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martes, 26 de diciembre de 2023

Quitar deuda, pero condonar bien


Hagamos un doble descargo inicial.

Primero, para solemnizar la obviedad de que los debates dicotómicos suelen conllevar un peligro cierto de polarización (no solo un cierto peligro). Sobre las condonaciones de deuda autonómica (y en otros temas muy diversos, como por desgracia ocurre en los últimos tiempos), reducir el mapa de alternativas a una afirmación taxativa o a una negativa rotunda, solo puede conducir a la eliminación de matices que aportan valor a la discusión y rigor a los números.

El segundo descargo también es incuestionable. Cuando las circunstancias que atañen a un asunto han cambiado (y, sobre todo, si lo han hecho de forma radical), no resulta muy práctico encastillarse en ciertas posiciones de resistencia que, pudiendo ser muy lógicas y deseables, no conducen más que a la melancolía. Dicho en corto: aunque uno se hubiese opuesto antes a las condonaciones de deuda en general, el hecho es que ahora se van a llevar a término, con lo cual el nuevo deseo es que se hagan de la mejor manera posible, con eficiencia, justicia, equidad y al menor coste financiero.

Viene todo lo anterior al caso de los acuerdos políticos de noviembre de 2023 suscritos entre el PSOE y ERC para la investidura de Pedro Sánchez Pérez-Castejón como presidente del Gobierno. Uno de ellos va encabezado con el título de “autonomía financiera y acceso a los mercados”, cuyo fin declarado es “sanear la situación financiera de la Generalitat [de Cataluña] y facilitar su vuelta a la financiación en los mercados de deuda”. Como objetivo general parece irreprochable (salvo extrema necedad) y no es diferente al que ya explicitó la Comisión de expertos para la revisión del modelo de financiación autonómica, constituida en enero de 2017 por encargo de la VI Conferencia de Presidentes, cuyo informe se entregó al Gobierno de España en julio de ese año.

Aquella Comisión de expertos fue unánime en reclamar la vuelta de las comunidades autónomas (CCAA) a los mercados financieros “en condiciones razonables”, junto a otros dos desafíos básicos que siguen vigentes en materia de endeudamiento: la reconfiguración de los objetivos de estabilidad presupuestaria y sostenibilidad financiera, y la retirada paulatina de los mecanismos adicionales de financiación. La quiebra del consenso se produjo entre aquellos expertos a la hora de articular en la práctica el ansiado retorno a los mercados. La mayoría de la Comisión apostó por una “reestructuración transparente de la deuda”, mientras que la parte minoritaria creía insuficiente esa medida y defendía completarla con “una reducción” de la misma.

En su literalidad, el acuerdo PSOE-ERC refiere a la condonación de deuda a “todas las comunidades autónomas de régimen común que permita la asunción por parte del Estado de parte de la deuda autonómica con este, originada por el impacto negativo del ciclo económico, para lo cual se determinará qué parte del incremento de deuda obedece al impacto del ciclo, pudiendo también acudirse a transferencias para la cancelación de la deuda en el caso de endeudamiento con terceros distintos del Estado, caso de ser necesario”. Para Cataluña se ponen cifras muy concretas: la asunción por el Estado en torno al 20% de la deuda viva contraída por la Generalitat en los mecanismos de liquidez estatales, lo que equivale a unos 15.000 millones de euros y, además, un ahorro derivado de 1.300 millones de euros en intereses. El acuerdo habla también de que “el FLA [Fondo de Liquidez Autonómico] pueda seguir operando como sistema de último recurso en el caso de situaciones críticas de mercado”.

Desde el momento en que se conocieron esos acuerdos políticos, han salido a la luz interpretaciones -más o menos afinadas- sobre el alcance de dicha condonación a Cataluña, pero sobre todo, de su eventual extensión al resto de las CCAA. Baste un rápido vistazo al listado de entidades o autores que han mostrado sus cartas iniciales con rapidez: Fedea, Gestha o las agencias de calificación Fitch, S&P, Moodys y Scope. Nota tangencial: estas últimas se habían hecho muy famosas durante la crisis de deuda que comenzó en 2008, para entrar luego en un cierto letargo y saltar ahora de nuevo a la palestra. Otro día hablaremos de ello.

