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domingo, 8 de enero de 2023

Buen gobierno y sostenibilidad para la próxima generación

El marco ODS ubicado junto al embalse de Tanes / JUAN CARLOS ROMÁN

 
Parafraseando al poeta, nos podemos preguntar qué es el buen gobierno. Pues el buen gobierno eres tú... y lo son todas las instituciones que operan sobre valores y normativas. Estamos ante un concepto jurídico indeterminado y una noción económica interpretable, pero en realidad, ante una envolvente de las políticas públicas.

En su 'Alegoría del buen gobierno', fechada en el siglo XIV, Ambrogio Lorenzetti plasmó su preocupación por las virtudes cívicas. En ese fresco, el gobernante aparece rodeado por la prudencia, la justicia, la templanza, la fortaleza, la magnanimidad y la paz. Por el contrario, el pintor reflejó en la 'Alegoría del mal gobierno' a un tirano que pone su propio beneficio por delante del interés general.

En la Revolución Francesa de 1789 leemos en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que «la sociedad tiene derecho a pedir a todos sus agentes públicos cuentas de su administración». Una radical ruptura con el Antiguo Régimen, donde el soberano solo rendía cuentas ante la divinidad, de la que traía causa. Nuestra Constitución de 1812 erige un objetivo de «buen gobierno y recta administración del Estado», que se sintetiza en dos preceptos con el regusto romántico y del sano liberalismo de la época. Uno, marcando la obligación ciudadana de «ser justos y benéficos»; otro, señalando que «el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación». La Constitución de 1978 bebe de la misma fuente, al proclamar su voluntad de garantizar «un orden económico y social justo» y «promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida».

Saltemos a los albores del siglo XXI y elevemos el ámbito territorial. Veremos la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, con uno sobre buena administración. O el Libro Blanco de la Gobernanza Europea, de 2001, con una renovada mirada a los principios de apertura, participación, responsabilidad, eficacia, coherencia y proporcionalidad, todo ello con un marchamo federalista, puesto que hace partícipes a todos los niveles de gobierno.

El buen gobierno impregna nuestra Constitución económica. El artículo 31 de la Carta Magna configura los elementos nucleares del sistema tributario y del gasto, alfa y omega de la actuación pública. Fija la contribución universal sobre la base de la capacidad económica, la justicia, la igualdad, la progresividad y la no confiscatoriedad. Con respecto al gasto público, se establece su asignación equitativa, así como una guía de eficiencia y economía. ¡Qué importante es tenerlo presente a diario!

Una segunda referencia a la idea de sostenibilidad, ausente hasta el verano de 2011, se encuentra en el artículo 135, incluyendo una cláusula de escape para supuestos que «perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado». En tales circunstancias excepcionales, las concretas reglas fiscales quedan suspendidas -como lo están desde 2020 por la pandemia de COVID-19-, aunque no decae la disciplina presupuestaria, emanada de la normativa europea, ahora en pleno proceso de revisión y acomodo a una nueva realidad.

La Ley de Economía Sostenible, aprobada a comienzos de 2011 (y algo preterida), es un ómnibus o «tren que lleva vagones de todas clases y para en todas las estaciones», por su amplitud de miras. Refiere a «un patrón de crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental», sin que prevalezca uno sobre los demás. Se adelantó a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, que datan de 2015.

Seguimos debatiendo sobre cómo «financiar la Constitución» -tomando el título del profesor Corti- o cómo sufragar «el costo de los derechos» -según Holmes y Sunstein-, puesto que «la libertad depende de los impuestos». En definitiva, sobre el pago por una sociedad civilizada, citando a otro Holmes (Oliver Wendell Holmes Jr.).

Aquel paradigma de extrema austeridad culminó en la aludida reforma constitucional y en el rescate financiero, con sus duras condiciones. Recordemos que soplaban también vientos de 'Grexit' que, luego, terminarían rolando a 'Brexit'.

