificar ex post el resultado que ya teníamos decidido ex ante. No está mal por el principio de eficacia, pero no sobraría un poco más de lealtad y transparencia (federalismo, lo llamamos algunos).

4) Hay una diferencia sustancial en este momento que añade optimismo. Se trata de la existencia de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) que, lógicamente, no ha emitido informe alguno sobre la cuestión de las quitas (ni podría hacerlo, puesto que no es preceptivo, menos aún, sobre un mero documento de intenciones políticas). Lo que quizás conozcamos pronto es una opinión motu proprio o un estudio a solicitud del Gobierno de la Nación o del Consejo de Política Fiscal y Financiera, algo que juzgo como muy deseable. Ese juicio técnico e independiente de sensatez no iría sobre la decisión como tal (que se antoja ya tomada en sede política), sino sobre el mejor modo de articular su contenido y desarrollo. A posteriori, el Tribunal de Cuentas fiscalizaría todo el proceso, no solo en términos de cumplimiento de la legalidad y la normativa contable, sino también acerca de otros principios de buena gestión.

En definitiva, la corresponsabilidad fiscal debe ser -o seguir siendo, según el juicio de cada uno- un principio nuclear de la financiación de las CCAA. Si las CCAA perciben una restricción presupuestaria blanda, esto equivaldrá a un salvoconducto para un endeudamiento casi ilimitado, sobre todo si se internaliza el rescate como una eventualidad factible. Riesgo moral, en terminología clásica, con los graves problemas que ello conlleva.

La decisión -casi- tomada sobre condonaciones no es la óptima en términos de eficiencia. Particularmente, sigo apostando en su integridad por la reflejada en el informe de 2017 y respaldada por la mayoría de aquella Comisión de expertos: “una reestructuración transparente de la deuda de las CCAA con el Estado, supervisada por el Banco de España y la Airef, ampliando los plazos de forma razonable, añadiendo en su caso nuevos períodos de carencia y fijando unos tipos de interés favorables, que en ningún caso podrían suponer una bonificación respecto del coste medio de la deuda del Estado. En todo caso, este apoyo debería estar condicionado al cumplimiento por parte de las CCAA beneficiarias de una serie de objetivos previamente acordados de consolidación fiscal y cumplimiento presupuestario”.

Pero digamos más para rizar el rizo. Si el objetivo es que las CCAA tengan una ratio máxima de deuda/PIB del 13% (así lo establece la ley orgánica de estabilidad presupuestaria), en el entendido harto simplificador de que ese pudiera ser un umbral razonable de vuelta a los mercados, posiblemente las magnitudes de quitas de deuda que se están poniendo sobre la mesa para Cataluña sean muy insuficientes. Con un ejercicio de aritmética simple, esta Comunidad Autónoma tendría que borrar de su balance el doble de lo que se ahora se está manejando, esto es, llevar la quita hasta más de 30.000 millones de euros. Y todas las CCAA irían detrás con lo suyo, claro.

Aún queda mucho por escribir. Estamos empezando. 

 

Publicado en Noticias de Política Económica, 42 (2023), pp. 27-30.  


miércoles, 20 de diciembre de 2023

Retos y desafíos de los municipios de menor población


Se publica el V Informe Red Localis, dirigido por Concepción Campos Acuña y yo mismo, con la coordinación de María Cadaval Sampedro, editado por Wolters Kluwer y Red Localis. El título general es  Retos y desafíos de los municipios de menor población. Os dejo el índice (el capítulo I lo firmo con Concepción Campos):

Bloque I. Municipios de menor población y reto demográfico

Capítulo I. Pequeños municipios: una proposición sin ley y un camino con variantes

Capítulo II. Municipios de menor población en Galicia: del debate de la distribución de competencias al reto de compartir responsabilidades ante desafíos comunes

Capítulo III. Inframunicipalismo y políticas públicas europeas

Bloque II. Régimen jurídico de los pequeños municipios y actuaciones desde la óptica presupuestaria

Capítulo IV. Actuaciones desde la óptica presupuestaria y tributaria para combatir la despoblación en municipios pequeños

Capítulo V. El régimen jurídico de los municipios de menor población: Posibles reformas normativas para afrontar sus especialidades organizativas y las mayores dificultades para la prestación de ciertos servicios

Capítulo VI. Diputaciones provinciales y municipios de menor población: ¿qué papel corresponde a las entidades supramunicipales en el mapa local?


Bloque III. Políticas públicas e inframunicipalismo

Capítulo VII. La pobreza energética en los municipios de menor población: reflexiones desde la perspectiva de la sostenibilidad

Capítulo VIII. Municipios de menor población y reto demográfico: estado de la cuestión y propuestas

Capítulo IX. Bases para una nueva economía en la aldea

En las respectivas webs de Red Localis y Wolters Kluwer tenéis el informe a texto completo y en descarga libre.

 

miércoles, 4 de octubre de 2023

Gobernanza y administraciones territoriales para la próxima generación

El INAP acaba de editar en papel y en formato digital el libro colectivo titulado Gobernanza y administraciones territoriales para la próxima generación, coordinado por Jorge Hernández-Moreno (CSIC) y Cristina Ares Castro-Conde (Universidad de Santiago de Compostela).

Tengo el honor de contribuir con un capítulo, firmado con mi colega del Consello de Contas de Galicia, Simón Rego Vilar. Escribimos sobre "Órganos de control externo autonómicos y ejecución de fondos europeos: retos en el período de programación 2021-2027".

En este enlace tenéis el libro completo en formato electrónico.

 

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Un merecido homenaje a Alfonso Utrilla de la Hoz

No tendríamos que haber escrito este libro homenaje. Eso indicaría que nuestro querido Alfonso Utrilla de la Hoz seguiría entre nosotros. Lo expresan muy bien los coordinadores y amigos, Paco Pedraja, Javier Suárez Pandiello y Rosa Urbanos, en su texto de presentación:

Alfonso se fue antes de tiempo. Por estadística y por esperanza de vida, no le tocaba. Todavía le quedaban muchas cosas que hacer, no sólo en el ámbito académico y profesional, sino en su vida personal, su pasión por la cultura, por la conversación, por los amigos.
El libro lleva como título general Retos de la financiación territorial en tiempos de postpandemia. Un homenaje a Alfonso Utrilla de la Hoz. Es un explícito homenaje y casi un tratado, puesto que colegas, amigas y amigos hemos intentado escribir sobre las cuestiones que Alfonso trató siempre con maestría. Él lo hubiese hecho mejor, seguro.

Tengo el honor de escribir un capítulo sobre "Un sector público local que sigue buscando su camino", firmado con José Manuel Cordero Ferrera. Abordamos la delicada cuestión del reparto de competencias entre los diferentes niveles de gobierno, a partir de la definición del mapa municipal y de las diversas fórmulas existentes para garantizar la prestación de servicios locales a los ciudadanos, incluyendo también una breve reflexión acerca de la situación financiera de los gobiernos
locales.

Y tengo también la íntima satisfacción de cerrar el libro con un epílogo que he titulado "La utilidad de llamarse Alfonso". Defiendo algo obvio:

Alfonso culminó una investigación útil, pero no solo para él o para la satisfacción de algunos evaluadores, lo que introduciría un sesgo de egoísmo poco razonable y ajeno a su persona. Me atrevo a afirmar que Alfonso hizo una investigación útil para su disciplina, pero sobre todo y antes que nada, útil para su país.

En este enlace tenéis el libro a disposición (30 euros), y en abierto el índice, la presentación y el prólogo. Nos dicen que pronto estará el libro completo gratis y en abierto.