viernes, 29 de abril de 2011

Igualdad y Honoris Causa

A veces, uno se enfrasca en batallas que pueden parecer menores, frente a otras cuestiones que, sólo aparentemente, podrían tener más importancia. Incluso tengo que escuchar cosas como "a ti qué más te da eso" o "mejor te ocupabas de tus cosas". Pues lo cierto es que sí me importa, como ciudadano y como persona, categoría y condición que debemos reivindicar cada día, al menos frente a algunos y algunas que no lo parecen.

La Universidad de Oviedo acaba de reformar el Reglamento de Doctorados Honoris Causa, dado que su contenido estaba "obsoleto" (Rector dixit). El debate en el Consejo de Gobierno se sustanció en este punto sobre la necesidad de saldar una deuda histórica con las mujeres. Baste decir que, entre los años 1960 y 2010, de 62 nombramientos, sólo 2 correspondieron a mujeres, poco más del 3% del total (aquí está la lista completa). Y lo cierto es que las cuatro últimas propuestas, aún en tramitación, todas sin excepción son para hombres.

Esas cifras están muy lejos de lo deseable, tanto desde un enfoque de justicia, como de ciudadanía, de excelencia universitaria y, por supuesto, de igualdad efectiva. Aunque se podrían alegar causas históricas, desde luego lo que parece muy poco justificable es que hoy, pero sobre todo, a partir de ahora, se siga manteniendo esa brutal desigualdad. ¿Acaso las mujeres tienen menos méritos y capacidad? Es evidente que no.

Por mi parte, presenté en su momento una alegación que concretaba algo más este punto del citado Reglamento. Aunque no fue aceptada, puedo decir que el resultado final y el hecho de que el tema se haya planteado y discutido en abierto, me dejan razonablemente satisfecho. El mérito y la capacidad seguirán primando como principales criterios, pero desde ahora se tratará de que este reconocimiento académico del máximo rango no esté tan descompensado entre los dos géneros.

Las pequeñas conquistas son, a veces, el comienzo de otras más grandes. Queda mucho por hacer.

sábado, 23 de abril de 2011

Hijos y pródigos


En Semana Santa, algo de religión es inevitable. Bien es cierto que estos días cada vez son menos religiosos y más fiesteros. Más de turismo que de recogimiento. Más de farturas que de ayunos. Más de sol y playa que de iglesia y vigilia. Parece lógico que sea así. No somos la misma sociedad que hace 40 años (afortunadamente, habría que añadir).

En todo caso, quiero detenerme en uno de los pasajes más conocidos de la Biblia, uno de esos que, de una u otra forma, siempre hemos utilizado para poner ejemplos o para señalar a alguien. Me refiero a la parábola del hijo pródigo, ya se sabe, esa en la que un vástago rebelde pide la parte del legado de su padre, se la dan, la malgasta y, cuando casi se muere en la miseria, vuelve con el rabo entre las piernas a suplicar perdón. Y lo consigue. El padre le perdona y encima monta un festín en su honor.

A mí lo que me falla en esta historia es el papel del otro hijo, el que se quedó con el padre, el que tuvo un comportamiento ejemplar, el que no protestaba. El mismo que cuando vuelve su hermano menor se extraña de que a él nunca le hubiesen hecho esa fiesta. No puedo evitar solidarizarme con este hermano, a quien el padre consuela simplemente con una palmadita en la espalda, diciéndole que «tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo». ¡Y venga; a seguir siendo bueno! (esto último lo añado yo).

Lo cierto es que esto pasa bastante a menudo. En algunas empresas, donde se destaca el logro conseguido un solo día por quien hasta entonces no dio ni golpe. En las familias, donde se compra la bicicleta al hijo que aprueba un examen, pero no a la hija que lleva sacando todos los cursos a la primera. En los partidos políticos, recibiendo con honores a antiguos militantes o incluso a tránsfugas, frente al afiliado de toda la vida, con lealtad y honradez demostradas. Hasta en el fútbol, donde se exagera como una gran gesta el último gol del fichaje estrella, frente al trabajo continuado de un canterano. No es justo. Pero tampoco eficiente. Como diría un economista cursi (espero no serlo yo), estamos rompiendo el esquema de incentivos.
 
Publicado en La Voz de Avilés el 22 de abril de 2011 (Viernes Santo).