Otro hito del buen gobierno se vivió a finales de 2013, con la ley de transparencia, acceso a la información y -cómo no- buen gobierno. Pasamos de ser uno de los pocos estados de la OCDE y de la Unión Europea sin legislación integral en la materia, a uno de los que más normativa acumula (el péndulo español). Esa ley básica otorga rango legal a los principios éticos y de actuación que deben regir la actuación de las personas que desempeñen altos cargos y asimilados. Destaco aquí la infracción de gestión económico-presupuestaria que supone la no rendición de cuentas.

Desde ese punto de vista, las instituciones de control externo son garantes del buen gobierno, desempeñando su principal función de fiscalización en cooperación, coordinadas con el control interno y con innovadores enfoques de evaluación. Incluimos el Tribunal de Cuentas Europeo, el Tribunal de Cuentas y los trece órganos de control externo autonómicos, entre ellos, la Sindicatura de Cuentas del Principado de Asturias. La elección de sus miembros aporta un plus de legitimidad original, la cual debe alimentarse día a día con la legitimidad de ejercicio.

La rendición de cuentas es condición necesaria de buen gobierno, pero no suficiente. Es preciso incidir en la colaboración, así como en la atención a las opiniones y conclusiones desplegadas en los informes de fiscalización. Y, por supuesto, en el seguimiento de las recomendaciones que, cuando no son atendidas, deberían añadir una explicación de la desviación, distinguiendo si este hecho se produce por propia voluntad o por una imposibilidad fáctica para el cambio. Todo ello con el fin de fortalecer la conciencia pública del control, como eficaz vacuna contra el mal gobierno.

Tras las emergencias de la pandemia, toca encarar los enormes desafíos de los ODS. El desarrollo sostenible, la transición ecológica, la transformación digital, la inclusión social y el combate contra la desigualdad son rutas obligatorias, si bien con variados itinerarios, dentro del lógico juego de la política democrática. La Unión Europea ha aprendido de la anterior crisis y ha virado. La próxima generación nos espera.

Publicado en El Comercio el 8 de enero de 2023


martes, 25 de septiembre de 2018

Bienvenido el cupo vasco transparente



Me he jugado una cena y no quiero perder la apuesta.

Resulta llamativo –pura casualidad– que el mismo día que el Boletín Oficial publicaba la Ley del Principado de Asturias 8/2018, de 14 de septiembre, de Transparencia, Buen Gobierno y Grupos de Interés (casi la última entre las autonómicas), los medios se hacían eco de una noticia relacionada largamente esperada. Destacaban la sentencia 88/18 del Juzgado Central de lo Contencioso-Administrativo número 7 de Madrid, por la cual se obliga al Ministerio de Hacienda a publicar la metodología y las cifras concretas de señalamiento y cálculo del cupo vasco.

El Juzgado es contundente al apreciar “un interés público superior en obtener dicha información, que debe prevalecer sobre la hipotética falta de virtualidad del acuerdo o la necesidad de otros trámites o actuaciones para la plasmación efectiva de lo acordado”. Cabe recordar que el acuerdo firmado en 2017 para el periodo que alcanza hasta 2021 resultó en una transferencia del Estado a la comunidad autónoma superior a 1.000 millones de euros, por ajustes acumulados desde 2011, así como un nuevo cupo que rebaja la aportación del País Vasco al Estado con respecto al anterior acuerdo quinquenal.

El nuevo equipo del Ministerio de Hacienda, a diferencia del anterior, ha anunciado que no recurrirá la sentencia, por lo que deviene en firme y, en consecuencia, el acuerdo deberá publicarse, junto a la liquidación de los últimos ejercicios. En suma: lo que no lograron casi 40 años de peticiones y lamentos en la actual etapa democrática, lo acaba de conseguir la tenacidad de un ciudadano mediante el ejercicio de su derecho de acceso a la información pública. Enhorabuena.