No es el objeto de estas líneas hacer una simulación, para empezar, porque el principal criterio esbozado y que -se supone- guiará las futuras quitas de deuda es algo tan etéreo y difícil de calcular -e incluso de explicar en foros no especializados- como “el impacto negativo del ciclo económico” (sic). Ello implica, entre otros aspectos, estimar un crecimiento potencial, una brecha de producción (output gap) y varias elasticidades de ingresos y gastos autonómicos, además, de manera diferencial para cada una de las CCAA. Misión imposible; es más fácil partir de una cifra prefijada y llegar a ella por aproximaciones sucesivas de retorcimiento de variables.

Con respecto al ámbito temporal de cómputo, el documento del acuerdo PSOE-ERC no especifica nada concreto, aunque de la parte diagnóstica se puede intuir que se trataría del periodo 2008-2014, cuyas consecuencias se agravaron -seguimos la literalidad del texto- con una “insuficiente respuesta europea y del Estado ante la crisis”.

En segundo lugar, pero aún más relevante, es la metodología de estimación a emplear, si bien la ley orgánica de estabilidad presupuestaria da algunas pistas, cuando remite a la utilizada “por la Comisión Europea”. La Orden ECC/2741/2012, de 20 de diciembre, detalla algo dicha metodología, basada en las funciones de producción, si bien la propia norma reconoce la dificultad de aplicar los criterios a cada una de las CCAA. Remata diciendo que “en el cálculo del saldo cíclico de cada comunidad autónoma, por razones de la simplicidad y transparencia que debe poseer una regla fiscal, se utilizarán las mismas elasticidades y brecha de producción que a nivel nacional”. De nuevo en corto: como el ejercicio ideal es una quimera, procedemos de la manera que mejor nos convenga, asumiendo que el impacto de la crisis fue idéntico en toda España, cuando la realidad es tozuda y cualquiera puede constatar que no fue así, ni lo será en el futuro.

En tercer lugar, colocados ya en la hipótesis de condonar la deuda autonómica de forma masiva, incluso suponiendo -y es mucho suponer- que se acuerde un método de estimación del impacto cíclico, el propio acuerdo intenta facilitar la interpretación, al recomendar que el perdón financiero se aplique a todas las CCAA “de régimen común”, aunque es fácil suponer que las de régimen foral no querrán renunciar de manera voluntaria a tal posibilidad. Al respecto, cabe hacer algunas observaciones.

Para empezar, la desigualdad de trato no es algo que se mitigue extendiéndola. En la estricta lectura del acuerdo PSOE-ERC, lo único que se haría es desplegar una medida (la condonación), con un único y cuestionable criterio (el impacto cíclico de la crisis) y que beneficiaría sobre todo a una comunidad autónoma (obviamente, Cataluña). Lo que viene ahora son puros corolarios.

El primero, para afirmar con seguridad que la mayoría de las CCAA preferiría una reforma del sistema de financiación autonómica para allegar nuevos recursos, antes que la mentada condonación financiera. Podríamos citar como muestra el sólido bloque de las ocho CCAA que firmaron la Declaración de Santiago en noviembre de 2021.

El segundo, para manifestar que algunas CCAA apostarían por un criterio alternativo al del impacto cíclico para sustentar el perdón financiero. Por ejemplo, aludiendo a su infrafinanciación ordinaria por habitante ajustado, como en la Comunidad Valenciana (algo que Cataluña no podría reclamar, por situarse en torno a la media).

Y el tercero, para recordar que algunas CCAA no pedían en absoluto la quita de préstamos con el Fondo de Financiación a Comunidades Autónomas (singularmente, por el compartimento FLA), por la sencilla razón de que su deuda con el Estado instrumentada mediante este mecanismo es muy baja e incluso nula (Madrid, Navarra y País Vasco). Pero, como ya hemos dicho, o juegan todas, o se rompe la baraja. Aún más claro: si se camina hacia quitas generales, no quedará otro remedio que acordar compensaciones financieras -con transferencias estatales ad hoc a esas CCAA- para amortizar deuda con otros acreedores distintos del Estado. Verbigracia: el País Vasco tiene la menor ratio deuda/PIB, pero aun así debía un total de 10.851 millones de euros en el tercer trimestre de 2023.

Algunos datos muy básicos ilustran el argumentario. La deuda pública de Cataluña ascendía en la fecha señalada a 84.549 millones de euros, de los cuales 71.308 estaban instrumentados mediante préstamos del Fondo de Financiación a Comunidades Autónomas (las estadísticas oficiales son del Banco de España). Se trata del volumen total de deuda más abultado entre las 17 CCAA (aunque no es el mayor en términos del PIB) y significa que más del 84% de los pasivos computables de Cataluña eran deudas con el Estado, para una media de todas las CCAA del 59% en ese mismo indicador. Queda claro quién tiene la necesidad y la fuerza para liderar el debate público con su relato.

