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jueves, 25 de junio de 2026

Economía esencial

 
 
Francisco J. Delgado Rivero acaba de publicar libro. Y no es uno cualquiera. Es un libro digital en papel o, viceversa, un libro en papel con versión digital extendida. Pero más allá de la forma, innovadora, me voy al contenido.

Fran es un grandísimo docente (puedo dar fe como compañero suyo) y un investigador acreditado (eso ya lo certifican las agencias de evaluación y los trabajos publicados). Es también un excelente divulgador de la economía útil (también doy fe), esa que salva y mejora vidas, no la que se entretiene en otras disquisiciones que, siendo muy respetables, veo más propias de otras disciplinas.

Ahora nos ilustra con un compendio de economía esencial que “bien vale una misa”, o sea, una lectura comprensiva de su contenido, asequible y riguroso en todo momento. Pero no es una novela que aparcamos una vez leída. No. Porque también es un cierto manual introductorio de economía, el cual recomiendo dejar en la mesita o en el escritorio para echarle el ojo de vez en cuando. Desde luego, no es un folleto de un gurú de la nada, como otros que circulan por ahí.

Dice el prologuista (p. 13: cito por el papel) que la economía no es difícil, “el problema es que hemos decidido colectivamente que entenderla es opcional”. Ahí cumple su función principal el libro de Fran.

El libro hace autocrítica del oficio, con los manidos tópicos de que los economistas predecimos el pasado e incluso a veces fallamos en eso. En un momento, Fran (pp. 54-55) se centra en la dificultad técnica de la predicción económica -indudable- pero no dice que esas predicciones -además- condicionan el resultado real. No es difícil ver cómo se utilizan las expectativas de forma torticera y cómo una tormenta económica que se avecinaba luego queda en orbayu, pero por el medio se han frustrado proyectos y riquezas de manera interesada. En el capítulo 11 el autor se redime, al abrir el foco con los temas claves de este presente que ya es futuro.

En otro punto, insiste mucho en la calidad de la medición del PIB como indicador de progreso, “supremo, pero no único” (perdón por el símil con el Tribunal de Cuentas) y recuerda que el desarrollo humano se puede medir de otras formas. Esto demuestra que Fran es un amante de la buena estadística y de la transparencia, pero sobre todo un economista social. Y esto también es “esencial”.

Coincidimos en muchas cosas, como la escasa conciencia del propio gasto (p. 69), lo perentorio de mejorar la educación económica y financiera a todos los niveles (pp. 70-72) o el escaso compromiso de los trabajadores con su trabajo (p. 94). Las tres cosas y algunas más son auténticos dramas. Me gusta también mucho el animalario de empresas (pp. 89-93), aunque yo hubiera incluido algunas otras especies de depredadores que no encuentro.

Mención aparte merece la parte dedicada a la economía del sector público (capítulo 5), de la que ambos, junto con nuestros comunes maestros y colegas, nos hemos ocupado durante muchos años. Desde el enfoque académico y desde la práctica de la gestión; los dos hemos pasado de las musas al teatro. Fran aporta recetas sencillas, pero eficaces. Enfoca los problemas y sugiere soluciones. Y plantea dudas que -me temo- seguirán presentes. De esto podríamos seguir hablando mucho tiempo, así que lo dejo de momento.

Dos reflexiones finales. Una, para constatar que, a pesar del enfoque global, el libro tiene muy presente a Asturias, nuestro paraíso particular. Por eso comienza el libro citando el verso del poeta Campoamor (p. 16) sobre la relatividad de los enfoques. O por eso cita a los eminentes Jovellanos, Campomanes y Flórez Estrada (p. 23) entre los nombres propios que nadie debe dejar de leer y estudiar. Añade a Fuentes Quintana, maestro de hacendistas españoles, que no es asturiano, pero sí Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo.

El último apunte lo coloco en imperativo: pasen y lean. 
 

lunes, 15 de junio de 2026

Suarías y la ejemplaridad


Lo pequeño es hermoso

E. F. Schumacher

Asturias se pronuncia en plural porque, como decía un lema turístico, hay muchas y todas están muy cerca. Esta diversidad es nuestra principal riqueza y el gran motivo de orgullo por nacer o pacer en esta tierra.

Tenemos Asturias de mar y monte; de carne, huerta, leche y pescado; de ríos y playas, de ciudades, pueblos, villas y aldeas; de industria y servicios; de lenguas y culturas. De verde y negro, como en el poema de Pedro Garfias, musicado por Víctor Manuel. De azul y oro, como nuestra bandera. Un universo que llamamos paraíso porque lo es.

Cada rincón de Asturias es una joya y, como en el libro que encabeza estas líneas, “lo pequeño es hermoso”. La contraparte ha sido una asturianía sólida y sincera cuando estamos fuera, pero demasiado local cuando estamos aquí. Lo advirtió Ortega (“los asturianos se sienten región, pero no se saben región”) y lo remarcó el presidente Rafael Fernández (“nuestro regionalismo es claro cuando estamos fuera de nuestra tierra; dentro, la cosa ya es de un localismo feroz”). Hagamos Asturias.

Hoy recalamos en Suarías. Divisamos un impresionante valle, recorrido por ríos que son testigos de una historia milenaria, incluida la más reciente, la del Estatuto de Autonomía. Desde Suarías se atisba el Cantábrico y se percibe la protección de unas montañas que caen despacio hasta la costa, como resistiéndose a perder su fuerza en el horizonte salado. Suarías encierra la esencia de Asturias. Es un ejemplo que quiere ser ejemplar. Méritos y ganas le sobran: fiestas, asociacionismo, carrera Blincapeñas, museo-archivo de la música. El cuidado de un patrimonio colectivo con el cariño y la modestia de quien quiere y, por tanto, puede.

Cuando se pregunta a una persona por las motivaciones para vivir en un lugar, hablan de vivienda, trabajo, servicios públicos, ocio, paisaje, calidad de vida. La misma pregunta formulada a las empresas arroja respuestas sobre suministros, clientes, proveedores, energía, mano de obra, comunicaciones, telecomunicaciones. El avance tecnológico cambia algunas restricciones y borra otras. Pensemos en las ventajas del comercio electrónico, el teletrabajo o la formación a distancia, impensables hace no tanto tiempo. Lugares donde antes se hacía difícil vivir o trabajar, hoy vuelven a ser atractivos. Pero la vaca no se cata sola, ni la yerba se siega desde otro lugar. Hay que estar.

La despoblación rural en Asturias es un hecho, acelerado en las últimas décadas. La comarca oriental no es la peor, frente a la del suroccidente, donde las cifras apuntan a drama. Y, desde luego, este fenómeno no es inocuo porque implica deterioro paisajístico, abandono del sector primario, brecha digital, desequilibrios de renta y riqueza, envejecimiento, desigualdad o inequidad en el acceso a servicios públicos. En suma: la destrucción de un modo de vida. Pero no estamos aquí para exhibir el drama. La ejemplaridad implica presumir de pasado, trabajar el presente y empedrar el futuro.