Los dos que nos jugamos una cena lo hacemos a la espera de que esta vez triunfe ‘la’ verdad de los datos y no ‘una’ verdad construida a partir de declaraciones políticas y leyes paccionadas de artículo único. Si gano yo será porque la ley, el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno y la Justicia habrán hecho –aunque tarde- su papel. Si pierdo, me tocará abonar la factura, además de aguantar el sempiterno "ya te lo dije" y, sobre todo, soportar una decepción más en este asunto. Como es fácil de imaginar, la apuesta consiste en ver si la sentencia se cumplirá o si se quedará en mera victoria moral del interesado, pero al fin y a la postre, en un triunfo ingrato e inútil. Lo veremos pronto.

Quienes tratamos de comprender y transmitir la financiación autonómica desde hace algunos años no entendemos por qué el sistema de las haciendas forales vascas y navarra, esencialmente diferente del sistema común y con la misma legitimidad constitucional (nada que decir sobre esto), produce, sin embargo, unos resultados financieros muy diferentes (esto sí que es criticable). Baste un solo dato, incluido en el informe de la Comisión de Expertos para la Revisión del Sistema de Financiación Autonómica, donde constatamos que “las comunidades de régimen foral gastan en 2016 por unidad de necesidad en torno a un 30% más que las de régimen común y se han alejado de ellas desde 2007 en su nivel de gasto por habitante ajustado”. La Constitución admite la diferencia, pero también prohíbe el privilegio. Hagamos un símil: el peregrino puede alcanzar el jubileo llegando a Compostela por el Camino Primitivo o por el Camino de la Costa, a pie, a caballo o en bicicleta, pero no en helicóptero o limusina.

La clave reside en analizar si las cifras relativas al País Vasco constituyen ese privilegio del que hablamos, aunque para ello no basta quedarse en el exabrupto, sino que es preciso acotar bien si constituye una “ventaja exclusiva o especial” (así lo define el Diccionario de la lengua española), para lo cual no hay otra solución que acudir a los datos objetivos. Por desgracia, hasta ahora –y ya veremos a partir de ahora– no se dispone de esas cifras oficiales y, en particular, no se conocen los cálculos de las cargas no asumidas por el País Vasco –y la Comunidad Foral de Navarra, no se olvide– de los que se deriva, tras múltiples ajustes, la cantidad que la comunidad autónoma debe abonar al Estado; esto es, el cupo.

Diversas estimaciones académicas (ahí están los trabajos de Ángel de la Fuente, Carlos Monasterio, Agustín Manzano o Ignacio Zubiri, pero tampoco muchos más) han calculado que cada año el País Vasco deja de aportar entre 1.300 y 5.000 millones de euros anuales a la Hacienda estatal por una infravaloración del cupo, básicamente por un mal cálculo del ajuste por IVA y por una casi testimonial aportación a la solidaridad común. Sobre esto último hemos alzado la voz desde la Comisión de Expertos, de manera unánime y contundente, concretando nuestra propuesta en una aportación adicional anual de 2.600 millones de euros que tendrían que hacer las comunidades autónomas de régimen foral. Para que nos hagamos una idea cabal: la cifra superior del citado intervalo supera el presupuesto anual de una comunidad autónoma de un millón de habitantes. Y aún llama más la atención que no haya tampoco informes específicos del Tribunal de Cuentas o de sus homólogos autonómicos en el País Vasco y Navarra, no sólo para fiscalizar su legalidad, su contabilidad y su impacto sobre la estabilidad presupuestaria, sino también para analizar la eficacia, la eficiencia, la economía y la equidad, todos ellos principios y criterios constitucionales.

No seré yo quien proscriba la negociación política sobre la base de una supuesta superioridad de los argumentos técnicos (sería tanto como negar la democracia). Pero sí defiendo un ajuste de los legítimos objetivos políticos de partidos y gobiernos a una mínima sensatez, amparada en sólidas razones económicas y jurídicas. El consenso parlamentario sobre el funcionamiento del Concierto Económico es amplísimo en toda España y casi monolítico en el País Vasco y Navarra, lo cual puede ser una ventaja, pero en ningún caso debe ser un caldo de cultivo para proscribir las críticas bien construidas.