En suma, se hará lo de siempre en diversos aspectos de la financiación autonómica y, en cambio, veremos lo nunca visto, con perdón por el fácil juego de palabras. Algo así:

1) Seguramente Cataluña verá satisfechas sus aspiraciones de reducir su deuda de un golpe y en un alto grado, así como su carga derivada de intereses. Esto no impedirá que después el acuerdo sobre las quitas de deuda se traslade a los foros multilaterales (Conferencia de Presidentes y Consejo de Política Fiscal y Financiera), para terminar por extenderse -con los matices que corresponda- a la totalidad de las CCAA mediante las oportunas reformas legales. El resultado antes que el procedimiento, algo que, por otro lado, forma parte de la idiosincrasia de la historia de la financiación autonómica.

2) Teniendo en cuenta que el vigente sistema de financiación autonómica lleva sin revisar desde 2014, considerando el clima político general, incorporando la dificultad añadida que supone el regreso de las reglas fiscales a partir de 2024 y, por último, aliviando a las CCAA por efecto de las verosímiles condonaciones de deuda y de otros arreglos financieros generales o específicos, casi es una apuesta segura la hipótesis de no reforma del sistema de financiación autonómica a corto plazo, salvo inesperado pacto de Estado entre PSOE y PP en la materia, seguido de un amplio acuerdo de base territorial entre CCAA.

3) Sobre todo lo anterior, asistiremos a acalorados debates políticos e intensas discusiones técnicas, estas últimas llenas de ecuaciones, parámetros ad hoc y variables de compromiso, para justificar ex post el resultado que ya teníamos decidido ex ante. No está mal por el principio de eficacia, pero no sobraría un poco más de lealtad y transparencia (federalismo, lo llamamos algunos).

4) Hay una diferencia sustancial en este momento que añade optimismo. Se trata de la existencia de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) que, lógicamente, no ha emitido informe alguno sobre la cuestión de las quitas (ni podría hacerlo, puesto que no es preceptivo, menos aún, sobre un mero documento de intenciones políticas). Lo que quizás conozcamos pronto es una opinión motu proprio o un estudio a solicitud del Gobierno de la Nación o del Consejo de Política Fiscal y Financiera, algo que juzgo como muy deseable. Ese juicio técnico e independiente de sensatez no iría sobre la decisión como tal (que se antoja ya tomada en sede política), sino sobre el mejor modo de articular su contenido y desarrollo. A posteriori, el Tribunal de Cuentas fiscalizaría todo el proceso, no solo en términos de cumplimiento de la legalidad y la normativa contable, sino también acerca de otros principios de buena gestión.

En definitiva, la corresponsabilidad fiscal debe ser -o seguir siendo, según el juicio de cada uno- un principio nuclear de la financiación de las CCAA. Si las CCAA perciben una restricción presupuestaria blanda, esto equivaldrá a un salvoconducto para un endeudamiento casi ilimitado, sobre todo si se internaliza el rescate como una eventualidad factible. Riesgo moral, en terminología clásica, con los graves problemas que ello conlleva.

La decisión -casi- tomada sobre condonaciones no es la óptima en términos de eficiencia. Particularmente, sigo apostando en su integridad por la reflejada en el informe de 2017 y respaldada por la mayoría de aquella Comisión de expertos: “una reestructuración transparente de la deuda de las CCAA con el Estado, supervisada por el Banco de España y la Airef, ampliando los plazos de forma razonable, añadiendo en su caso nuevos períodos de carencia y fijando unos tipos de interés favorables, que en ningún caso podrían suponer una bonificación respecto del coste medio de la deuda del Estado. En todo caso, este apoyo debería estar condicionado al cumplimiento por parte de las CCAA beneficiarias de una serie de objetivos previamente acordados de consolidación fiscal y cumplimiento presupuestario”.

Pero digamos más para rizar el rizo. Si el objetivo es que las CCAA tengan una ratio máxima de deuda/PIB del 13% (así lo establece la ley orgánica de estabilidad presupuestaria), en el entendido harto simplificador de que ese pudiera ser un umbral razonable de vuelta a los mercados, posiblemente las magnitudes de quitas de deuda que se están poniendo sobre la mesa para Cataluña sean muy insuficientes. Con un ejercicio de aritmética simple, esta Comunidad Autónoma tendría que borrar de su balance el doble de lo que se ahora se está manejando, esto es, llevar la quita hasta más de 30.000 millones de euros. Y todas las CCAA irían detrás con lo suyo, claro.

