sábado, 6 de julio de 2013

Maldad y corrupción


El abogado de Bárcenas afirma que tener 40 millones en Suiza no es delito (tampoco lo es tenerlos debajo del colchón). Lo que no nos terminan de contar es de dónde salió tanto dinero. Aun suponiendo –y es mucho suponer- que todo fuese muy legal y limpio, mi pregunta es muy sencilla: ¿por qué está ese dineral en Suiza y no en España, contribuyendo a Hacienda como correspondería? 

Cantaban los de Nuberu aquello de que “ser asturianu nun ye dir con montera picona, nin saber echar bien la sidra, nin xubir a Covadonga”. Pues ser español no es agitar una bandera rojigualda, ni ser forofo del fútbol. Un español “de bien”, como les gusta decir a algunos, paga sus impuestos aquí. Y si le sale más caro, pues se aguanta, pero no defrauda. 

“Que sigan robando si es que no tiene más remedio”, decía el paisanu en el chigre el otro día. “Pero que no se lo lleven todo y dejen algo para los demás o tendremos una guerra”, añadía el parroquiano. En este país todavía no se condena socialmente la corrupción como es debido. Me atrevo a decir que incluso hay cierta envidia del corrupto, del ladrón. Si esa persona roba tanto, ¿por qué no voy a hacerlo yo, aunque sea a pequeña escala? Si argumentamos así, tendrá razón el paisanu de antes y quedará todo vacío. 

No sólo no se castiga socialmente la corrupción como sería deseable, sino que tampoco se hace en las elecciones, al menos hasta ahora. Ahí está el ejemplo paradigmático de Jesús Gil en Marbella, pero podríamos poner otros más actuales, tanto en la esfera pública como en la privada. Aún confío en que ahora que hay menos para ‘repartir’, el votante que en secreto envidia al gestor corrupto ya no le apoye y le castigue como se merece. 

La famosa ecuación de Klitgaard definió la corrupción (C) como monopolio (M) más discrecionalidad (D) menos transparencia (T). Durante décadas se ha venido reforzando la tendencia a desarmar monopolios, controlar la discrecionalidad de las decisiones y, desde hace menos tiempo, reforzar la transparencia en todas sus extensiones. Pero no basta con eso (incluso es discutible lo relativo a monopolios). Hace falta más educación ciudadana, más cultura de respeto a lo público y una mayor condena social a los corruptos, sean políticos, empresarios, funcionarios o ciudadanos particulares. Y después, el Código Penal, si todo lo demás falla o es insuficiente. 

Pero igual que en una casa el tejado es importante para que no entre agua cuando llueve, más básicos son los cimientos para evitar que se derrumbe la estructura. 


Publicado en La Voz de Avilés el 6 de julio de 2013


2 comentarios:

Fernando Del Busto dijo...

Como siempre, una entrada muy atinada. Sólo matizaría un par de cosas. Lo del Código Penal no debe ser lo último. Tampoco lo primero, debe ir a la par que la concienciación social; con condenas duras y la obligación de devolver el dinero robado.
Es muy acertado lo que comentas sobre la actitud de la sociedad. Es un papel de todos luchar contra la corrupción. Pero algunos actores deben dar un paso adelante por su responsabilidad. Pienso, por ejemplo, en los políticos. Deberían suprimir algunas muletillas de sus discursos como eso de que la Sanidad es gratuita o la Educación. Todos sabemos que es mentira; que se financian con nuestros impuestos y, por eso, el evasor de impuestos, al no pagar lo que le corresponde en España, es un peligro para la sociedad porque pone en peligro servicios que son esenciales par todos.
Perdón, porque me he extendido demasiado.

Roberto Fernández Llera dijo...

Gracias por tu comentario Fernando. Acepto la enmienda "transaccional".

Yo colocaba el Código Penal en último lugar, aunque es verdad que son procesos paralelos, el de concienciación-prevención y el de castigo (penal, social y de otro tipo). Si no fuese así, corremos el riego de que todo lo que no está expresamente prohibido por ley sea considerado lícito o ético y, obviamente, no es así.