Desde la modestia, algunos intentamos hace unos meses que el Defensor del Pueblo se implicase en este asunto, planteando quejas formales para que elevase un recurso de inconstitucionalidad contra las leyes reguladoras del cupo, animados en origen por otro gran experto en el sistema, hoy director general del Instituto de Estudios Fiscales, Alain Cuenca. Sin embargo, nuestra pretensión fue desestimada, aunque me quedo con una de sus recomendaciones finales: “estamos, sin duda alguna, ante una cuestión que tiene por objeto una actividad pública, una cuestión que atañe a información económica, presupuestaria y estadística cuyo conocimiento es relevante para garantizar la transparencia de actividades relacionadas con el funcionamiento y control de la actuación pública”. Y concluye el Defensor del Pueblo: “antes de la iniciativa legislativa y de su tramitación parlamentaria, la acción administrativa puede y debe ser más transparente”. Amén.

El diablo está en los detalles. Y no siempre la letra de la ley es lo más fiable, sino todo lo que hay detrás y que no conoce más que un selecto club de personas informadas, al puro estilo Romanones: “dejad que ellos hagan las leyes; yo haré el reglamento”. En 2021 se revisará de nuevo el cupo vasco y, entonces, esperemos que sea ya sobre bases más transparentes, con el fin de actualizar algunos parámetros.

En definitiva, bienvenida sea la transparencia efectiva, no una líquida, al decir de Bauman. Nuestros representantes nos la deben a quienes nos dedicamos a este tema de manera profesional, pero sobre todo es una deuda de ciudadanía con quienes pagamos impuestos y votamos en las elecciones.

Ya contaré si me toca invitar a cenar.
 
Publicado en Agenda Pública el 25 de septiembre de 2018

miércoles, 1 de febrero de 2017

Transparencia y buen gobierno local


Acaba de salir el libro colectivo titulado Local governments in the digital era: Looking for accountability, editado en Nueva York por Nova Science Publishers. Coordinan el volumen Beatriz Cuadrado Ballesteros e Isabel María García Sánchez, ambas profesoras de Economía y Empresa de la Universidad de Salamanca.

El capítulo que firmo junto a Javier Suárez Pandiello lleva por título "From legal transparency to good governance in the Spanish municipalities". El texto completo está en ResearchGate. Aquí va el resumen en inglés:

ABSTRACT

Transparency and good governance are general principles that have clear budgetary, financial and political consequences. In particular, some risk areas in local public management, like public procurement and urban planning, should be subject to a stricter and more exhaustive scrutiny. In this chapter, we analyze the recent developments in formal requirements of transparency and good governance, and we describe the main items of transparency in Spanish municipalities, based on the data collected by Transparency International Spain. The main conclusion is that transparency has grown up during the last decade but many shortcomings have to be addressed, including the methodology of the indicator itself.

martes, 15 de noviembre de 2016

Fiscalizando la financiación autonómica


España ya tiene gobierno con plenas funciones. Ahora faltan presupuestos y mayorías estables, pero ese es otro debate.

El Ministerio de la Presidencia y para las Administraciones Territoriales, aunque no es novedoso, sí es muy relevante en los tiempos que toca afrontar. Este departamento tiene, entre otras competencias, las de coordinación de los asuntos de relevancia constitucional, las relaciones con las comunidades autónomas y las entidades locales y las relativas a la organización territorial del Estado. Casi nada.

Circunscribiendo el análisis a la financiación autonómica, lo primero que habría que decir es que, quizás ahora sí, podamos pasar “de los cuentos a las cuentas”, como en su momento hizo Valentín Andrés Álvarez, economista asturiano y prolífico escritor. Toca transitar de las musas al teatro, en definitiva, de los documentos académicos y las ensoñaciones a las exigencias que marcan la realidad política, fiscal y financiera. ¿Será capaz el citado ministerio de conjugar sus planteamientos con los de las comunidades autónomas, cada una con sus propias aspiraciones? Más aún: ¿podrán tener encaje con un Ministerio de Hacienda y Función Pública que desde ahora parece mirar más al centro y no tanto a la periferia?