Aún queda mucho por escribir. Estamos empezando. 

 

Publicado en Noticias de Política Económica, 42 (2023), pp. 27-30.  


martes, 27 de diciembre de 2022

Parlamento y control externo: una relación sólida y abierta


 
Acaba de aparecer un volumen colectivo titulado Calidad democrática y Parlamento, coordinado por José Tudela y Mario Kölling, editado por Marcial Pons y promovido por la Fundación Manuel Giménez Abad. Mi capítulo se titula "Parlamento y control externo: una relación sólida y abierta". Un extracto de las conclusiones:

En España no sería una mala idea una nueva legislación de control externo que, desde un enfoque más federal, incardinase de mejor manera el Tribunal de Cuentas y los OCEX, habida cuenta de que la LOTCU y la LFTCU son previas a la existencia de la mayoría de los OCEX. La coordinación ha sido exitosa, así como la cooperación horizontal entre OCEX, pero quizás precise todavía un mayor impulso y un elevado sustento jurídico. Esa hipotética nueva normativa general y básica también debería regular las relaciones del control externo con el control interno y con otras especies institucionales como las ya citadas, así como las oficinas antifraude, los consejos de transparencia y buen gobierno, los consejos consultivos y cualesquiera otras que trabajen lato sensu por el control público.

El índice del libro es el siguiente:
  • DEBATE PARLAMENTARIO Y CONTROL AL GOBIERNO, por María Garrote de Marcos
  • LA RACIONALIDAD DEL DEBATE PARLAMENTARIO EN EL PROCEDIMIENTO LEGISLATIVO: PROBLEMAS PRÁCTICOS, por Sara Sieira Mucientes
  • EL PARLAMENTO FRAGMENTADO, COMO PARLAMENTO DESRACIONALIZADO: INVESTIDURA, FORMACIÓN DE GOBIERNO Y ACTIVIDAD LEGISLATIVA, por Manuel Carrasco Durán
  • CALIDAD DEMOCRÁTICA Y TRANSICIONES ENTRE GOBIERNOS, por Fernando Reviriego Picón
  • ELECCIONES Y MUNDO DIGITAL, por Óscar Sánchez Muñoz
  • PARLAMENTO Y CONTROL EXTERNO: UNA RELACIÓN SÓLIDA Y ABIERTA, por Roberto Fernández Llera
  • NUEVOS FACTORES EN LAS LEYES DE PRESUPUESTOS: SOBRE LA GLOBALIZACIÓN, LAS COMPETENCIAS Y EL PROCEDIMIENTO, por Marco Fernández Gutiérrez
  • LAS RESPUESTAS AL TRANSFUGUISMO EN ESPAÑA: ESPECIAL REFERENCIA AL PACTO ANTITRANSFUGUISMO, por Carlos Fernández Esquer
  • DEMOCRACIA Y PANDEMIA, por Rafael Bustos Gisbert
  • DE NUEVO, EL DECRETO-LEY: LA NORMALIDAD DE LA LEGISLACIÓN DE URGENCIA Y LA EXCEPCIONALIDAD DE LA LEY EN TIEMPOS DE COVID-19, por Enrique Orduña Prada y Mayte Salvador Crespo
  • LAS CONVOCATORIAS A ELECCIONES AUTONÓMICAS DURANTE LA PANDEMIA DEL COVID-19, por Esteban Greciet García
  • EL DEBIDO RETORNO DEL PARLAMENTO A LOS HÁBITOS PREPANDEMIA, por Piedad García-Escudero Márquez
  • EL CONTROL PARLAMENTARIO (CENTRALIZADO Y DESCENTRALIZADO) DE LA EMERGENCIA SANITARIA, por Pablo Guerrero Vázquez
  • REPRESENTACIÓN TERRITORIAL Y CONTROL POLÍTICO – A PROPÓSITO DEL ACTUAL BUNDESRAT ALEMÁN Y DEL FUTURO SENADO ESPAÑOL, por Antonio Arroyo Gil
  • RESULTADOS Y CONCLUSIONES DE LA ENCUESTA SOBRE PARLAMENTOS AUTONÓMICOS, por Mario Kölling y José Tudela
  • LA CRISIS DE LA FORMA DE GOBIERNO PARLAMENTARIA ¿SÍNTOMA DE ENFERMEDAD GRAVE O MERA COYUNTURA?, por José Tudela Aranda