Alguien como yo, ajeno a Suarías y que -por desgracia- tardó muchos años en conocer este lugar, se contagia pronto de su ilusión. La de vecinas y vecinos, con la asociación El Cantu La Jorma al frente, cuyo empeño es encomiable. Y lo afirmo mientras digo que todos los demás pueblos tienen mi consideración, pero a Suarías ya le toca. Por indudables cualidades, pero también por su persistencia.

La lucha contra la despoblación rural cuenta con una estrategia integral y coordinada en Asturias, en toda España y en la Unión Europea. El reto demográfico se ha destacado en la agenda política y dispone de instrumentos y leyes transversales. Ahora solo falta llevar a término cada medida concreta. Empezamos a ver algunos positivos resultados.

Deseemos un final feliz, desde la atalaya de Suarías. Brindemos para que esta maravilla sea reconocida como ejemplar. Suerte y felices fiestas.



Publicado en el libro de las fiestas de San Antonio de Suarías de 2026 
 
 

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Retos y desafíos de los municipios de menor población


Se publica el V Informe Red Localis, dirigido por Concepción Campos Acuña y yo mismo, con la coordinación de María Cadaval Sampedro, editado por Wolters Kluwer y Red Localis. El título general es  Retos y desafíos de los municipios de menor población. Os dejo el índice (el capítulo I lo firmo con Concepción Campos):

Bloque I. Municipios de menor población y reto demográfico

Capítulo I. Pequeños municipios: una proposición sin ley y un camino con variantes

Capítulo II. Municipios de menor población en Galicia: del debate de la distribución de competencias al reto de compartir responsabilidades ante desafíos comunes

Capítulo III. Inframunicipalismo y políticas públicas europeas

Bloque II. Régimen jurídico de los pequeños municipios y actuaciones desde la óptica presupuestaria

Capítulo IV. Actuaciones desde la óptica presupuestaria y tributaria para combatir la despoblación en municipios pequeños

Capítulo V. El régimen jurídico de los municipios de menor población: Posibles reformas normativas para afrontar sus especialidades organizativas y las mayores dificultades para la prestación de ciertos servicios

Capítulo VI. Diputaciones provinciales y municipios de menor población: ¿qué papel corresponde a las entidades supramunicipales en el mapa local?


Bloque III. Políticas públicas e inframunicipalismo

Capítulo VII. La pobreza energética en los municipios de menor población: reflexiones desde la perspectiva de la sostenibilidad

Capítulo VIII. Municipios de menor población y reto demográfico: estado de la cuestión y propuestas

Capítulo IX. Bases para una nueva economía en la aldea

En las respectivas webs de Red Localis y Wolters Kluwer tenéis el informe a texto completo y en descarga libre.

 

viernes, 23 de junio de 2023

Asturias ante el reto demográfico. Análisis y perspectivas

Acaba de salir publicado el libro colectivo titulado Asturias ante el reto demográfico. Análisis y perspectivas. Lo edita el Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea) y lo tenéis a la venta en su web (https://ridea.asturias.es/) y en librerías. Coordinan el volumen dos grandes expertos: Juan Luis Rodríguez-Vigil Rubio y Javier Junceda Moreno.

Mi capítulo es sobre "Fiscalidad federal y diferenciada ante el reto demográfico". Ya os adelanté la conferencia que sirvió de base. Enlace al vídeo completo

Todos los capítulos son muy recomendables, sin excepción (excluyo el mío, por pura modestia). Sobre contratación pública, análisis demográfico, economía, enfoque de género, legalidad... Todo un manual de teoría, pero sobre todo, de práctica.


viernes, 12 de mayo de 2023

Fiscalidad federal y diferenciada ante el reto demográfico

Os dejo el vídeo completo de mi conferencia en el Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea), el pasado 21 de marzo, dentro del ciclo Asturias ante el reto demográfico. Me tocó hablar de lo que reza en el título de esta entrada. En unos días saldrá el texto, dentro de un libro colectivo.

jueves, 11 de febrero de 2021

La recuperación general precisa de solidaridad territorial

 


En 2020 el mundo se paró y en 2021 es necesario reactivarlo. Terminar con la pandemia es una obligación y estimular la economía constituye un deber. La peor política sería “dejar hacer, dejar pasar”, puesto que no son dos tormentas que escampen solas, sino que ambas salidas son claramente endógenas. Mirar para otro lado no puede ser una opción; nos llevaría a una situación aún más dramática y a una crisis aún más profunda.

Dejando las cuestiones sanitarias a las personas expertas, intentaremos arrojar un poco de luz sobre la reactivación económica y las desigualdades entre territorios. Repasemos.

En primer lugar, la pandemia de covid-19 debe comenzar a remitir (esperemos) por efecto de las medidas de vacunación y restricción a la movilidad.

También encaramos la última década para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, a los que nadie es ajeno, ya sea privado, público, mixto, supranacional, estatal, autonómico o local. Nadie.

En tercer lugar, recordemos que acaba de empezar el nuevo periodo presupuestario plurianual en la Unión Europea, 2021-2027, con el mayor volumen de fondos de la historia y con renovados desafíos e instrumentos. Relacionado con esto, se han aprobado los Presupuestos Generales del Estado, algo tan poco noticiable como un día de lluvia en Asturias, de no haber sido por la larga sequía presupuestaria previa.

Además, anotemos que en 2020 finalizó el periodo “transitorio” de la ley de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera, como estaba previsto desde la reforma constitucional de 2011 y como la pandemia certificó.

La recesión económica es de magnitud desconocida y novedosa, ya que se asimila a un coma autoinducido. España, una vez más, acrecienta la amplitud de su ciclo, igual que cuando en fase alcista suele ir también muy rápido. Un problema subyacente de modelo productivo y económico que no podemos obviar.

Todo lo expuesto nos lleva a priorizar un mensaje: no se deben escatimar esfuerzos para salir cuanto antes del pozo, sin que ello signifique construir otros agujeros negros, particularmente, de deuda pública. Aquí es donde el Banco Central Europeo (que parece haber aprendido de la anterior crisis) y los fondos europeos cobran todo su sentido. España va a recibir 140.000 millones de euros para la reconstrucción, todos ellos vinculados a reformas estructurales, a inversiones finalistas y a un estrecho control de eficacia, eficiencia y legalidad.

