domingo, 8 de mayo de 2011

Escuela pública sin segregación ni conciertos


Quien me siga a través de esta columna, habrá leído que suelo escribir sobre ética pública. Economía sumergida, fraude fiscal, deportistas patrioteros que tributan fuera de España. Pues hoy, otra especialmente grave.

El Tribunal Superior de Justicia de Asturias ha fallado a favor de dos colegios del Opus Dei que discriminan según el género de sus alumnos o sus alumnas. Yo creía que a estas alturas del siglo XXI y en España esto ya parecía imposible, pero me equivoqué. Los magistrados han dictaminado que este modo de educación segregadora es 'legal' y que, en consecuencia, esos colegios 'podrían' (en condicional) seguir recibiendo subvenciones públicas en forma de conciertos educativos.

El golpe a la ética pública es tremendo por varios frentes. En primer lugar, porque subvencionar a un colegio de una congregación religiosa que segrega (bonita paradoja) no es precisamente una apuesta por la calidad de la escuela pública, menos aún, en un momento de escasez de recursos. Segundo, porque lo 'legal' no puede amparar cualquier cosa (hay vida más allá de las leyes). Tercero, porque educar por separado produce dudosos resultados y, sobre todo, confunde, frente a una sociedad que a diario trata de romper numerosos tabúes de género. Cuarto, porque seguir subvencionando a familias de rentas altas, descuidando potenciales mejoras en la red pública de centros, va contra la igualdad de oportunidades.

El Gobierno del Principado de Asturias debería ser muy claro y retirar este tipo de conciertos con carácter inmediato. Insisto: estas ayudas públicas podrán ser 'legales', pero no son 'obligatorias' y se compadecen muy mal con unas prioridades políticas progresistas. Por su parte, el legislador debería modificar las leyes para evitar que estas ambigüedades sigan siendo aprovechadas por algunos en su favor.

¿Libertad de las familias para llevar a sus hijas e hijos a estos colegios? Toda, faltaría más, pero pagada con sus propias rentas. ¿Subvenciones públicas a colegios segregadores? No, porque no está en el espíritu de la Constitución, donde la igualdad es un valor supremo.

Publicado en La Voz de Avilés el 8 de mayo de 2011.

viernes, 29 de abril de 2011

Igualdad y Honoris Causa

A veces, uno se enfrasca en batallas que pueden parecer menores, frente a otras cuestiones que, sólo aparentemente, podrían tener más importancia. Incluso tengo que escuchar cosas como "a ti qué más te da eso" o "mejor te ocupabas de tus cosas". Pues lo cierto es que sí me importa, como ciudadano y como persona, categoría y condición que debemos reivindicar cada día, al menos frente a algunos y algunas que no lo parecen.

La Universidad de Oviedo acaba de reformar el Reglamento de Doctorados Honoris Causa, dado que su contenido estaba "obsoleto" (Rector dixit). El debate en el Consejo de Gobierno se sustanció en este punto sobre la necesidad de saldar una deuda histórica con las mujeres. Baste decir que, entre los años 1960 y 2010, de 62 nombramientos, sólo 2 correspondieron a mujeres, poco más del 3% del total (aquí está la lista completa). Y lo cierto es que las cuatro últimas propuestas, aún en tramitación, todas sin excepción son para hombres.

Esas cifras están muy lejos de lo deseable, tanto desde un enfoque de justicia, como de ciudadanía, de excelencia universitaria y, por supuesto, de igualdad efectiva. Aunque se podrían alegar causas históricas, desde luego lo que parece muy poco justificable es que hoy, pero sobre todo, a partir de ahora, se siga manteniendo esa brutal desigualdad. ¿Acaso las mujeres tienen menos méritos y capacidad? Es evidente que no.

Por mi parte, presenté en su momento una alegación que concretaba algo más este punto del citado Reglamento. Aunque no fue aceptada, puedo decir que el resultado final y el hecho de que el tema se haya planteado y discutido en abierto, me dejan razonablemente satisfecho. El mérito y la capacidad seguirán primando como principales criterios, pero desde ahora se tratará de que este reconocimiento académico del máximo rango no esté tan descompensado entre los dos géneros.

Las pequeñas conquistas son, a veces, el comienzo de otras más grandes. Queda mucho por hacer.