viernes, 1 de abril de 2022

El sector público local ante la recuperación económica


Acaba de ser presentado el número 177 de la revista Economistas, editada por el Colegio de Economistas de Madrid. En el acto participó la presidenta de la Airef, Cristina Herrero. En el monográfico se hace un balance de la economía española en el año 2021, incluyendo análisis de carácter general, así como de los principales sectores productivos, sistema financiero, sector público, capital humano, empleo, actividad empresarial, medioambiente, digitalización, economía nacional y perspectivas, así como una reseña con las aportaciones de los premios Nobel de Economía de 2021, David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens.
 
Aquí están el sumario y la revista completa.

Mi artículo se titula "El sector público local ante la recuperación económica". Explico que el sector público local español afronta la recuperación económica y social tras la pandemia con una situación financiera agregada saneada. Se coloca en un escenario favorable para la absorción de los cuantiosos fondos extraordinarios que va a recibir España, al lado de las comunidades autónomas y del Gobierno central. La suspensión de las reglas fiscales desde 2020 ha permitido liberar recursos inmovilizados en depósitos bancarios para agilizar actuaciones, aunque persiste algún riesgo derivado de esta situación. Un año más, siguen pendientes la reforma del mapa municipal y de las haciendas locales.
 
Como señalo expresamente, el trabajo se cerró el 28 de enero de 2022. No es baladí.  


viernes, 14 de enero de 2022

Comparacencia parlamentaria en Galicia

Hoy comparecí en el Parlamento de Galicia, para aportar mis ideas y sugerencias en la comision no permanente sobre la propuesta de Galicia ante la reforma del sistema de financiación autonómica. Unha grande honra.

Así empecé: 

A relación de proximidade e agarimo entre a miña terra e a súa vai moito máis alá da veciñanza administrativa e a historia común. Aquí en Compostela recalou Alfonso II, rei de Asturias, hai xa doce séculos, sendo considerado o primeiro peregrino oficial. E aquí mesmo en Santiago oito presidentes autonómicos asinaron o pasado mes de novembro unha declaración institucional sobre financiamento autonómico, a cal trae causa doutra declaración subscrita en Oviedo fai catro anos, naquel momento. O nexo entre ambas é a conxunción de intereses entre o Principado de Asturias e Galicia, con absoluta lealdade ao proxecto común que é España.

Hago votos para que haya altura de miras y se puedan desencallar las negociaciones entre gobiernos y entre grupos políticos, como está haciendo este Parlamento de Galicia. 

Dejo aquí dos noticias de prensa de Europa Press y ABC.


lunes, 29 de noviembre de 2021

En el principio era el coste


Y el sistema financiaba el coste. Y el coste efectivo era todo.

Nos vale el símil evangélico para aproximar nuestra dependencia de la historia cuando hablamos del sistema de financiación autonómica (SFA). Hagamos un repaso exprés, como fue el propio proceso: elecciones democráticas en junio de 1977, regímenes preautonómicos (con Cataluña en vanguardia) y Constitución en diciembre de 1978, incluyendo un inédito modelo territorial con las comunidades autónomas como protagonistas.

Claro está, al principio preocupaba dotar de instituciones y contenido al nuevo nivel de gobierno, mediante transferencias de competencias del Estado o, en su caso, también de las diputaciones provinciales. De la financiación no se hablaba apenas, salvo para decir que "el Estado garantizará la financiación de los servicios transferidos a la misma con una cantidad igual al coste efectivo del servicio en el territorio de la Comunidad en el momento de la transferencia". Este último tenor corresponde a una disposición transitoria (sic) de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas que, a finales de 2021, aún no ha sido derogada. Queda claro que la historia pesa. Y mucho.

¿Fue una buena idea el coste efectivo? No lo sé; no hay contrafactual posible. Lo que sí afirmo es que sería muy poco honesto desde el punto de vista intelectual juzgarlo ahora, cuatro décadas después, cuando tenemos un desarrollo autonómico consolidado y un aquilatado instrumental analítico. Seguro que aquel método no fue óptimo (si es que alguno lo hubiese sido), pero estimo que fue el único factible para echar a andar la maquinaria.