Los recursos de la política de cohesión han sido siempre una de las claves de bóveda del proyecto de la Unión Europea, con España como uno de los principales Estados miembros beneficiarios. Y así seguirá siendo desde 2021, con numerosos matices. La contribución de esta política al crecimiento del PIB y del empleo ha sido indudable, especialmente en las comunidades autónomas menos desarrolladas. Sin embargo, las disparidades económicas entre territorios, lejos de haberse mitigado, se han consolidado. Dicho de otro modo: hubo eficacia en el crecimiento, pero no en la reducción de desigualdades. Por ello, la reflexión sobre las políticas públicas a aplicar debe ser profunda, más aún cuando tenemos delante unos ingentes recursos que, de otro modo, se podrían dilapidar. Seguir por un camino idéntico solo puede conducir a resultados similares. Creceríamos, sí, pero no al mismo ritmo, ni todos. Y eso casa mal con la solidaridad, la cohesión y el desarrollo futuro.

Por otra parte, el análisis de la realidad nos muestra que la persistencia de la desigualdad en la distribución personal de la renta obstaculiza o ralentiza la convergencia regional (la mayor importancia que se le concede al pilar social en la política de cohesión europea para 2021-2027, apunta, por fin, en esta línea). No en vano, el Tratado de la Unión Europea proclama el fomento de la cohesión económica, social y territorial y la solidaridad entre los Estados miembros. Y la Constitución española reconoce y garantiza el derecho a la autonomía junto a la solidaridad entre regiones y nacionalidades.

España afronta un apasionante escenario, con las prioridades de transformación digital, transición ecológica e inclusión social, todas ellas potenciales fuentes de crecimiento, aunque también de desigualdad, si las cosas no se hacen bien. Nuestro complejo modelo territorial puede ser la mejor oportunidad para aprovechar las bondades fundacionales del federalismo, vestidas ahora con el ropaje de la “cogobernanza”.

Para ello, es preciso que los Fondos de Compensación Interterritorial (FCI) recuperen el vigor perdido durante décadas y cumplan su función constitucional de instrumento interno de solidaridad y desarrollo regional. No se deben confundir estos objetivos estructurales con los inmediatos del Fondo Covid-19, dotado en 2020 con una cantidad que equivale a 37 veces el importe del FCI.

Asimismo, tienen que abordarse ya la revisión de la financiación autonómica (toda ella, no solo el sistema como tal) y la reforma del sector público local, incluyendo la digestión de los mecanismos “adicionales” de financiación, nacidos como “extraordinarios”, pero que no deberían seguir supliendo los recursos ordinarios ni las operaciones de crédito concertadas en el mercado, casi como una anestesia permanente. Y a modo de envolvente, una reforma fiscal integral que no viene nunca, como el porvenir de Ángel González.

Tampoco puede obviarse que las grandes competencias sociales y ambientales son autonómicas, de forma exclusiva o compartida. Dar voz, voto y acción a comunidades autónomas y entidades locales en la gestión de los fondos europeos no es una opción, ni una concesión graciosa, sino una necesidad y una obligación constitucional. La flamante Conferencia Sectorial del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia es el marco adecuado, sin menoscabo de las competencias del Consejo de Política Fiscal y Financiera, del resto de conferencias sectoriales, de la Comisión Nacional de la Administración Local y, por supuesto, de la Conferencia de Presidentes.

En suma, la solidaridad interterritorial debe ir de la mano de la eficacia y la eficiencia, huyendo del tradicional y -en ocasiones- pasivo “territorialismo” en el reparto de fondos, sin que esto signifique obviar las desiguales condiciones de partida, así como la capacidad real de captación y absorción de proyectos y recursos. La cooperación es clave.

Publicado en el blog De fueros y huevos (Rifde-Expansión) con Encarnación Murillo García el 11 de febrero de 2021


jueves, 17 de diciembre de 2020

Las políticas de desarrollo regional en España

 
Se acaba de publicar el 4º Informe sobre la Desigualdad en España: una perspectiva territorial, editado por la Fundacion Alternativas, con la colaboración de la Fundación 1º de Mayo y la Fundación Francisco Largo Caballero, bajo la dirección de Luis Ayala Cañón y Jesús Ruiz-Huerta Carbonell. El informe pone el foco en una cuestión tan relevante como son las conexiones entre las desigualdades personales y territoriales de la renta. La diversidad de patrones productivos, las diferentes estructuras demográficas y la distinta articulación de las políticas sociales nos invitan a pensar en la dimensión territorial como una de las claves para entender las tendencias de la desigualdad en nuestro país. Algunos de los nueve capítulos que componen el informe tratan de ofrecer un panorama general sobre la desigualdad interregional de la renta, el desarrollo regional comparado y sus principales problemas. Otros describen cómo han evolucionado la desigualdad y otros indicadores de bienestar dentro de cada territorio. Por último, se abordan el alcance y la tendencia de las desigualdades territoriales en la provisión y el acceso a las prestaciones y servicios públicos básicos de bienestar social, como la educación, la sanidad, la atención a las personas dependientes o las pensiones. Todos los temas, inevitablemente, desembocan en una reflexión sobre los posibles efectos de la pandemia de la covid-19, cuyos desiguales efectos entre territorios y dentro de ellos ya comienzan a vislumbrarse.

Encarni Murillo y yo colaboramos con el capítulo sobre Las políticas de desarrollo regional en España. Nuestro punto de partida es el análisis de las políticas y actuaciones de desarrollo regional y reequilibrio territorial, tomando como base las disparidades de renta y riqueza entre las comunidades autónomas. Revisamos con detalle los instrumentos de la política regional en España, prestando especial atención a los fondos procedentes de la Unión Europea y al instrumento básico de solidaridad regional de carácter nacional, como es el Fondo de Compensación Interterritorial (FCI). La contribución de las ayudas europeas al crecimiento económico y al empleo de las regiones españolas ha sido positiva y significativa durante las últimas décadas, pero persisten las diferencias entre regiones, que hacen necesarias nuevas líneas de actuación, entre las que habrá que incluir una parte de los recursos procedentes del plan de reconstrucción europeo. Esa necesidad de cambio viene impuesta también por los nuevos retos, como los objetivos de la Agenda 2030, la crisis de la covid-19, la nueva política de cohesión para el periodo 2021-2027 y la necesaria prioridad de la transformación digital y ecológica y del desarrollo del pilar social. Respecto al FCI, su pérdida de peso específico a lo largo de los últimos años está limitando sensiblemente su capacidad como instrumento de solidaridad territorial. En esa dirección, proponemos posibles modelos de crecimiento del FCI como instrumento de apoyo al desarrollo regional y como vía para un mayor compromiso de las comunidades forales con dicho desarrollo.

Aquí tenéis el INFORME COMPLETO en pdf y aquí la PRESENTACIÓN en vídeo.


viernes, 13 de noviembre de 2020

Un libro contable y una biblioteca de homenaje


Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población.