En los últimos años, tras la polémica Sentencia de 2010 sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña, el Tribunal Constitucional parece haber girado hacia posiciones menos autonomistas que en el pasado, quién sabe si por dolor de los pecados. Incluso podríamos decir que se ha vuelto más municipalista o localista que federalista. Como el cura del chiste con el pecado, el Tribunal Constitucional no parece ser últimamente muy partidario del avance en el Estado de las Autonomías.

La anterior apreciación, subjetiva y personalísima, se sustenta no obstante sobre algunas recientes sentencias constitucionales, por ejemplo, en materia de impuestos propios (casi siempre para anular legítimos intentos de las comunidades autónomas) o de estabilidad presupuestaria (validando todo tipo de controles directos y restricciones al endeudamiento autonómico). En cambio, la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, muy contestada desde sus inicios, va siendo poco a poco desmontada. También, curiosamente el mismo Tribunal Constitucional ha blindado las normas forales fiscales de los territorios históricos del País Vasco (aquí sí, por unanimidad, no por exiguas mayorías). Todo esto querrá decir algo, imagino.

Con estas restricciones institucionales y las obvias escaseces financieras, es preciso montar un nuevo modelo de financiación autonómica. Se dice todos los días que es una prioridad acuciante y no hay responsable político autonómico que deje de repetir este mantra ante cualquier micrófono. Sin embargo, son demasiados los frenos y corsés de todo tipo, a los que me permito añadir otra dificultad, no menor: la intrínseca falta de transparencia del sistema y su desconocimiento generalizado por parte de la ciudadanía. Esto explica la habitual confusión entre impuestos y competencias, contribuyendo así a una dilución de responsabilidades y a un debilitamiento de la rendición de cuentas. Lo que se dice un arcano en toda regla.

Durante más de tres décadas, la financiación autonómica ha sido cosas de ministros y consejeros de Hacienda, técnicos del área presupuestaria, académicos y tertulianos (estos últimos, sin demasiado criterio). Ni siquiera las instituciones europeas han mirado demasiado el sistema de descentralización español, hasta que les empezó a “doler”, no España ni su Constitución, sino su déficit. Otras opiniones (las de agencias de calificación o servicios de estudios), tienen sus propios intereses creados, lo cual les resta cierta credibilidad.

En este punto, cabe preguntarse por qué nunca se han fiscalizado de forma integral los sucesivos modelos de financiación autonómica por parte del Tribunal de Cuentas. O por qué el supremo órgano fiscalizador y, en su caso, los órganos de control externo navarro y vasco, no han puesto el microscopio con precisión sobre los regímenes forales, incluyendo el certero cálculo de la aportación y el cupo. Aún más preocupante: ¿por qué nadie parece interesar estas fiscalizaciones?

La financiación autonómica son fondos, anticipos a cuenta, liquidaciones, estadísticas, gráficos y ecuaciones. Pero también política, de la buena, la que combina respeto a las normas y a los incentivos. ¿Seremos capaces? 

Publicado en Expansión el 15 de noviembre de 2016
Publicado en el blog De fueros y huevos (RIFDE-Expansión) el 15 de noviembre de 2016


martes, 31 de mayo de 2016

Monográfico sobre calidad institucional


La Secretaría de la revista Presupuesto y Gasto Público me ha invitado de nuevo a coordinar un número monográfico (82, 2016), en este caso, sobre calidad institucional, transparencia y buen gobierno. En él, también publico mi propio artículo titulado "Disciplina presupuestaria, transparencia y buen gobierno como ejes de la calidad institucional".

Como afirmo en la presentación, el objetivo de este número es ofrecer un enfoque panorámico y multidisciplinar de la calidad institucional, en tanto en cuanto se trata de un elemento indisolublemente unido al desarrollo económico, humano y democrático de los países. Para ello, se ha optado por estructurar los contenidos en dos grandes bloques, dedicando el primero a los aspectos generales sobre calidad institucional, transparencia y buen gobierno, mientras que el segundo se reserva a enfoques concretos de riesgo, aplicados sobre distintas esferas del sector público que suelen ser fuentes de deterioro institucional, político, económico y financiero.