El problema es que la técnica del coste efectivo se alargó demasiado. Entendido como el gasto real efectuado por el Estado en cada territorio en el momento del traspaso de competencias, producía un doble efecto. De un lado, asumía de facto la insuficiencia original general y, por otra parte, solidificaba la diferencia interterritorial. Dicho de otra forma: la capacidad instalada era muy deficiente (por ejemplo, en hospitales, carreteras o escuelas) y, además, estaba muy mal repartida. En todas partes faltaban cosas y en algunos territorios, simplemente, la historia había pasado de largo. El centralismo radical y antidemocrático no había sido una buena idea.

El SFA iba paliando esas carencias con diferente apaños políticos y financieros, llamados fondos, subfondos o ajustes, casi siempre a conveniencia. Y cuando el SFA no alcanzaba, siempre se podía acudir a fórmulas ajenas como convenios bilaterales o subvenciones estatales. Curiosamente, se seguía arrastrando el concepto de coste efectivo-histórico, pero se hacía poco por avanzar hacia un cálculo del coste efectivo-real, basado en indicadores objetivos y criterios estandarizados. Aceptemos que en el siglo del teléfono de baquelita esto último se sabía hacer (la teoría estaba disponible), aunque todavía no se podía hacer (por falta de información). Pero en el siglo del teléfono inteligente esto ya no es aceptable y más bien parece que no se quiere hacer. En corto: tenemos técnica y datos; ¿existe voluntad?

Entre tanto, hemos ido tirando con un buen sustituto para estimar las necesidades de gasto. El "habitante ajustado", casi como título de novela de misterio, casi una persona desconocida que en realidad es la suma ponderada de su ser, su edad y la dispersión o la insularidad de su territorio, entre otros factores. No está mal que en el corto plazo se siga usando esta metodología, pero no deberíamos aplazar más el cálculo de los costes reales de prestación, por pura transparencia y justicia.

El actual SFA está caducado, jurídica y financieramente. Lo razonable, para no demorar más su revisión, sería que en el corto plazo se continuase con la población ajustada, afinando variables y ponderaciones sobre bases de evidencia y, del mismo modo, eliminando distorsiones evidentes. Un ejemplo: introducir en la fórmula el tratamiento especial de las zonas de montaña. Y otro: subsumir el actual Fondo de Cooperación en un reforzado Fondo de Compensación Interterritorial, respondiendo de verdad a fines de desarrollo regional y sostenibilidad ambiental, económica y social. No hay azar en la elección de estos ejemplos, puesto que son mandatos constitucionales explícitos (artículos 130.2 y 158.2, respectivamente), además de encuadrase dentro de las metas de la Unión Europea y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

A cambio de esa renuncia por la inmediatez, en el siguiente SFA, digamos, dentro de otros cinco años, debe estar ya disponible el cálculo de costes reales de prestación, para que puedan operar en plenitud como soporte de ese ulterior modelo. Este compromiso explícito debe quedar plasmado en los órganos multilaterales y en la ley, pero sobre todo se debe cumplir.

El consenso es una delicada planta que hay que regar todos los días, en lugar de echar gasolina sobre las pequeñas chispas. En diciembre de 2017 eran tres presidentes firmantes en Oviedo los que defendían esa tesis (Principado de Asturias, Galicia y Castilla y León); en febrero de 2018 ya eran cuatro en León (sumado el de Aragón); en septiembre de ese mismo año ya eran seis en Zaragoza (añadidos los de La Rioja y Castilla-La Mancha). En noviembre de 2021 son ocho en Compostela (los citados, más los de Cantabria y Extremadura), incluyendo por el medio varios cambios de caras y partidos, lo que demuestra que el fondo del asunto está claro y es sólido, más allá de coyunturas.

La declaración política firmada en el Obradoiro lo dice con claridad: "el objetivo que debe unirnos es el de acertar en la definición de los costes reales que suponen los servicios que prestamos en el ejercicio de nuestra autonomía, así como de los factores demográficos con incidencia significativa sobre los mismos" (punto 17). Y apunta hacia una solución, ya ensayada y fructífera: "reforzar el Consejo de Política Fiscal y Financiera con medios suficientes para proveer de datos y análisis al conjunto de las comunidades y al Gobierno central para su puesta en común" (punto 16).

Si empezamos con la Biblia, acabemos también con ella: amén. 
 
 

Publicado en el blog de Expansión y la Red de Investigadores en Financiación autonómica y Descentralización financiera en España (Rifde) De fueros y huevos el 29 de noviembre de 2021