La anterior sentencia no forma parte de una reciente noticia de prensa, ni se enmarca en las declaraciones de un responsable político, ni siquiera se ha sacado de un informe de salud pública. Sus fieles habrán reconocido ya la cita como un extracto de ‘La Biblioteca de Babel’, uno de los textos borgianos más impresionantes y más influyentes en variados aspectos del saber.

Para Borges, la Biblioteca (en mayúscula) es el universo. Todo está allí. Y ocurre así porque, con permiso de la rueda, la electricidad o internet (quizás otra gran biblioteca), este montón de cuartillas encuadernadas al que llamamos libro sigue siendo uno de los inventos más sublimes de la humanidad, en tanto que recipiente de conocimiento, transmisor de cultura, repositorio de ciencia, compendio de técnicas y, en fin, medicinal sinergia para cuerpos y mentes. Hay quien afirma que la digitalización terminará con el libro, pero mucho me temo -y me alegro- de que estos agoreros no vayan a tener razón, como tampoco el vídeo mató a la estrella de la radio.

El libro está más vivo que nunca y hasta vuelve a estar de moda, espero que no como un nuevo diseño fútil, sino como las camisas blancas, presentes en todos los armarios de mujeres y hombres, con mayor o menor empaque, pero siempre imprescindibles y básicas. No puede ser una coincidencia que en plena pandemia hayan aumentado las ventas de libros en España (quizás un “efecto refugio”, entre tanto mal) o que uno de los más despachados sea el reciente Premio Nacional de Ensayo, ‘El infinito en un junco’, donde Irene Vallejo narra la historia del libro y su significado sociosentimental. Tampoco es baladí el resurgir de ese género propio que son los “libros sobre libros”, ficcionales o no, entre los que me fascinan ‘El nombre de la rosa’ de Umberto Eco, ‘El club Dumas’ de Arturo Pérez Reverte y ‘Las confesiones de un bibliófago’ de Jorge Ordaz. Y ahora mismo, aún en mi mesita, ‘La biblioteca de Max Ventura’, el último de Leticia Sánchez Ruiz.

Me alegré mucho al ver que en este confinamiento selectivo de segunda ola las librerías en Asturias han sido declaradas oficialmente como servicio esencial. Y que las bibliotecas en la mayoría de pueblos y ciudades pueden seguir prestando libros. Entre tanto drama real, no está mal encontrar puertas a la esperanza, también en la lectura.

Debo volver en este punto a Borges, siempre presente. En concreto, al descubrimiento en Brasil, hace unos pocos años y casi de manera serendípica, del manuscrito original de ‘La biblioteca de Babel’, fechado en los años cuarenta del siglo pasado. Dicen las crónicas que el documento se halló en una carpeta mugrienta (sic), dentro de la cual estaban los nueve folios de un cuaderno de contabilidad, con múltiples tachones y enmiendas. El sabio argentino apreciaba la corrección sucesiva de versiones y galeradas. No en vano, decía, “el concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”.

Hay muchas bibliotecas y todas están muy cerca, tomando prestado aquí el conocido lema turístico. Pueden ser monumentales o modestas; populares o especializadas; personales o institucionales; públicas o privadas; itinerantes o estables; de barrio o de pueblo; escolares o universitarias; y -en falsa hipérbole- casi todas ellas custodiadas o estudiadas por Ramón Rodríguez Álvarez en algún momento.

La biblioteca de la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias es, por definición, un lugar de estudio y de apoyo al trabajo de fiscalización, integrado en su mayoría por valiosas publicaciones técnicas sobre auditoría, contabilidad, economía o derecho público, algunas descatalogadas o de muy difícil adquisición. Pues bien, desde ahora este espacio llevará el nombre de Avelino Viejo Fernández, quien fuera primer síndico mayor y, sin duda, su gran impulsor durante catorce años, incluidas variadas y generosas donaciones personales. Coincide este reconocimiento con su reciente jubilación laboral, tras más de cuarenta años de ejemplar servicio público, pero sobre todo es un homenaje que le devuelve una parte de su demostrada pasión por los libros. Si ‘La biblioteca de Babel’ es inconmensurable, la biblioteca de la Sindicatura de Cuentas es mucho más sobria, pero ambas comparten el hecho de haber nacido al calor de un libro (de contabilidad).

El control de los fondos públicos es fundamental en todo momento, no solo cuando atravesamos una crisis o, como ahora, una pandemia mundial de gravísimas consecuencias para nuestra salud y nuestra economía. La fiscalización debe ayudar a la gestión con sus conclusiones, opiniones y recomendaciones. A la inversa, la gestión debe colaborar con el órgano de control externo desde el pleno respeto a la ética, la legalidad, la transparencia y la eficiencia. La utilidad mutua es la clave. Como la de un libro. 
 
 
Publicado en El Comercio el 13 de noviembre de 2020



lunes, 6 de abril de 2020

Balance local de 2019 (año 1 antes del coronavirus)


En pleno estado de alarma en toda España, acaba de ver la luz el número 167-168 de la revista Economistas, editada por el Colegio de Economistas de Madrid. En el monográfico se hace un balance de la economía española en 2019, incluyendo análisis generales y sectoriales. Aquí está el documento completo

Mi artículo se titula “El sector público local ante la tercera década del siglo XXI”. Explico brevemente que el sector público local termina 2019 y comienza la tercera década del siglo XXI con numerosos desafíos por delante, tanto generales como particulares. Entre los primeros, su contribución al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, junto a los demás niveles de gobierno y a la propia sociedad civil. Entre los específicos, sigue ocupando un lugar destacado la reforma de su sistema de financiación que, quizás, podría ser enmarcado dentro de una reforma más general de sus funciones y competencias. En el trabajo repaso las principales cifras de ingresos, gastos y endeudamiento, denotando una adecuada situación agregada de las entidades locales. 

Y después llegó el coronavirus. Pero esa es otra historia.


jueves, 11 de julio de 2019

Primera entrevista como síndico mayor

Entrevista de Ana Moriyón y foto de Álex Piña, publicadas en El Comercio el 11 de julio de 2019

Roberto Fernández Llera (Avilés, 1978), síndico mayor desde abril, lleva en la Sindicatura de Cuentas de Asturias como jefe de gabinete técnico desde 2012. Licenciado en Economía y doctor por la Universidad de Oviedo, asume ahora el reto de dar un paso más en el cometido de este órgano. Además del cumplimiento de la legalidad, su equipo se ha propuesto vigilar también la eficiencia y la eficacia en el gasto público.

–¿Los asturianos estamos suficientemente concienciados de que el dinero público no cae del cielo? –Quiero pensar que sí. La crisis ha tenido efectos desastrosos en muchos ámbitos económicos y sociales, pero ha tenido también algunos positivos, como que hoy la exigencia ciudadana sobre el control de los fondos públicos es mucho mayor. Nuestro deber también es concienciar de que cada vez tenemos que ir más allá y desplegar nuestro cometido para controlar no solo el mero cumplimiento de la legalidad, sino también la eficiencia, la eficacia y la economía, todos ellos principios que están en la Constitución española.

