martes, 9 de octubre de 2012

Carreras y playones


Corriendo por el playón de Bayas, se le olvidan a uno los problemas de la mente y del país, comenzando en ese momento otros muy diferentes en forma de músculos tensos y piernas que se hunden en la arena. Sin duda, merece la pena. Aquí, el azul de la mar, el verde del monte y el brillo del cielo en días despejados no tienen punto de comparación con nada.

Salgo de Los Quebrantos, paso el Pozacu y el Corralón, me entretengo mirando las dunas por donde cae el río Llumeras y, mientras llego hasta los cuerpos desnudos en Requexinos, no puedo dejar de maravillarme con la peña La Deva al fondo.

Cuando doy la vuelta, ya no la veo. El trote sigue por las mismas huellas que dejé hace unos minutos, pero con el pie cambiado. No es el mismo paisaje porque dar la vuelta no es retroceder, sino revivir, redescubrir. Enfocar con nuevos bríos lo que antes era algo superado y que ahora te parece inalcanzable por momentos.

Ya veo de nuevo el Corralón, con la marea subiendo y con el reloj lunar marcando la hora de pasar la roca sin mojarse de cuerpo entero (lo haré dentro de poco, eso nunca fue un problema). Y al final, el principio. Pero no me detengo y sigo hasta el río, dejando a mi izquierda L’Arena, el pueblo de la angula, los amigos, las noches de verano, las parrilladas en la Bajamar y alguna que otra chispera. Toco el espigón y enfilo la línea curva de la playa, cerrando así un circuito con forma de ocho tumbado o de infinito puesto en pie, según se mire.

Sólo falta mezclar el sudor con el agua, el calor con el frío, la pasión atlética con la furia de una tranquila marejada. Si nos da tiempo y el cuerpo aguanta, veremos caer el sol detrás de la barra, marcando el final de la luz del día, como la bola del reloj anticipa las campanadas de fin de año. Es el espectáculo que faltaba para redondear la función.

La crisis queda por momentos fuera del mundo. La melancolía es absorbida por la adrenalina y el corazón acelerado bombea ilusión para la nueva jornada. Decimos a menudo eso de “cargar las pilas”, pero realmente lo que deberíamos hacer es una terapia de choque por el Bajo Nalón o por nuestro trozo de paraíso particular. Desde luego, este es el mío.


Publicado en La Voz de Avilés el 9 de octubre de 2012


jueves, 27 de septiembre de 2012

Crisis y quebrantos

Madrid, 25-S de 2012

¿Somos conscientes de que esta tormenta económica y política no es pasajera? ¿Estamos preparados para una nueva cosecha tras el diluvio? Lo pongo en duda, al menos cuando escucho a ciertos líderes empresariales, sindicales o gubernamentales hablar en términos que parecen del medievo económico o de la prehistoria política.

Enterémonos de unas pocas cosas, aunque podríamos enunciar mil más. Una: el “ladrillo” ya no generará en España ni la renta ni el empleo de los años de la burbuja inmobiliaria (y además debe ser así porque aquello era una fantasía). Dos: las negociaciones laborales o se hacen con conciencia de clase y en un marco internacional (europeo) o no servirán de nada, frente a un capital cada vez más poderoso y unos gobiernos cada vez menos sensibilizados o con menos recursos (que, para el caso, es lo mismo). Tres: la Constitución de 1978 pide a gritos un cambio, lo que pasa es que hay demasiadas voces solistas en el concierto y muy poca armonía entre ellas.

La Historia la estamos escribiendo a marchas forzadas y en tiempo real. Nunca los minutos y las horas duraron tan poco. Pocas veces los acontecimientos giraron tan deprisa.

Hace una semana dimitía Esperanza Aguirre como presidenta de la Comunidad de Madrid, “por motivos personales”, pero con un evidente trasfondo político que dejaba huérfana (así los hemos leído) a una parte de la derecha política española. Hace también unos pocos días moría Santiago Carrillo y con él una parte fundamental del siglo XX, incluida la Transición, pero no sólo ni exclusivamente. Hasta el Rey se atrevió a hablar claramente de política (a su peculiar manera), cosa que no hacía desde aquel 23-F.

Éramos pocos. Cataluña lanza un órdago al mus del Estado de las Autonomías y el Gobierno de España responde sin bajar las cartas, lo que a su vez se interpreta por el presidente catalán como un desaire y da por terminada la partida. Y mientras, todos mirando al cielo europeo por ver si llueve el esperado rescate y, sobre todo, por ver si nos pilla con paraguas o a la intemperie de unos ajustes dramáticos.

A la hora de escribir estas líneas veo en la tele el Congreso de los Diputados rodeado de gente muy cabreada y a un presidente autonómico compareciendo por un supuesto saqueo de dinero público. Parafraseando a Javier Cercas, esto es más que la “anatomía de un instante”; es una patología del futuro.

Publicado en La Voz de Avilés el 27 de septiembre de 2012