Las personas que participan en este monográfico son grandes especialistas en sus áreas de conocimiento. Sus trabajos tienen un valor indudable por separado, pero además logran formar un conjunto muy meritorio y plural, puesto que consiguen abarcar una buena parte –no la totalidad, ya que resulta inviable- de las cuestiones que influyen en la calidad institucional, haciéndolo además desde enfoques diferenciados, pero complementarios. Así, están presentes los aspectos económicos, sociológicos, jurídicos y politológicos, lo cual, sin duda, enriquece el fruto final.

El índice es el que se detalla a continuación, desde el cual también se puede acceder al texto completo de la presentación y del artículo que firma el fiscal Olayo E. González Soler, bajo el título "El modelo español de control externo: algunas propuestas para su reforma". Del resto de trabajos se tiene en PDF su resumen en español y en inglés.
PRESENTACIÓN
Roberto Fernández Llera
COLABORACIONES
I. ASPECTOS GENERALES
La educación fiscal como herramienta de prevención del fraude fiscal
María Goenaga Ruiz de Zuazu
Calidad institucional y transparencia en el sector público
Javier Salinas Jiménez / Mª del Mar Salinas Jiménez
Disciplina presupuestaria, transparencia y buen gobierno como ejes de la calidad institucional
Roberto Fernandez Llera
El modelo español de control externo: algunas propuestas para su reforma
Olayo Eduardo González Soler
Transparencia y buen gobierno: una visión desde la política aplicada
Emma Ramos Carvajal
II. ENFOQUES ESPECÍFICOS DE RIESGO
Delitos económicos y sistema penal: nueva estrategia en materia de recuperación de activos y decomiso
Nicolás Rodríguez García
El urbanismo como área de riesgo para el control de la actividad administrativa
Pedro Tomás Nevado-Batalla Moreno
Reglas básicas para mejorar la eficiencia y la transparencia en la contratación pública
Jose María Gimeno Feliú
La financiación pública de los partidos políticos: España en perspectiva comparada
Juan Rodríguez Teruel / Fernando Casal Bértoa

lunes, 1 de febrero de 2016

Transparencia y rendición de cuentas locales tras la supuesta racionalización


En el número 81 de la revista Presupuesto y Gasto Público, sobre Hacienda Autonómica y Local, coordinado por Francisco Pedraja Chaparro (Universidad de Extremadura) y Javier Salinas Jiménez (Universidad Autónoma de Madrid), publico un artículo sobre la cuestión que reza en el título de esta entrada. Al artículo completo en academia.edu se accede desde aquí. Asimismo, una versión preliminar fue presentada y discutida en el marco del XXIII Encuentro de Economía Pública (Ourense, 4-5 de febrero de 2016).

RESUMEN
La transparencia es un valor en alza en la gestión pública. Sin embargo, su efectividad práctica depende de manifestaciones concretas como la rendición de cuentas a los órganos de control externo, para proceder a su posterior fiscalización. Es un hecho el bajo índice de rendición de cuentas en el ámbito local y, peor aún, el grado de cumplimiento de las demás obligaciones del ciclo presupuestario. El trabajo ofrece un triple enfoque descriptivo, analítico y propositivo de estas cuestiones, a la luz de las disposiciones contenidas en la normativa sobre estabilidad presupuestaria, transparencia, buen gobierno y Administración Local.

ABSTRACT
Transparency is a rising value in public management. However, its practical effectiveness depends on concrete manifestations like accountability of the audited entities by external control bodies. The low level of accountability at the local tier is a fact and, even worse, the degree of compliance with the other requirements of the budget cycle. The paper offers a triple descriptive, analytical and proactive approach to these issues, in light of the provisions of the legislation on budgetary stability, transparency, good governance and Local Administration.