–Un 30% de los ayuntamientos no les facilita en tiempo y forma la documentación. ¿Es partidario de tomar medidas coercitivas para reducir ese porcentaje? –Somos de las comunidades que tenemos un grado de rendición de cuentas más elevado pese a que partíamos de una posición muy mala hace diez años. Pero el grado sigue sin ser óptimo y a veces hay que recordar que esto es una obligación legal y democrática para mejorar la transparencia de los gestores públicos, no un capricho de nadie. Es cierto que tenemos diferentes mecanismos para mejorar el grado de rendición y soy partidario de usar las multas si se observa falta de colaboración o resistencia a la actividad fiscalizadora, pero ese es un extremo que no se ha dado.

–¿De qué sirve un presupuesto en un ayuntamiento o una administración autonómica que luego no se ejecuta? –Cuando el gestor aprueba un presupuesto está anticipando sus prioridades y poniendo cifras a lo que espera gastar e ingresar. Si no se cumple es porque se han hecho mal las estimaciones o no las está utilizando de forma correcta, y eso nos lleva a una gestión que no es transparente. Puede deberse a muchas razones, a veces a problemas sobrevenidos, pero también a la desidia gestora.

–En un reciente informe han aconsejado la disolución de varias mancomunidades que, a priori, deberían haber servido para compartir servicios y ser más eficientes. ¿Qué se ha hecho mal? –Las mancomunidades funcionaron durante mucho tiempo de forma satisfactoria y algunas, incluso, lo siguen haciendo a día de hoy. Lo que hemos reflejado en el informe es que hay algunas que ya no tienen actividad, ni personal, ni presupuestos, y por lo tanto hemos recomendado su disolución porque lo contrario es mantener una ficción administrativa.

–¿Existen ‘chiringuitos políticos’ en Asturias? –En Asturias hay muchos chiringuitos estupendos en las playas, pero entiendo que es un término despectivo para hablar de organismos públicos. Hay entidades del sector público local y autonómico que funcionan magníficamente y otras que están casi o absolutamente sin actividad porque han perdido el sentido con el que en su momento se constituyeron. Lo que decimos en la Sindicatura es que, en ese caso, se disuelvan, pero me niego a utilizar el concepto ‘chiringuito’. Me quedo con los de la playa.

–¿Me puede dar ejemplos de entidades que deberían disolverse? –En el último informe sobre fiscalización del sector público local aconsejamos iniciar procesos de liquidación y disolución para la Agencia de Desarrollo Local de la Formación, Empleo y Empresa del Ayuntamiento de Llanes y el Patronato Municipal del Museo de Anclas del Ayuntamiento de Castrillón. Del otro lado, hay entidades que funcionan magníficamente, como son los consorcios de agua, de gestión de residuos y de transporte. Incluso algunos son modelos de gestión para toda España.

–¿Cómo se puede determinar lo que es o no eficaz y/o eficiente, manteniendo la objetividad que se presupone a este órgano? –Eficacia es cumplir unos objetivos predefinidos, eficiencia hacerlo optimizando los recursos disponibles y económico, de la manera más barata posible. No siempre es posible hacerlo todo a la vez y es el gestor el que tiene que decidir qué principios prioriza en cada caso. Lo que tiene que hacer el órgano fiscalizador es ver si esos criterios se han cumplido y en qué grado, porque uno nunca es eficiente en términos absolutos y son conceptos siempre relativos. En todo caso, es cierto que lo más fácil sería ir al puro cumplimiento de la legalidad, lo otro es un reto que asumimos.

–Según ese discurso, ¿cree que es eficaz, eficiente y económico tener 78 ayuntamientos en Asturias? –Obviamente, un tamaño de municipio ínfimo no puede prácticamente hacer gestión alguna porque no tiene presupuesto ni personal y apenas masa crítica. Ahora bien, un municipio demasiado grande también puede incurrir en costes de congestión. No hay un tamaño de concejo óptimo, si lo hubiera probablemente lo estaríamos aplicando. Lo que hay que hacer es optimizar las estructuras administrativas para la gestión de los servicios y, si como ayuntamiento no puede ser, buscar una fórmula superior que puede ser la mancomunidad, la comarca o, como caso extremo, la fusión de municipios. Esta última, además de ser una decisión meramente política, tendría que tener en cuenta
condicionantes de tipo histórico y geográfico.

–Otra cuestión. ¿Una escuela rural con cuatro alumnos es eficiente? –Aquí entraría otro concepto, la equidad. A veces si solo nos fijamos en cuestiones que tienen que ver con la eficiencia podemos descuidar otros principios que también están en la Constitución, como es la igualdad de oportunidades y la equidad. 

–Formó parte de la comisión de expertos para la revisión del modelo de financiación autonómica. ¿En qué momento está esa reforma? –La comisión de expertos hizo su informe en 2017 y, a partir de ahí, dejó paso a la negociación política que, a día de hoy, parece estancada.

–¿Asturias se juega mucho en esta negociación? –No me gusta plantear la reforma de la financiación autonómica en términos de enfrentamiento entre territorios. Pero, inevitablemente, estamos hablando del reparto de recursos para financiar los servicios básicos y es un tema sensible. Es muy importante en el caso de Asturias atender a los costes reales de prestación de determinados servicios teniendo en cuenta variables como la demografía, la orografía y la dispersión. Evidentemente, debemos defender lo que nos interesa, pero sin perder de vista la visión de conjunto porque, en definitiva, estamos hablando del diseño del modelo de Estado.

–¿Un adelanto electoral sería eficiente o eficaz? –La democracia tiene costes, pero son costes que, y hablo a título personal, yo asumo. Sería más barato no hacer elecciones nunca, seguramente, pero sería mucho peor. Hay gastos como el electoral, el de seguridad ciudadana o el de los servicios públicos que en democracia hay que hacer, y no deberían espantar a nadie. Luego nos toca a los órganos fiscalizadores determinar si ese gasto se ha hecho conforme a la normativa.

–¿Cree que Avelino Viejo debería haber tenido una salida más digna? –Avelino Viejo fue una persona fundamental para la Sindicatura de Cuentas sin la cual probablemente hoy este órgano sería muy diferente. Hay que reconocer el trabajo magnífico que hizo y creo que tuvo una salida a la altura de la labor que, durante catorce años, desplegó frente a un entorno a veces complicado. Asturias le debe mucho a Avelino Viejo.

 

miércoles, 19 de junio de 2019

Industria y corazón

ALEX PIÑA (El Comercio)
Hablar de industria en Asturias es como hablar del corazón en un congreso de cardiología: resulta obligado y necesario. Asturias no se entiende sin industria y la industria no sería lo mismo sin la aportación asturiana.

Si el corazón es el órgano vital por excelencia para el cuerpo humano, la industria lo es para la economía del país y, por extensión, para la existencia misma del país. El caso de Asturias es paradigmático.

Un corazón muy dañado o con problemas congénitos irresolubles no suele tener más recambio que el de un trasplante o, por desgracia, más salida que la muerte. En el caso de la industria, el único sustituto cercano solo puede estar en la propia industria, esto es, en el auto-trasplante, por seguir con la analogía médica.

El futuro –o más bien el presente- supone abrir paso a una industria moderna, tecnificada y limpia, generadora de empleo de calidad y productos de cuidada elaboración, con alto valor añadido, rentabilidad social y vocación ambiental. La vieja industria de las grandes “catedrales”, que medía su valor en toneladas y plantillas, contaminadora de ríos, rías y atmósferas, hoy no se sostiene ni sirve como referencia.

No quiero decir –ni siquiera insinuar- que la nueva industria deba demoler todo lo construido durante décadas y siglos. Lo que me gustaría –y creo que no es un deseo egoísta ni solitario- es que podamos andar el obligado camino de una forma ordenada, sin demasiada prisa, pero sin pausa alguna. En Asturias la palabra “reconversión” nos suena con tono muy alto (no es para menos; las hemos sufrido todas). Y ahora estamos en plena transición ecológica, o sea, en otra reconversión, posiblemente la definitiva, motivo por el cual debemos hacerla con altura de miras y, por qué no decirlo, con ayuda.

Cuando estudiábamos los aranceles en la Facultad de Ciencias Económicas (antes se llamaba así), el profesor o la profesora nos alertaba siempre de sus perjuicios para el comercio internacional y la competitividad. El discurso era casi unánime. Al mismo tiempo nos mostraban las teóricas ventajas derivadas de las sucesivas rondas del GATT y de la Organización Mundial de Comercio, así como la integración económica en la Unión Europea. Curiosamente, vivimos tiempos en los que se vuelve a hablar de aranceles, aunque de dos formas muy diferentes. Una, para amenazar con un nacionalismo económico empobrecedor del vecino o del competidor (léase: Donald Trump). La otra forma, que me gusta bastante más, es sobre la posibilidad de que los aranceles o peajes ambientales sirvan para que la lucha contra el cambio climático sea justa y no la hagamos en solitario unos voluntariosos europeos, sino todo el mundo, con los matices y plazos que sean necesarios. Recuerdo mi único viaje a China, en el que palpé y respiré un colosal deterioro ambiental y un nulo respeto a las elementales normas sociales y laborales. La competencia suele ser beneficiosa, pero sin igualdad de oportunidades se convierte en un juego de supervivencia salvaje, donde el planeta y las personas siempre pierden.

Por eso necesitamos acometer la nueva reconversión, pero no podemos ni debemos hacerla solos, para que al final nos sacrifiquemos unos pocos, sin que se consigan los objetivos de desarrollo sostenible que marca la Agenda 2030.

Pero, más allá de este enfoque estrictamente económico que acabo de esbozar, la industria nos conecta de nuevo con el corazón, no ya como víscera que bombea sangre, sino como icono y alegoría del amor. La industria goza de un prestigio indudable y un halo romántico, a pesar de ser el sector “secundario”, en terminología económica clásica. Por eso hablamos –incluso forzando términos- de la industria del turismo, la industria del cine o incluso la industria de las personas, en este último caso referida a los cuidados a nuestros mayores y pequeños. Es evidente que un concepto sinónimo de industria como el de negocio, por muchas razones, no tiene ni de lejos su buena prensa. Una vez más, acierta la sabiduría popular cuando nos conecta mentalmente con los buenos sueldos medios que suele pagar la industria y con la actividad económica auxiliar y complementaria que se genera “aguas abajo” y “mar adentro”, si se me permite la expresión.

Las informaciones suelen exaltar las crisis, pero también es habitual que minimicen las alegrías y los ejemplos positivos. Es lógico: no es noticia que el perro pasee por un parque limpio, sino que ese mismo perro muerda a un niño. Pero no por ello debemos hacer un esfuerzo como sociedad para divulgar lo mucho y bueno que tenemos. Sin ánimo de exhaustividad, podemos recordar el enorme salto cualitativo de nuestra industria agroalimentaria en las últimas décadas, con más y mejores productos, entre los que citaré la leche y la sidra, con todos sus derivados de alto valor añadido, por su significatividad y su identificación con Asturias. O los astilleros que son referencia mundial por su competitividad. O las empresas de tamaño medio que están fabricando productos y bienes de equipo para todo el mundo. Algunas son asturianas de nacimiento y otras lo son por adopción, tras haber anidado en esta tierra con gran éxito. No tendrían que ser islas de prosperidad, sino archipiélagos de éxito, bien conectados entre sí y con el resto del sistema económico.

No quiero terminar sin enunciar el papel del sector público, ese “Estao” (sic) que para algunos sigue siendo el todopoderoso hacedor, obviando que el Estado somos nosotros y nuestros impuestos. Por muchos motivos jurídicos, financieros y políticos, hoy sería impensable una nacionalización a gran escala, como en su momento fueron aquellas de “Inilandia”. Pero donde el sector público –local, autonómico, estatal y supranacional- sí puede y debe jugar un papel decisivo es en la regulación, como facilitador de relaciones laborales sanas entre sindicatos y empresas, producciones competitivas y sostenibles, y territorios que puedan seguir aspirando a un desarrollo equilibrado. Y por supuesto, el sector público debe ser implacable en el control de las ayudas facilitadas a determinados sectores, en cualesquiera sus formas, para evitar el fraude o el latrocinio.

Texto adaptado de la presentación a la conferencia de José María Urbano en el Ridea, el 17 de junio de 2019
Publicado en El Comercio el 19 de junio de 2019. 


martes, 19 de marzo de 2019

Balance económico y local de 2018


Acaba de ser presentado el número 162-163 de la revista Economistas, editada por el Colegio de Economistas de Madrid. En el acto participó la ministra de Economía y Empresa, Nadia Calviño. En el monográfico se hace un balance de la economía española en el año 2018, incluyendo análisis con carácter general, así como de los principales sectores productivos, sistema financiero, sector público, capital humano y empleo, actividad empresarial, economía y medioambiente, economía nacional y perspectivas, así como una reseña con las aportaciones de los premios Nobel de Economía de 2018, William Nordhaus y Paul Romer.

Aquí está el sumario completo.

Mi artículo lleva por título "El sector público local sigue en espera". Explico que el sector público local español tiene ante sí numerosos retos. Cuenta con la ventaja de una situación financiera general saneada (casos particulares al margen), pero afronta el futuro con algunas desventajas derivadas de una estructura administrativa muy atomizada y un sistema de financiación pendiente de reforma desde hace varios años. En el trabajo se repasan las principales cifras de ingresos, gastos y endeudamiento, se presta especial atención a la regla de gasto como factor limitativo y se exponen los principales desafíos normativos, algunos compartidos con los demás niveles de gobierno y otros específicos del ámbito local.


viernes, 1 de febrero de 2019

Presupuestos y financiación local: la hora de la verdad

http://redlocalis.com/2-informe-red-localis/

Hace unas semanas se presentó el II Informe Red Localis, dirigido por Concepción Campos Acuña y yo mismo, con la coordinación de María Cadaval Sampedro, editado por Wolters Kluwer. El título general del informe es "Presupuestos y financiación local: la hora de la verdad".
En la línea del trabajo habitual de la Red Localis y en continuidad con el I Informe, el II Informe Red Localis. Presupuestos y Financiación Local: la hora de la verdad, apunta las claves y propone los planteamientos de futuro que, sin duda, serán de utilidad a los candidatos a gobernar las entidades locales en los próximos 4 años a partir del mes de mayo de 2019, para contribuir a la reflexión y al debate público sobre un tema fundamental para la gestión pública.

La hacienda local no fue ajena a los efectos de la crisis económica. Una década después aún se resiente de las heridas que produjo la merma de la recaudación impositiva y la asunción de competencias impropias que obligaban, al menos sobre el papel, a su reordenación. En este contexto se puso encima de la mesa alguna reforma legislativa –cuya decepción sigue pendiente de clarificar muchas cuestiones y adoptar decisiones vitales para el futuro-, la Comisión para la reforma de la financiación local –que sigue esperando que alguien la retome- y un patrón de fórmulas de gestión innovadoras que precisan del apoyo institucional y ciudadano para avanzar hacia una Administración local del S. XXI.

Los entes locales han dado muestra de responsabilidad para acatar con rigor los mandatos del artículo 135 de la Constitución que prescribió equilibrio presupuestario, pero solo con ésto no es suficiente en un contexto de retos complicados para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo sostenible, y a la vez dar respuesta a los retos sociales más urgentes: el envejecimiento, la despoblación del rural, la inmigración o la gobernanza urbana en un contexto de transformación hacia la economía circular y sostenible.

De la mano de relevantes expertos en cada una de las materias –de la administración y la universidad-, el II Informe Red Localis aborda las reformas pendientes de la administración local, donde el vetusto esquema institucional sigue enrocado en la búsqueda de un tertium genus que sea capaz de conjugar con eficiencia económica e inteligencia política la transformación que se espera. Tampoco se olvida el Informe de la reforma tributaria –con especial hincapié en la solución al problema causado por la declaración de inconstitucionalidad del llamado impuesto sobre las plusvalías-, la reformulación del modelo de transferencias para convertirlo en un verdadero sistema de nivelación y el ámbito europeo de financiación local; todo ello envuelto en la necesidad de introducir buenas prácticas de presupuestación y control para garantizar la calidad de los servicios públicos.
En el enlace está el informe a texto completo y en descarga libre. Ya estamos trabajando en el tercero, para finales de 2019, con una "estación intermedia" en junio en Ourense.

sábado, 26 de enero de 2019

Recuerdos y desafíos



Tengo cierta sensación de fin de época en Avilés y en toda Asturias. No es malo, simplemente es una percepción, equivalente a decir que siento frío. Todo relativo.

El año pasado fueron varias las efemérides que conmemoramos por este lugar del mundo, desde la más antigua, los 1.300 años del Reino de Asturias, hasta la inmediata, el ‘año cero’ de una nueva ola de feminismo. Un siglo también desde la declaración del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga y el mismo tiempo transcurrido desde la ‘coronación’ de la Santina.

El diario El Comercio cumplió 140 años y La Voz de Avilés celebró 110 vueltas al sol. La COCINA (o sea, la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Avilés, según el acrónimo popularizado por Venancio Ovies) acaba de soplar 120 velas (en realidad, el 1 de enero de 2019), mientras que el Real Club de Tenis Avilés sumó su primer medio siglo.

Se cumplieron cuatro décadas de la preautonomía asturiana, con la creación en 1978 del Consejo Regional de Asturias, antecedente inmediato de nuestra Comunidad Autónoma. Y, por supuesto, de la Constitución Española, sobre la que tanto se ha dicho y escrito, casi siempre para bien. De nuevo en lo local, fue aquel año 1978 el del nacimiento de la exitosa Fundación Deportiva Municipal de Avilés.

Pero Avilés terminó 2018 despidiendo a su primer alcalde democrático y empezó 2019 sin el presidente autonómico que impulsó, entre otras actuaciones, el Centro Niemeyer. También se fue Juan Cueto Alas, artista amplio y ‘glocal’, Sardina de Oro (entre otros muchos reconocimientos) y gran defensor de lo antiguo modernizado, en sana convivencia con lo innovador que respeta el pasado.

Seguro que tenemos muchas más cosas que recordar, pero no es menos cierto que el retrovisor del coche empieza a estar gastado de tanto mirarlo. En cambio, las luces largas alumbran poco, no más allá de nuestro patio particular o de unos pocos meses.

Me resulta frustrante leer elogios a aquel Avilés sucio y gris de hace unas décadas, al lado de críticas a la limpieza y la restauración de hoy en día. El recuerdo es libre, pero la realidad es la que es: nunca será mejor un puente en ruinas y cerrado que otro colorido y en servicio. O un casco histórico lleno de coches que otro para pasear disfrutando. “Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”, como canta Sabina.

Es doloroso observar que cierran comercios clásicos, por la nefasta conjunción de tres ausencias: personas que den el relevo (sea nuevos emprendedores o continuadores del negocio familiar), otras que acudan a comprar (sin clientela, no hay nada) y mínima actitud de progreso (que no es solo dinero). Suelen ser los pesimistas compulsivos quienes critican cualquier cierre de negocio, pero incluso las aperturas cuando el producto que se vende no les gusta, o quien promueve y arriesga les cae mal. Defienden el taxi, pero nunca se suben a uno. Sueñan con el cine, pero ven las películas en casa. Encargan las cortinas en una gran superficie, pero no en la tienda de toda la vida. Por supuesto, pagar más por lo mismo no parece racional, pero, ¿de verdad es el mismo producto? Y a la inversa, si el precio es muy parecido, ¿por qué no compramos aquí? (que cada uno defina su espacio cercano como quiera, Internet incluida). Claro, siempre resulta más fácil echar la culpa de la decadencia al ‘político’ de turno, así, sin más, al tiempo que se urge a otro ‘político’ para que lo arregle todo.

Las añejas librerías de viejo nos sirven de ejemplo. Trabajan en red desde hace años y en sus páginas web se pueden buscar y comprar todo tipo de libros. Eso es innovar la tradición, utilizando nuevos canales de promoción y distribución, además, con plenas garantías de consumo y sin economía sumergida, ya que todo queda registrado. Tomen nota.

Avilés no puede vivir sin industria. Sería un ente sin alma y sin futuro. No hay sustituto a corto plazo para la actividad y el empleo de las fábricas, pero tampoco perdamos de vista que la alternativa o el complemento pueden estar a 20 kilómetros de distancia o a pocos millones de euros de inversión. Las industrias que han muerto o que mataron por desinterés ya no sirven como esperanza. Habrá que buscar nuevas actividades y otros mercados. Aquí es donde tenemos que echar el resto con las manzanas de acero, las islas de innovación, los centros de cultura y los recursos de turismo.

Vuelvo a Sabina: “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Cualquier tiempo pasado solo fue anterior. 


Publicado en La Voz de Avilés el 26 de enero de 2019


jueves, 6 de diciembre de 2018

El carbón ha muerto, viva el carbón


 
Desde el 31 de diciembre de 2018, el sector minero en Asturias será una cosa muy diferente a la que conocimos hasta ahora. El finiquito está firmado, sin alegrías, pero sabiendo que era algo inevitable e inaplazable. Pienso que siempre es mejor una mala paz que una buena guerra. Ahora hay tiempo a planificar el futuro sobre el papel de este combustible fósil en el llamado mix energético, en tiempos donde la ecología es el valor predominante.

Trayendo el asunto al Bajo Nalón, nos debemos preguntar un par de cosas. ¿Por qué no? ¿Y por qué no se puede esta vez –que será la última- acudir a los fondos extraordinarios que vendrán en el nuevo plan de transición / reconversión / cierre? Más directo todavía: ¿alguien desde aquí los va a reclamar o nos volveremos a conformar viendo pasar el río? Algunos dieron esta batalla en el pasado, lo cual es de agradecer, pero no encontraron el apoyo suficiente.

Entre 2019 y 2027 habrá una línea de ayudas específicas para el desarrollo alternativo de las comarcas mineras. En concreto –cito textualmente- para cofinanciar “la ejecución de proyectos de infraestructuras y de restauración de zonas degradadas a causa de la actividad minera en municipios mineros”. El acuerdo dice además que la selección de esas infraestructuras se deberá hacer de forma “coherente y complementaria con la planificación regional y local”.

Veamos. El Bajo Nalón es comarca minera. ¿Alguien duda de que lo que arrastró el río aguas abajo durante décadas era carbón? Creo que esto no necesita mucha más explicación. Lo que falta es que se pelee de verdad para conseguir que Pravia, pero sobre todo Soto del Barco y Muros del Nalón, sean incluidos en el listado de concejos beneficiarios de ayudas. Sería de tanta justicia histórica que, quien defienda lo contrario o se abstenga, tendrá que explicarlo muy bien y enfrentarse a sus vecinos y votantes.

En el acuerdo que regirá los próximos años se afirma que en los municipios beneficiarios el desarrollo de las infraestructuras se dirigirá “fundamentalmente” (aunque nada impide que sea a otras cosas) a la “mejora, restauración, recuperación y revalorización de escombreras, zonas degradadas y espacios afectados por las explotaciones mineras del carbón”. Otra pregunta directa a quien la quiera responder: ¿alguien puede negar que la desembocadura del Nalón no sea un espacio degradado, a pesar de las evidentes mejoras de los últimos años? ¿O es que el carbón solo manchó el Nalón aguas arriba?

El lenguaje es muy ilustrativo. Compromiso significa obligación contraída, palabra dada. Presupuesto significa dotar con recursos un plan o una actuación. Coherencia es lógica y sentido común. ¿Vamos llegando ya al final?

Efectivamente, la pasarela entre San Esteban y L’Arena puede y deber construirse a partir de 2019. Por supuesto, con cargo a los recursos ordinarios del Principado de Asturias y, como acabo de sugerir, entrando también al reparto de los fondos mineros de nueva generación, esos que en el pasado se negaron sin motivo a esta zona.

Publicado en La Información del Bajo Nalón el 6 de diciembre de 2018

lunes, 1 de octubre de 2018

Deslocalizacion y exclusión


Cuando se habla de deslocalización, debemos precisar que se trata en puridad del traslado “de una producción industrial de una región a otra o de un país a otro” (así la define el Diccionario de la lengua española y así se ha entendido siempre en la historia económica). Sin embargo, en este juego perverso de deformar el significado de las palabras hasta que denoten otra cosa (posverdad dicen algunos; mentira decimos otros) tiene peligrosas implicaciones.

Un ejemplo de lo anterior tiene que ver con el supuesto agravio que supone para Avilés la pérdida de empresas tecnológicas… ¡porque se van a Gijón! Para el que no lo sepa: a menos de 30 kilómetros. Me pregunto si lo relevante es el coste de transporte para el personal (compensable con dietas o permisos) o si lo que de verdad importa es la valiosa actividad innovadora que despliegan esas empresas de referencia mundial. Me cuestiono también si no estaremos dando más importancia a un estrecho límite administrativo (el concejo) que a otro más amplio (la comunidad). Y me preocupa todavía más que no sepamos respetar las estrategias de emprendedores que arriesgan su dinero y crean empleo de calidad en Asturias, en lugar de hacer ambas cosas en Madrid, en Taiwan o en ningún sitio. Por cierto, a quienes critican a “los políticos” (así, en abstracto) porque no han sabido “cuidar” a estas empresas para que se queden enfrente de su casa, simplemente les recuerdo que las administraciones públicas no deben entrar al juego de las subastas de subvenciones, por ver quién da más o por ser el mejor postor.

No existe deslocalización en los casos citados. Si acaso, habrá “dislocalización”, una palabra que me invento (con permiso de Luis Piedrahita) y que vendría a significar algo así como “sacar de su lugar los argumentos, sin razón y de forma disparatada e imprudente, para criticar las decisiones empresariales autónomas de seguir produciendo a veinte minutos de mi domicilio”.

El localismo excluyente sí me parece un drama que causa daños. Hay quien defiende con estrechez de mente que España debe ser “para los españoles”, olvidando que dentro de ese genérico se incluyen personas blancas, negras, gitanas, nacidas en Rumanía, en Cuba, en Alemania, en Mieres o en Burgos. Pero tampoco es mejor el grito de quienes piden que Avilés sea “para los avilesinos”, olvidando nuestra historia colectiva de acogida y, probablemente, su propia historia familiar de mestizaje y solidaridad. Eso sí, cuando hay que comprar, no acuden al comercio de la esquina y sí al ubicado en un centro comercial, cuyos accionistas forman parte de un fondo de inversión apátrida y especulativo.

Nuevas formas de despotismo y, desde luego, nada ilustrado. 

Publicado en La Voz de Avilés el 1 de octubre de 2018